Corea planea la invasión a Japón

Si logra pasar a la final, que se disputará en Yokohama, la marea roja pretende teñir el territorio de su antiguo enemigo
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23 de junio de 2002  • 11:23

SEUL.– “En el día más feliz de la historia de Corea, esta victoria sobre España abrió el camino hacia la prosperidad. Ganemos la semifinal y vayamos a Yokohama para ganar el campeonato del mundo”.

Desde la fortaleza en la que se convirtió el estadio de Gwangju, donde once guerreros coreanos vestidos de futbolistas y dirigidos por un general holandés llamado Guus Hiddink derrotaron por 5 a 3 a España en una agónica definición por penales, el presidente de la República de Corea, Kim Dae Jung, lanzó un pedido: invadir Japón. Si bien este concepto se basa sobre una propuesta futbolística, Kim y los 47.000.000 de compatriotas no pueden creer que el sueño tan esperado de ocupar el territorio del antiguo enemigo puede convertirse en una realidad dentro de siete días.

Ansiosos esperan pasear con orgullo miles de camisetas rojas por las calles de Tokio, mirar desde arriba a los eliminados japoneses y ver cómo Kim se sienta en el palco oficial como el presidente de la nación finalista y no como el primer mandatario de uno de los países que organizaron la 17ª Copa del Mundo. Corea quiere que ese sueño se cumpla y que el fútbol, al menos, le permita demostrar que ya nada es igual a aquel 1910, cuando Japón invadió Corea y la controló como colonia hasta 1945. Hoy, el poder político y económico los encuentra casi a igual altura, aunque el fútbol les hace sentir a los coreanos que son superiores.

Si algo dejará el paso del Mundial por esta península será el patriotismo y la unión nacional que se irradia en estos días. Acostumbrados al dominio externo o interno, como lo fue la dictadura entre 1960 y 1980, millones de coreanos tomaron las calles de distintas ciudades del país para expresar no sólo la alegría por el triunfo deportivo, sino también para enseñarle al mundo que Corea es un país libre y poderoso.

Las remeras rojas, color que tiempo atrás estuvo relacionado con el comunismo de Corea del Norte, que también invadió este país el 25 de junio de 1950 y generó una guerra hasta julio de 1953 con unos 3.000.000 de muertos, dejaron de ser un tabú para los coreanos del Sur y hoy se convirtieron en un orgullo nacional, al punto que ya se vendieron más de 8.000.000.

Durante el partido con España, en una de las tribunas detrás de los arcos, los Diablos Rojos escribieron “Orgullo de Asia” y de esta manera dejaron en evidencia la importancia que representa que Corea se convierta en el primer país asiático en llegar a las semifinales de un Mundial. Pero con esa frase no terminó el mensaje nacionalista de la hinchada, que en lugar de escribir Corea con K, en la bandera que decía “Forza Corea”, lo hizo con C, porque interpretan que escribir Corea con K es una imposición de la invasión japonesa y ya no quieren saber nada con ello. En las calles como en los estadios, juegue o no el equipo dirigido por Hiddink, los cantos de “Tae - ham - min - guk” (“República de Corea”) y “Oh, Pilsung Corea” (“Victoria a Corea”) se escuchan cada dos por tres y de tan pegadizos, los coreanos reemplazaron el tradicional ring de los celulares por sus músicas.

El amor hacia los emblemas patrios que tomaron los jóvenes por su país alcanzó también al mundo de la moda, porque en este verano el fútbol hizo posible que lo fashion pasara por las polleras diseñadas con la bandera coreana o el taegukki (el símbolo central de la bandera) estampado en las remeras. Todo se relaciona con el Mundial y más allá de que las clases se hayan suspendido para que los alumnos vieran el partido con España y que pasado mañana se haya declarado feriado nacional, las maestras impulsan a los alumnos a que festejen y a que sientan el nacionalismo que hoy contagia el país. Los exámenes finales quedarán para otro momento.

“Con nuestra actuación en el Mundial demostramos que nadie en el mundo puede dominar jamás a los coreanos”, dijo el delantero Sun Hong Hwang y su mensaje fue celebrado por 47.000.000 de compatriotas y un presidente, que ya lanzó un pedido de invasión a Japón, futbolísticamente hablando. Claro está.

El team, confiado ante Alemania

SEUL (De un enviado especial).– El arquero Lee Woon Jae, considerado como un “héroe nacional” después de desviar el tiro de Joaquín Sánchez en la definición por penales ante España, se muestra confiado con miras al partido de la semifinal con Alemania, pasado mañana: “Recurren mucho a los cabezazos, pero para mí es fácil defenderme de ese tipo de ataques”.

El otro “héroe”, Hong Myung Bo, indicó: “Jugaremos en Seúl, que es nuestra casa. Sentimos que podemos derrotar a cualquiera”. El DT Guus Hiddink confesó que está preocupado por el estado físico de su plantel: “Mis jugadores están fatigados, pero espero que se recuperen“.

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