Contundencia: River fue implacable en el área

El equipo de Núñez mostró su mayor calidad individual y aplastó por 4 a 1 a Libertad, de Paraguay; de esta manera, pasó a liderar el Grupo 6; los tantos fueron anotados por Coudet (2), Cavenaghi y Lucho González
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26 de febrero de 2004  

No está mal recurrir a la calidad individual para transformarla en contundencia. Ese fue el recurso al que se aferró River para irse con una amplia sonrisa del Monumental y mirarse comandar el Grupo 6 de la Copa Toyota Libertadores, tras el implacable 4 a 1 con que apabulló anoche a Libertad, de Paraguay.

La telaraña paraguaya presumía un escollo difícil de sortear para River. Los ojos millonarios se toparon de frente con dos líneas de cuatro sólidas y con pocas intenciones para abrirse y buscar la ofensiva. River se empeñaba en avanzar por el medio y por allí el enjambre de piernas paraguayas no permitía filtraciones. Las escapadas de Garcé y Fernández por los costados lucían tentadoras, pero no eran recurrentes.

Sin embargo, fue mediante ese recurso que River pudo finalmente abrir el cerrojo del resultado (antes hubo un penal ignorado sobre Coudet). Montenegro apareció por la izquierda y lanzó un preciso centro que Coudet aprovechó muy bien con un cabezazo cruzado. Gol y alivio para los locales, pues las exageradas precauciones paraguayas se derrumbaban con el 1 a 0.

Comenzó, entonces, un pasaje de amplio dominio de River. Sin jugadas de alto riesgo, es cierto, pero con la latente amenaza de que estaba a punto de estirar la ventaja. Pudo hacerlo enseguida, pero las flojas decisiones arbitrales se lo impidieron, como también evitaron que pasara a mayores el susto que dio Pedrinho en un aislado contraataque de Libertad (ver aparte).

River frenó el ritmo en el final y el partido entró en zona de bostezos. Pero el conjunto de Núñez dio otra muestra de contundencia en el final de la etapa. Otra vez el riesgo llegó desde afuera: desbordó Garcé, el centro superó el fallido vuelo de Villar y Cavenaghi conectó de cabeza. Paradójico resultó que River sacara ventajas por la vía que es históricamente patrimonio de los paraguayos: el cabezazo.

Empujado por la necesidad, Libertad apareció con una predisposición más ofensiva en la segunda parte y generó sobresaltos. Como el del principio, cuando Costanzo se complicó con un remate lejano de Alvarenga, pero se reinvidicó tapándole el rebote a Bareiro. El aviso tuvo su concreción más tarde. De cabeza, Morinigo sembró dudas.

A cada instante se sacudía el área de Costanzo (alternó buenas atajadas con fallas en los centros), con Centurión complicando con su movilidad y con pelotazos a la espalda de Juan Fernández.

¿Qué podía tapar los temores de River? Por supuesto que un gol. Pero nada mejor que un tanto pergeñado por la genialidad para erradicar miedos. Y nadie mejor que Chacho Coudet para rubricar su reconciliación con el público millonario. Resolvió de emboquillada una acción dentro del área. Una exquisitez. Al final se sumó el tanto de González, tras una linda sociedad con Cavenaghi. Para despejar interrogantes y cimentar la confianza y la autoestima.

Otros dos goles no convalidados

La controversia se instaló durante el primer tiempo, en el cual dos goles (uno por cada equipo) no fueron convalidados por el árbitro chileno Carlos Chandía en circunstancias muy similares.

La primera acción, favorable a River, se suscitó dos minutos después del primer tanto de Coudet. Un remate de Lucho González, tras un centro de Cavenaghi, dio en el travesaño y picó al menos medio metro adentro del arco. No lo vio así el juez asistente Cristian Julio.

La segunda jugada polémica ocurrió en la valla de Costanzo, a los 37 minutos. Un impresionante remate de Pedrinho desde fuera del área pegó en el travesaño y el pique fue también tras la línea de gol. Pero, tal vez por la velocidad que llevó el disparo, el tanto también resultó ignorado por el otro asistente, Rubén Selman.

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