Copa Libertadores. El 5-3-2 y las bandas: los detalles de Gallardo con los que River volvió a ser superior a Boca

Christian Leblebidjian
Casco domina ante Nández: River dejó una mejor imagen que Boca en la primera final.
Casco domina ante Nández: River dejó una mejor imagen que Boca en la primera final. Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
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11 de noviembre de 2018  • 18:55

Marcelo Gallardo, desde hace tiempo, es un gran estratega. No juega por jugar, no espera que las cosas salgan por azar durante un partido o por el simple desequilibrio de la jerarquía de sus futbolistas. Analiza los duelos individuales, cuál sería el camino directo para doblegar al rival y por dónde lo pueden complicar a River. No es el único entrenador que lo hace, está claro, pero es el mejor en el ámbito del fútbol argentino. Y siempre tiene guardado algún detalle para sorprender al rival, como hizo ante Boca en la Bombonera, por la primera final de la Copa Libertadores.

Esta vez fue con la línea de 5, sumando a Martínez Quarta a la defensa: Montiel, Martínez Quarta, Maidana (sobrando como líbero), Pinola y Casco. Pero eso no fue sinónimo de hacer un planteo defensivo o conservador. Todo lo contrario. Lo que buscó, primero, fue doblarle gente al tridente de ataque xeneize: Villa, Ábila y Pavón. Así, atrás siempre generó un 2 vs. 1. Y lo controló a Boca, ya que las únicas situaciones que generó el local fueron los goles, el primero con más mérito de una corajeada individual de Wanchope y el segundo de pelota parada, desde la ejecución frontal de Villa y el buen cabezazo de Benedetto.

Defensivamente River no tuvo sobresaltos, lo hacía con superioridad de 7 vs 3. Y en ataque lo doblegó por las bandas, sobre todo con las proyecciones de un Montiel que comenzó mejor de lo que finalizó los avances, pero siendo casi un carrilero para cubrir toda la franja derecha. Del otro lado Casco se lanzó menos, aunque cada subida suya fue sin oposición y varias pudieron terminar en gol, como el centro que puso para el cabezazo de Borré o el zurdazo que se fue cerca del ángulo derecho de Rossi. Incluso en esos minutos donde River era amplio dominador del desarrollo, hubo tres cruces "salvadores" de Izquierdoz, mano a mano con Pratto y Borré. Montiel y Casco ensanchaban a River y los carriles interiores eran muy bien ocupados por Pity Martínez, Enzo Pérez o Palacios (de mejores movimientos que ejecuciones en la Bombonera).

A Boca lo ordenó ofensivamente la lesión de Pavón. Porque el doble 9 se entendió para autoabastecerse y Nández jugó mejor cerca de la línea lateral. Con un Jara muy flojo otra vez por el lateral derecho, quizás Boca pudo pasar al 3-4-1-2 para dar batalla en la línea de volantes. ¿Cómo? Con el hipotético ingreso de Goltz habría modificado el esquema a una línea de 3 (y mantenía altura para las pelotas paradas, otra vez claves en la primera final de la Copa). Y Nández podía ocuparse del carril derecho. Boca perdía el desarrollo por las bandas (desde donde le tiraban los cambios de frente y los centros) y porque adentro defendía mano a mano.

Si ingresaba Goltz por Jara, Boca pasaba a jugar 3 contra 2 ante los delanteros de River (Borré y Pratto). Pero no fue algo que pensó Guillermo Barros Schelotto. Desde el talento individual, Boca estuvo cerca de ganarlo con la patriada de Tevez sobre el final en el mano a mano que Armani le desvió a Benedetto, pero colectivamente siempre jugó mejor River. Desde el convencimiento del plan a aplicar hasta las formas para llevarlo adelante. Una vez más.

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