Con muy poco, Boca rescató un éxito de la nada

Venció 2 a 0 al impotente Chacarita y sigue en la punta; sin algunos de sus titulares, tuvo un juego lento y sin variantes, pero dos factores le facilitaron el triunfo: la entrada de Tevez, que le dio vivacidad al ataque, y el error de Brazenas al sancionar el penal del primer gol
Claudio Mauri
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25 de mayo de 2003  

Conservar la punta fue una cuestión burocrática para Boca, pero no por lo sencillo o desahogado –de eso tuvo poco su triunfo–, sino por lo tedioso, apagado e insulso de su rendimiento. Cuando parece que no quedan rastros de las turbulencias que lo zarandearon hace menos de un mes, Boca recuperó algunas seguridades, ciertas convicciones que no son nuevas, como esas que les permiten ganar sin jugar bien y ni siquiera ser superior a su rival. Triunfar porque es una ley natural que sabe más imponer que justificar podría ser el lema que acompañó este paso de Boca.

Aparte del descanso que Bianchi les dio a varios titulares, el equipo se tomó una especie de asueto futbolístico. Largos pasajes de desgano ofensivo, poca iniciativa, un manejo rudimentario de la pelota... Si hasta por momentos daba la impresión de que Boca no era consciente de que defendía algo tan importante como el liderazgo. Hasta el partido, por una suma de circunstancias, era algo menor e insustancial: poca asistencia de público, un campo desparejo por las huellas que menos de 24 horas atrás habían dejado Huracán-Unión, un clima frío que se hacía glacial por lo poco que transmitía el encuentro.

Dentro de este panorama hay que ubicar algunas buenas intenciones de Chacarita, que nunca pasaron a mayores porque ofensivamente siempre se desinflaron en el balcón del área rival. Chacarita no tuvo profundidad ni pimienta. Dejó como conclusión que podía jugar toda la tarde sin poner seriamente en apuros a Abbondanzieri. No por nada es el segundo conjunto con menos goles a favor del Clausura. Conserva algunas de las buenas formas que lo convirtieron en la revelación del certamen anterior, sobre todo por la movilidad y la técnica de sus volantes y la gambeta de Román Díaz, aunque en el segundo tiempo le robaron varias pelotas por empecinarse en eludir a todos. Si no fuera porque en el fútbol hay que hacer goles, se podría afirma que Chacarita juega lindo.

Con un primer tiempo en el que no hubo una situación de real peligro para ninguno de los dos, más un arranque de Boca en el segundo igual de abúlico, era evidente que Bianchi no podía seguir guardando a Tevez en el banco. Le dio pista y el pibe resultó un revulsivo, no sólo por lo que hizo, sino por lo que transmitía. Sabe que atraviesa por un muy buen momento y se hace cargo de ese intangible en el que un solo jugador es mejor que todo el partido. En un desarrollo chato y monótono, un par de sacudidas de Tevez le quitaron almidón al partido. Como costaba imaginar que hubiera un gol, el árbitro Brazenas también se sintió aburrido y le dieron ganas de que pasara algo, entonces fabricó un penal de una mano sin intención de Pena, que Schiavi convirtió en gol con un remate preciso y esquinado.

Con la ventaja, Bianchi se dio cuenta de que tenía una fortuna en las manos y mandó al terreno a Battaglia (por Donnet) para amurallar aún más la mitad de la cancha. Pareció un recaudo excesivo, ya que el ataque de Chacarita se entregaba sin necesidad de tener tantos guardianes para custodiarlo. Pero bueno, se trataba de un encuentro austero, casi miserable, y para la demanda que tenía Boca le alcanzaba con taparse bien en su campo y largarle la pelota a Tevez. A la impotencia, Chacarita le sumó los descuidos propios del que va para adelante a jugarse el resto. Los espacios se agrandaron y un pelotazo de Villarreal encontró la corrida de Tevez, que desairó con tranquilidad a Navarro Montoya y señaló el segundo. Ganó Boca por una diferencia exagerada, que toma dimensión de goleada si se repara lo poco que aconteció.

Es cierto que para ser campeón también hay que vencer en partidos de este tipo, en los que Boca sabe manejarse con el amarretismo del que no se toma muchas molestias ante un adversario que lo incomodó poco.

  • Poca asistencia

    Llamó la atención la poca concurrencia en Huracán. Boca no completó la capacidad de la popular y Chacarita no la cubrió ni en un 50 por ciento. Quizás el cambio de día y la violenta enemistad entre ambas hinchadas influyeron para que el partido no tuviera el marco para un Boca puntero.
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