Con el sello del ingeniero

Pellegrini le dio forma al equipo
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25 de enero de 2002  

Llegó bajo miradas escépticas y críticas malintencionadas. Su nombre generaba desconfianza, en especial en una época de crisis. Arribó en reemplazo de Oscar Ruggeri, que se fue horas antes del debut de San Lorenzo en la Libertadores, allá por febrero de 2001. Tomó el riesgo de asumir en un equipo grande de la Argentina, que venía envuelto en problemas; con experiencia en Chile, pero cargando con la cruz de que siempre, en los momentos decisivos, sus equipos fallaban. Y aquí, en el Bajo Flores, Manuel Pellegrini rompió con ese estigma y ayudó a San Lorenzo a quebrar los suyos.

Disciplina y dedicación a pleno al trabajo son los dos pilares que le dan forma al trabajo de este ingeniero civil de 48 años. Cumpliendo con esos principios, se granjeó la simpatía del plantel azulgrana, que se le había escapado de las manos a Ruggeri en su última etapa. Y con ellos formó una relación sólida, de lealtad y respeto mutuo.

Cada vez que los jugadores mostraron molestias con los dirigentes por las deudas que mantenían con ellos, Pellegrini los apoyó. Y los jugadores también lo entendieron cada vez que el entrenador estuvo cerca de pegar el portazo. Como puede estar por ocurrir, según los rumores que circularon anoche, si el chileno, que pretende cobrar su contrato en dólares, no llega a un acuerdo con los dirigentes.

Con esa unión, San Lorenzo les puso el pecho a los inconvenientes y se quedó con el Clausura 2001. Con números brillantes y un juego vistoso, hizo récord en el fútbol argentino. “No nos podemos quedar con lo hecho. Hay que empezar de cero”, repetía por entonces Pellegrini. Y lo cumplió: se inclinó por la Mercosur y la apuesta le dio resultado. Pellegrini, el hombre que le dio forma al campeón, acaba de concluir su obra más grande.

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