Copa América. Paredes, el 5 de la selección: los ídolos que bajó del póster y el clic italiano que lo cambió

Leandro Paredes
Leandro Paredes Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Andrés Eliceche
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26 de junio de 2019  • 00:01

RÍO DE JANEIRO.- Riquelme, Totti y Messi tuvieron su antepasado en la vida de Leandro Paredes. Fue Zinedine Zidane el que inauguró la era de los monstruos del fútbol en la cabeza de ese nene del conurbano bonaerense. "En San Justo jugaba y relataba al mismo tiempo. Primero decía que era Zidane y después, a veces, lo cambiaba por Román", recuerda, sobre aquel pasado infantil. No pasó demasiado tiempo para que sus relatos pasaran del plano virtual al real: a los 15 años ya se entrenaba en Boca con el 10 de sus deslumbramientos iniciales. "Yo era su pollo, me llevaba a almorzar siempre después de los entrenamientos. A él le gustaba rodearse de los que recién arrancábamos", eleva a Riquelme. La progresión siguió con la estatua viviente de la Roma: Paredes abrió grandes sus ojos cuando vio en el vestuario a Totti por primera vez. Y después, una tarde de Melbourne, Messi: "Llegó y nos saludó a todos los que estábamos en una mesa. Sabía mi nombre", precisa, dos años después de la anécdota de su primera citación a la selección. "Siempre me pasó lo mismo, en cada lugar al que llegué me encontré con grandes. Pero no me contagié nada de ellos", se ríe.

Bajar el póster de sus ídolos y pasarles la pelota: de eso va la vida futbolística de aquel chico hecho hombre. El que, en esta Copa América, terminó de convertirse en jugador de la selección, más allá de como termine la aventura. Solo él, Armani, Otamendi, Tagliafico y Messi jugaron los tres partidos completos en lo que va de la Copa América. Para Paredes, llegó eso que esperó tanto: "Busqué muchísimo tiempo esto, y ahora lo puedo decir: soy el 5 de la selección. Estoy feliz, disfrutando el momento", le dice a LA NACION sin levantar ni un poco la voz, con el alivio de haber dejado atrás el riesgo de una eliminación ruidosa. Esa calma con la que habla y juega viene también de San Justo. En su vida, desde siempre, es Vanesa, una de sus hermanas, la que lo resetea si se pasa de vueltas. "Soy tranquilo, trato de que el fútbol sea un espejo de mi vida. Es algo de mi personalidad que lo tomé de ella. Es la que me pone a cero", dice, con admiración de hermano menor.

Leandro Paredes junto a Lionel Messi, en el partido ante Qatar
Leandro Paredes junto a Lionel Messi, en el partido ante Qatar Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Algo de eso opera en su mente en este viaje por Brasil, que empezó a las cachetadas desde el primer partido. Tanto que recién el domingo, contra Qatar, se respiró mejor. "Aprendí que siempre van a desconfiar de la selección. Nosotros tenemos que enfocarnos en el apoyo de nuestra familia y la gente que nos quiere. A mí me llega más el ánimo de ellos que las críticas, pero es mi manera de ser. Trato de no escuchar a los que nos pegan", dice, una matriz de pensamiento que se repite en la mayoría de los integrantes del plantel. Algo tan viejo como el fútbol: cerrarse ante la adversidad, detectar afuera un enemigo común.

Hasta que Scaloni le dio la camiseta 5 de Argentina, Paredes pasó por numerosas subestaciones. Es el caso típico del jugador de exquisita técnica que arranca como 10, hasta que algún entrenador lo empuja más atrás. En su caso, ese rol lo desempeñó Marco Giampolo, el entrenador que tuvo en Empoli. "Antes no hacía un relevo ni loco. Cuando llegué a ese club, él me propuso retrasarme, me vio condiciones. Y yo acepté enseguida; con tal de jugar, iba adonde me dijeran", le pone el mojón inicial a su reconversión.

Leandro Paredes , domina la pelota, en el partido ante Qatar
Leandro Paredes , domina la pelota, en el partido ante Qatar Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

La experiencia Empoli la vivió entre 2015 y 2016, y fue la que definitivamente asentó sus pies en Europa. Su viaje había empezado antes, cuando Roma le compró a Boca en 2014 el pase del protegido de Riquelme: fue cedido a Chievo Verona, donde apenas jugó un partido en su primer semestre viviendo fuera de la Argentina. Tenía 19 años. Roma lo recuperó, le dio minutos cerca de Totti y luego llegó ese viaje a Empoli, tan trascendente.

De vuelta en la capital romana, Paredes ya estaba listo para ser importante. Lo fue en la temporada 2016/17 y entonces llegó la cosecha: Sampaoli lo llevó a aquella gira por Australia y Singapur, donde Paredes se puso por primera vez la camiseta de la selección mayor. Llevaba en la valija las largas charlas con Héctor Enrique, al que señala como el técnico que mejor lo influyó en su etapa de selecciones juveniles: "También me volvía loco con el pase que le dio a Maradona contra Inglaterra", retrata ese costado chispeante del Negro, al que sigue vinculado.

Leandro Paredes junto a Neymar y Kylian Mbappé, en PSG
Leandro Paredes junto a Neymar y Kylian Mbappé, en PSG Fuente: AFP

Los Paredes ya vivían en Rusia cuando Leandro y Camila se casaron, en diciembre de 2017: Zenit, el gigante de San Petersburgo, había pagado 23 millones de euros por su viaje desde Roma. Allí, la primera en adaptarse fue Victoria, la primera hija de la pareja: "Nació en Argentina, habla italiano, aprende inglés, dijo algunas palabras en ruso y ahora le vino el francés", enumera el padre de la nena y Giovanni, el menor de la casa que hace seis meses armaron en París. En enero de este año, PSG puso otros 47 millones de euros por él.

Tantos destinos transitados alrededor de la pelota pueden confundir: el sábado, cuando se cumpla otro aniversario del título mundial de México '86, el 5 de la selección cumplirá recién 25 años. Lo hará un día después de ponerle otro sello a su pasaporte: el viernes, contra Venezuela, pisará por primera vez el Maracaná. Puede ser apenas el punto de partida de un nuevo viaje: "Estoy seguro de que ahora empieza la verdadera Copa para nosotros", se anima.

Hacerse mayor

Paredes vive en esta Copa América una íntima reivindicación: formó parte del ciclo Sampaoli pero se quedó en la puerta del Mundial de Rusia cuando se completó la lista de 23. Había debutado con un gol en un 6-0 ante Singapur y fue titular en un amistoso ante Italia tres meses antes del torneo, aunque no pasó el corte final. Valioso para Scaloni, que lo convocó siempre, el que disputó contra Qatar el domingo fue su partido número 15 en la selección: lleva seis consecutivos jugando los 90 minutos, primero como interior y ahora como volante central.

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