Copa América. La AFA eligió ponerle otro parche a la selección: las claves de una tibia decisión

Claudio Tapia respalda a Lionel Scaloni... a medias: la confirma solamente hasta fin de año.
Claudio Tapia respalda a Lionel Scaloni... a medias: la confirma solamente hasta fin de año. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Andrés Eliceche
(0)
6 de julio de 2019  • 01:29

SAN PABLO, Brasil.- ¿Qué quiere la selección? ¿Quién quiere a la selección? Difícil ofrecer una respuesta asertiva aquí y ahora, cuando Claudio Tapia acaba de patear, otra vez, la pelota hacia adelante. Fue el jueves a la noche, después de la cena en el hotel Pullman Ibirapuera, cuando el presidente de la AFA y Lionel Scaloni se sentaron a conversar sobre lo inmediato. Parte del problema: desde hace años, lo urgente siempre va por delante de lo importante. Esa charla derivó en una conclusión que el propio entrenador develó en las catacumbas del Arena Corinthians, ayer por la tarde: "Hablé con el presidente y seguro continuamos hasta el 31 de diciembre. Estaré al frente en los seis partidos que vienen y después la AFA tendrá que tomar una decisión", fue lo primero que dijo en la sala de conferencias de prensa, confirmando algo que había tomado cuerpo incluso antes de la accidentada derrota ante Brasil. Es decir, que Tapia eligió el statu quo: si Scaloni tiene contrato vigente, no hay nada qué discutir. Por más que a la vuelta de la esquina esté lo que hay que atender en serio: el largo ciclo de eliminatoriasdel Mundial de Qatar, que comenzará en marzo próximo. Por más que lo verdaderamente trascendente, las decisiones de fondo, se sigan dilatando. ¿Qué quiere la selección? ¿Quién quiere a la selección?

Se superponen los interrogantes y los aspectos desnudos que siguen sobre la superficie. La falta de una planificación coherente es un asunto que permanece sin tildar con verde. Este "ok" de Tapia a Scaloni significa que la selección seguirá contando con un entrenador interino. Designado de emergencia tras el Mundial, seis meses después el técnico firmó un contrato de un año que, sabían todas las partes, iba a necesitar una revisión a mitad de camino. Y el momento llegó: lejos de ser elegido plenamente, el cuerpo técnico empezará un nuevo proceso de seis meses cuando termine la Copa América. Por más que la cabeza del grupo que también integran Samuel, Ayala y Pablo Aimar lo exprese en otros términos: "No me siento a prueba. Creo que la prueba pasó: fue traer estos pibes, hacerlos competir como compitieron, que se pusieran la camiseta. Algunos dirán que la hice bien, otros mal, pero lo que vinimos a hacer lo conseguimos", razonó el técnico, que hubiera preferido ser ratificado para todo lo que viene, y no por otro lapso tan corto. Entre nada y lo que Tapia le puso sobre la mesa, aceptó lo que había.

Lionel Scaloni, apoyado por su tocayo y capitán Messi, dirigirá al seleccionado en los seis amistosos del segundo semestre.
Lionel Scaloni, apoyado por su tocayo y capitán Messi, dirigirá al seleccionado en los seis amistosos del segundo semestre. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Si en enero asumiera otro entrenador, sería el undécimo en los últimos 15 años en la selección, desde que Marcelo Bielsa se quedó sin energías en septiembre de 2004. La lista, por repetida, no deja de ser interesante: hasta que llegó Scaloni pasaron Pekerman, Basile, Maradona, Batista, Sabella, Martino, Bauza y Sampaoli. Bandazos que, gracias a una generación notable de futbolistas, se disimularon con haber llegado a dos finales de la Copa América y a una del Mundial.

Pero al joven técnico no le parece relevante esa sucesión de apellidos, un hilo que nunca respondió a una matriz futbolística en especial. Se eligió en algunos casos al que estaba de moda, en otros al que obedecía a cierto consenso y en otros, como ahora, al que estaba a mano. Recién iniciado, Scaloni relativiza la importancia de quien dirige la orquesta. "Yo estaba en el plantel con Bielsa cuando él dijo que se iba. Vino Pekerman e hicimos un gran Mundial; nunca se sabe qué es mejor o peor, que un técnico siga o no. Algunos piensan que un trabajo hecho a ocho años es mejor que a seis meses, pero no hay lógica y menos en el fútbol. Hoy Perú está jugando una final, pero hace cino días la criticaban. Ayer leía algo muy bueno que decía Di Stéfano: 'Adentro de la cancha deciden los jugadores'", analizó, cuando LA NACION le preguntó cuál creía él que era el camino más adecuado para que la selección transite en el futuro.

Enfrascado en su discusión pública con la Conmebol, Tapia prefirió eludir los numerosos pedidos de entrevista que recibió de los medios periodísticos argentinos presentes aquí. Desde que llegó a Brasil, en realidad, el presidente pasó todo su tiempo al lado del plantel, aunque la cocina dirigencial haya funcionado en lujosos hoteles de Río de Janeiro. Allí lo esperan el domingo, incluso, para la cena posterior a la final entre Brasil y Perú. Pero, enojado como sigue por lo que considera un despojo arbitral, nadie sabe si asistirá o se subirá al avión que este sábado saldrá de San Pablo hacia Ezeiza con toda la delegación argentina. Ayer culminó su asistencia perfecta: llegó al Pacembú a las 11.30 de la mañana para observar el último entrenamiento, tal como había hecho siempre en Salvador, Belo Horizonte, Porto Alegre y Río.

¿Por qué el presidente confirmó a Scaloni en su cargo hasta fin de año? Una aproximación a la respuesta tiene que ver con su perfil: si cabe el neologismo, Tapia es jugadorista, esa clase de dirigente que disfruta de la cercanía de los que salen a la cancha. Su presencia permanente es previa a su elección como titular de la AFA. En los momentos de acefalía, después de la muerte de Grondona, la salida de Luis Segura y con Armando Pérez momentáneamente a cargo, el entonces presidente de Barracas Central era el único dirigente en quienes los entrenadores confiaban, y que formaba parte de todas las giras. Eso derivó en algunas complicidades afectivas. La principal, o la más notoria, es la que mantiene con Messi. Aquel abrazo que se dieron en Quito, con Daniel Angelici como incómodo testigo la noche de la clasificación al Mundial de Rusia, fue una muestra gratis. A Messi, reticente a realizar grandes demostraciones públicas, no le importó que hubiera una cámara cuando vio a Tapia y Angelici en la puerta del vestuario: esquivó a uno y abrazó al otro.

Una escena del entrenamiento de la selección en el estadio Pacaembú en San Pablo.
Una escena del entrenamiento de la selección en el estadio Pacaembú en San Pablo. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

La imagen se reconfigura ahora. Sabe el presidente que Messi está a gusto en este nuevo entorno. Las palabras de respaldo del capitán a sus compañeros más jóvenes fueron elocuentes en el Mineirão, después de la derrota contra Brasil: "Se está formando algo lindo. Si puedo ayudar o acompañar a este grupo, lo voy a seguir haciendo", dijo, mientras masticaba bronca contra el arbitraje. Tapia lee esos mensajes como una declaración que incluye también a la conducción de Scaloni, que fue quien le dio lugar a una nueva camada. Y ese elemento no le pasa inadvertido. Tapia es jugadorista, se dijo, y especialmente messista. No le interesa la crítica de Rodolfo D'Onofrio, que en plena Copa América objetó su estilo: "A mí no se me ocurriría ir a tomar mate con Messi, llevarle un cuadro o hacerle un regalo. Hay que tener una relación cordial, pero donde quede claro que él es el jugador. No que el jugador no sepa o termine de entender si es el jugador o el presidente. No tenés que estar con los jugadores, tomar el mate y conversar", dijo dos semanas atrás el presidente de River desde Buenos Aires. Muy lejos, igual que el resto de la dirigencia de los clubes grandes, de lo que sucedía en Brasil.

También en Buenos Aires está César Luis Menotti, el director de selecciones nacionales. Afectado por sucesivos problemas de salud, la competencia terminará para él como empezó: viéndola por televisión. Durante el torneo, y antes de que se cruzara públicamente con Oscar Ruggeri sobre los alcances de su gestión, había dejado una frase sugerente: "Mi proyecto empieza después de la Copa América". Eso a pesar de que asumió en febrero, y que desde entonces haya tenido tiempo de interiorizarse sobre cómo gestionan los entrenadores de todas las categorías, incluida la mayor.

Su mínimo feeling futbolístico con Scaloni quedó al descubierto tras una caída en un amistoso de marzo: "La derrota con Venezuela no es el problema. El problema es cómo se jugó y cómo se perdió. La verdad, no sé lo que se pretendió hacer", castigó en su modo habitual de agudo observador, perdiendo de vista que ya estaba implicado. Era parte.

¿Lo seguirá siendo ahora, que Tapia ya aprobó la carta con la que la selección jugará en el futuro inmediato? ¿O fue, a la distancia, una voz en el teléfono que aprobó la continuidad? "En el proyecto integral de selecciones que él tenía preparado para presentarle a Tapia a la vuelta, Scaloni no figuraba", le recuerda a LA NACION una persona de confianza de Menotti. Cuando ayer el propio entrenador dio la noticia, solo mencionó su charla con el presidente.

Crédito: Fabián Marelli

¿El flamante manager puede haber dado su consentimiento para poner este nuevo parche de seis meses? ¿Con qué finalidad, si justamente lo que elaboró en este tiempo es un proyecto de largo alcance? Siguió Scaloni su análisis: "Se cansaron de decir que no tengo experiencia y yo lo confirmo. No sé si mucha gente pueda tener en su carrera la oportunidad que me dieron. Yo la tuve y estaré eternamente agradecido. Si estoy capacitado, no lo sé. Sí que soy otro entrenador, con partidos importantes, contra selecciones difíciles y momentos difíciles", matizó. Fácil deducirlo: si se animó antes, ¿por qué no va a aspirar ahora a seguir tachando materias de entrenador en semejante lugar?

Conviene entonces volver al principio, aunque eso implique terminar dando vueltas sobre un eje que tiene preguntas y ninguna contestación. ¿Qué quiere la selección? ¿Quién quiere a la selección?

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.