Córdoba sólo quiere fútbol

Los incidentes del sábado último en Mar del Plata hicieron reforzar la prevención para el superclásico de mañana, el tercero del verano
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29 de enero de 2002  

Que lo deportivo traduzca en goles cada grito de aliento o cada festejo, y que sirva para ganarle por goleada a la sinrazón. Bien puede ser ése el mensaje que manejan los organizadores de la Copa Ciudad de Córdoba, en la antesala del partido que más gente aglutinará en el certamen y que mañana se jugará, desde las 22.10, en el estadio ubicado en la zona del Chateau Carreras: Boca v. River.

Ayer por la tarde se reunieron representantes de todas las partes responsables de la organización del partido para adelantarse en la prevención a quienes puedan llegar a Córdoba con otro ánimo que el de disfrutar del cotejo. El operativo -que emplearía entre 800 y 1000 efectivos- comenzará en el propio límite entre Córdoba y Santa Fe, en la ruta nacional N° 9, en la que se harán operativos de control de personas y de sus pertenencias. La jerarquía policial entiende que los grupos más peligrosos llegarán desde Buenos Aires, aunque similares procedimientos habrá en las principales ciudades del interior provincial.

En anteriores realizaciones de la copa de verano en Córdoba fue común la presencia de simpatizantes de Boca o de River provenientes de provincias vecinas, sin ningún ánimo de involucrarse en cuestiones que le alteren la estada. El cuidado del orden se instrumentará en las adyacencias del escenario de juego con controles vehiculares y tareas de cacheo en las puertas de ingreso.

En 2001, River goleó aquí a Boca 3 a 0 y no se registraron incidentes, aunque está muy fresco lo que ocurrió el sábado último en Mar del Plata y lo que sucedió anteanoche en el estadio Córdoba cuando Belgrano venció 1 a 0 a Talleres. Los incidentes, de distinta magnitud, fueron suficientemente graves como para afinar al máximo la seguridad.

En el clásico cordobés hubo un prolongado enfrentamiento entre hinchas de Belgrano y fuerzas policiales, que pudo haber derivado en el ingreso de simpatizantes al mismo campo de juego. Un jefe policial informó que el motivo de la reacción de los hinchas fue no haber recibido entradas de favor de la organización ni de los clubes.

Estas cercanas advertencias no conmueven la vida de los cordobeses, más preocupados por las zigzagueantes noticias sobre la situación económica que por lo que River y Boca les puedan ofrecer.

En la reunión de ayer -participaron jefes policiales, representantes de la empresa organizadora, de la municipalidad de Córdoba, del estadio y de la empresa de transporte de pasajeros Coniferal-, se ajustaron detalles del operativo de prevención. Se supo que, por ejemplo, se enfatizará la protección de los puestos de venta de comestibles o directamente se los retiraría para evitar que se los destruya y se utilicen elementos de sus estructuras para agredir. Ante versiones que indicaban que el partido podía suspenderse por no estar dadas las condiciones de seguridad, Raúl Steinberg, jefe de prensa de la organización, aseguró que la policía garantizó la realización del match y que se montará el operativo de prevención más adecuado.

A poco más de un día de la tercera versión estival del superclásico no hay efervescencia. Las entradas ya se vendían ayer en la sede de Talleres, y hoy se agregará al expendio la de Belgrano. El River-Boca de 2001 orilló los treinta mil asistentes. Si mañana ocurriese algo similar, el panorama para los organizadores sería óptimo, pero nunca ideal si algún violento asume su condición y les quita la tranquilidad a muchos miles que seguramente irán a pasar una agradable noche de verano mirando un simple partido de fútbol.

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