Contra la pared

Los clubes argentinos están aún más cercados por la crisis a partir de las medidas que decretaron el fin de la convertibilidad; la devaluación del peso agudizó la caída de los ingresos en las instituciones y en los dirigentes domina el pesimismo
Los clubes argentinos están aún más cercados por la crisis a partir de las medidas que decretaron el fin de la convertibilidad; la devaluación del peso agudizó la caída de los ingresos en las instituciones y en los dirigentes domina el pesimismo
(0)
30 de enero de 2002  

Hacen equilibrio especulando con lo que ingresará y lo que se gastará, afilan el lápiz rojo para que cierren las cuentas, inventan alternativas para salir del paso... Los manotazos son los de siempre, con la diferencia de que los clubes, con el nuevo escenario económico, ahora están bajando más rápido por ese tobogán que puede conducirlos a un destino fatal.

Es indudable: las entidades civiles sin fines de lucro están en peores condiciones a partir de las medidas de diciembre último, que tuvieron como consecuencia el cepo del corralito, la devaluación y el fin de la convertibilidad. Frente a este panorama desolador, en las instituciones se modificó la forma de realizar las operaciones, mientras que el circuito del dinero –sobre todo en el caso de ventas de jugadores al exterior– varió de recorrido. Además, una constante es la disminución de los ingresos, que sólo agrava la situación. El objetivo de todos es adaptarse lo más rápido a los cambios y no ahogarse definitivamente, a la espera de las medidas que se conocerían el próximo sábado.

Uno de los problemas más comunes es que, de pronto, aquellos clubes que habían realizado sus contratos en dólares con la tranquilidad del uno a uno, ahora intentan dar marcha atrás para pesificar y no quedar a expensas de la libre cotización del dólar. Es el caso de San Lorenzo, por ejemplo. Días antes de la definición de la Copa Mercosur, el director técnico Manuel Pellegrini se plantó ante los dirigentes y dijo: “Quiero que se me respete el contrato en dólares”. Aún es un tema sin definición y se prevé en una reunión. Los jugadores están en las mismas condiciones y se mantienen a la espera de que se les salde la deuda, para luego volver a conversar al pesificarse los contratos.

Pascual Paladino, nuevo tesorero del club azulgrana, comenta cómo capearán el temporal: “Ya cobramos todo lo que debíamos cobrar: los derechos de TV, la estática, los sponsors... Será escaso lo que nos quedará del premio de 3 millones de dólares por haber ganado la Mercosur. Los únicos recursos que tendremos a futuro serán las cuotas sociales, que se hacen por débito automático y por medio de cobradores”. En realidad, San Lorenzo podrá disponer sólo de 120.000 dólares por la Copa Mercosur.

Carlos Heller, del Banco Credicoop y ex vicepresidente de Boca, ofrece una síntesis en este punto: “El problema de los clubes es que el grueso de sus obligaciones están dolarizadas y buena parte de sus ingresos están pesificados. Habrá que ver cómo son los contratos. Los clubes deberán reformular sus presupuestos. Y si todo se pesificara, como está previsto, habría un agravante en la caída de ingresos”.

Una de las excepciones de la dolarización es Racing, que respiró aliviado cuando su deuda verificada de US$ 34 millones se convirtió en 34 millones de pesos. Por otro lado, el patrimonio que maneja el fideicomiso está en pesos y no sufrió ninguna alteración por las nuevas reglas económicas. Belgrano, también regido por un fideicomiso que se maneja con pesos, se anticipó a los hechos. Marcelo Badra, uno de los encargados en el proceso de quiebra, señala: “el sinceramiento que están haciendo hoy los clubes, nosotros ya lo habíamos hecho en septiembre. Por eso es que las nuevas reglas económicas no nos están pegando tanto como a otros”.

Casos como el de Lanús pintan de cuerpo entero la imaginación que hay que tener por estos días. Lo cuenta Gustavo Demare, de Lanús: “Nosotros necesitamos ingresos, y aceptamos todo: cheques, Lecop, patacones, cualquier cosa... Tratamos de derivar los ingresos directamente al pago de servicios sin pasar por los bancos. Necesitamos ser muy creativos e intentamos llevar una economía familiar”.

En Huracán, domina la utilización del cheque. Lo explica el secretario general, Jorge Batet, de Huracán: “A los jugadores les pagamos con cheques y no les abrió cuentas el club. Recibimos muy poco dinero. Y si llegamos a vender algún jugador, ahí se verá, para eso están los contadores...”

Los más grandes también sufren. Horacio Picado, tesorero de Boca, se pregunta por el futuro inmediato: “No sabemos si la gente irá a la cancha o si alquilará los palcos. Ahora, a nosotros se nos presenta el problema de que no tenemos disponibilidad líquida”.

A los nuevos dirigentes de Argentinos les tocó reordenar la casa: “Los cambios son permanentes y tenemos que adaptarnos. Hay deudas de todo tipo, y aquellas que están en dólares e intentaremos llevarlas a pesos; si no, son impagables”, indicó el titular del club, Luis Segura.

Y Vélez, que el último mes recaudó apenas el 25% en concepto de cuotas de socios, está a la espera de un dinero que solo verá pasar: “Hay 2.000.000 de dólares que nos debe pagar Lazio por el pase de Lucas Castromán, que pasarán directamente al Banco Credicoop, que nos había facilitado esa cifra como aval. Ya le mandamos al clubitaliano dos faxes y aún no hubo respuestas”, grafica el presidente Eduardo Mousseaud. “Ojalá podamos transferir a cuatro jugadores, porque estamos viviendo el día a día y todo tiende a empeorar”, subraya el dirigente.

Es sólo un pantallazo de la crisis general, ahora profundizada con un escenario que, a la vista de los resultados, no les está tendiendo una soga a los clubes.

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.