Con susto River ganó y desactivó los nervios

Cristian Grosso
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25 de mayo de 2003  

El empate hubiese activado esa pareja explosiva que confabulan la impaciencia con la desesperación. Y hasta los hinchas millonarios, con su exagerada atracción por la victoria, en algún momento transmitieron esos inconfundibles murmullos de inconformismo. Ni la diferencia de dos goles pudo tranquilizar a River. Y cuando la ventaja se redujo a la mínima expresión, los fantasmas de volver a ceder dos puntos como en las dos fechas precedentes con Nueva Chicago y Unión asustaron al Monumental. Es que una igualdad hubiese colocado al conjunto de Manuel Pellegrini tres unidades detrás de Boca, justo en la antesala del superclásico. Y horas antes de un complicado viaje a Cali para intentar cerrar el paso a las semifinales de la Copa Libertadores.

De repente, la semana que estaba por delante podía suponer un tránsito espinoso. Como en todo el encuentro, Banfield no se desanimó ni frente a la segunda conquista local. El DT Luis Garisto apostó por el gigante Daniel Bilos para reforzar la presencia ofensiva de su equipo. Un par de minutos antes, Pellegrini ya había decidido darle prioridad al barniz defensivo del medio campo con el ingreso de Osmar Ferreyra por Coudet. Descontó Roberto Colautti –lo habilitaba Demichelis, parado sobre la línea– al pescar una pelota suelta en el área chica. El tanto le inyectó dramatismo a la recta final y le arrebató a River una serenidad que no se merecía.

Las modificaciones desnudarían las intenciones y los miedos de cada uno. Garisto insistió con su búsqueda, desesperada y desprolija, es cierto, pero de todos modos rescatable. Entonces, Garrafa Sánchez se sumó al circuito ofensivo del Taladro. Y llegó el centro de Cervera para el cabezazo de Bilos que Buljubasich salvó volando hacia la izquierda. Con esa atajada que evitó la igualdad, el arquero enmendó las dudas que se había encargado de sembrar durante una primera etapa demasiado inestable.

Atemorizado y demasiado retrasado sobre su valla, Pellegrini sumó la combatividad de Claudio Husain para resistir. La previsible frontalidad de Banfield le impidió acorralar a los locales, que igualmente también se recostaron en la pérdida de tiempo para terminar de ahuyentar los espectros de un empate que hubiese resultado tan traumático como condicionante. Y Banfield merodeó la igualdad. Pero no sólo en el final, siempre mantuvo el control del juego a rienda corta. Desde aquella primera etapa que lo dejó en desventaja en el marcador, pero no en los merecimientos.

River nunca administró la posesión del balón. Errático Lucho González, intermitente Ludueña... y D´Alessandro durante los 90 minutos en el banco. A Banfield no lo amedrentó el escenario ni la responsabilidad. Entonces se atrevió a compartir el protagonismo. Y no se desmoralizó cuando en el primer ataque millonario Darío Husain amagó con salir hacia la derecha, escondió la pelota y cambió de perfil para cruzar un zurdazo bien lejos de la estirada de Enzo Noce. Los visitantes se rebelaron contra el rótulo de tibios sparrings. Por eso Colautti cabeceó un córner de Moreno y Fabianesi que pegó en la base del palo derecho. Y la Lora Walter Jiménez sacó un derechazo que rebotó contra el palo izquierdo. Y un furioso disparo de Colautti obligó a una intrépida aparición de José María Buljubasich. Banfield siempre se impulsó en el trampolín de la abulia local.

River únicamente ofreció chispazos. Sólo así Lucho González una vez inquietó a Noce entre aquella apertura de Darío Husain y el segundo tanto, el de Fernando Cavenaghi cuando recogió una pelota perdida en el área. Pero Banfield siempre creyó que el empate era posible. River ni dos goles arriba confió en la victoria. Solamente se esforzó por cuidarla. Justo esta semana no podía comenzar agitada por Núñez.

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