Racing se recuperó del cachetazo en el Monumental y se trajo mucho más que un empate

CONMEBOL Sudamericana Fase de grupos
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Corinthians

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  • Gustavo Henrique da Silva Sousa
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Racing Club

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  • Andrés Ríos
Federico Cornali
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13 de febrero de 2019  • 23:59

SAN PABLO.- Para ser campeón, de lo que sea, se necesita carácter. Superar los momentos adversos se torna vital para una campaña victoriosa. Porque siempre habrá días complicados. Resiliencia, por usar un término que se utiliza mucho en la actualidad. Y con esa misión, levantarse, llegó Racing a la Arena Corinthians. Tras la dura derrota en el estadio Monumental -sobre todo por cómo River lo dominó- y el episodio que terminó apartando del plantel a Ricardo Centurión, era el momento de demostrar, aún con una formación mixta, que el mazazo de Núñez no dolió tanto.

En su casa, Corinthians asomaba como la oportunidad perfecta para la redención del equipo de Eduardo Coudet . Es un escudo pesado a nivel continental, pero a pesar del regreso de Fábio Carille, último entrenador que consiguió un título con el club, el Timão no termina de armarse. Llegaron refuerzos de peso como Ramiro, ex-Gremio, el ecuatoriano Junior Sornoza, de buen 2018 en Fluminense, el experimentado Vagner Love y el propio Mauro Boselli, pero más allá del triunfo en el clásico ante Palmeiras, como visitante, su andar es irregular. Tal es así que el último domingo perdió ante el limitado Novorizontino, por el Campeonato Paulista. En síntesis, un duelo de necesitados, una chance que apenas uno podría aprovechar.

Como si la noche fatídica del Monumental hubiese sido un mal sueño nada más, desde el primer minuto Racing se mostró firme, suelto, cómodo con la pelota en terreno rival. Con Marcelo Díaz como eje en el mediocampo, los de Coudet hacían circular la bola y cada vez que se decidían a acelerar complicaban a una defensa endeble, lenta y sin coordinación que tenía en los zagueros, Henrique y Manoel, su punto más débil.

En el primer cuarto de hora, la Academia pudo haberse puesto en ventaja tres veces, tras un error de Cassio, un intento de Darío Cvitanich casi debajo del arco y un centro venenoso de Neri Cardozo que casi conectó Iván Pillud. A pesar de las oportunidades perdidas, Racing no se desesperó. La bola seguía en poder de Díaz, que se encontraba siempre con Nery Domínguez y Augusto Solari, esperando las subidas por los laterales de Renzo Saravia y Pillud. Tranquilo, sereno, Racing volvía a ser aquel Racing que días atrás caminaba sin titubeos hacia el título de la Superliga.

Más allá de algún sobresalto, como un mano a mano que Gabriel Arias le ganó a Vagner Love, Coudet y el puñado de hinchas que coparon un rincón del estadio de Itaquera seguramente sintieron alivio al ver como el tiempo se despejaba tras una tormenta pasajera. Racing jugaba tranquilo en una cancha difícil. Se mostraba fuerte mentalmente. La noche pintaba bien y se puso mejor cuando Andrés Ríos abrió el marcador, tras una pelota recuperada en la mitad de la cancha que terminó con una excelente definición del delantero, que hasta allí poco había hecho en el juego.

Si bien Corinthians se adelantó un poco en el campo tras encontrarse en desventaja, merodeando los dominios de Arias, Racing se defendió bien y, una vez más, sacó a lucir su madurez para aguantar la presión del equipo local y el empuje de la torcida. El final del primer tiempo le devolvió el alma al cuerpo a más de uno de cara a lo que se viene, un duelo decisivo con Godoy Cruz, el próximo lunes, y el clásico ante Independiente, en poco más de una semana.

Si en el primer tiempo Racing le dio una "clase táctica" a un Corinthians que lejos está de su mejor forma, en la segunda parte, además, la presentación de los de Coudet incluyó un trabajo práctico psicológico, sobre cómo hacer valer una ventaja y aprovechar la presión del público local a su favor. El Timão seguía equivocándose, y los murmullos bajaban rápidamente las tribunas. La Academia casi no erraba pases y decidía situaciones apremiantes con asombrosa tranquilidad.

Los minutos pasaban y, con la ventaja, Racing administraba la pelota de forma inteligente cuando estaba en los pies de sus jugadores más habilidosos y se defendía sin correr riesgos, lejos de su propia área, cuando Corinthians atacaba. Si se vivió alguna crisis dentro del plantel tras la derrota categórica ante River, eso no se notó en la excursión de los de Avellaneda por San Pablo.

El empate de Gustavo, sobre el final del partido, dejó una nota amarga para los de Coudet, que tenían el juego en la mano y la clasificación amarrada. Así y todo, lo que Racing se trajo de Brasil fue mucho más que un resultado. La muestra de coraje y de solidez ayuda al elenco de Avellaneda a seguir sintiéndose fuerte, convencido de que sigue siendo el gran candidato para quedarse con el título de la Superliga, más allá de que hoy comparta la punta con Defensa y Justicia. Más allá de las nubes de una semana complicada.

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