Creció sobre sus cimientos

Claudio Mauri
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31 de diciembre de 2001  

No fue un crecimiento repentino y sin preaviso. Los cimientos del ciclo ya habían quedado constituidos en un 2000 que, de alguna manera, resultó premonitorio de lo que podía suceder en el futuro inmediato. Y en este año que se apaga, el seleccionado argentino ratificó y potenció su imagen de equipo serio, competitivo y responsable.

Redondeó su condición de jerarca continental al clasificarse para el Mundial con cuatro fechas de anticipación. En su única salida de América del Sur, el equipo de Bielsa dio un impacto que aumentó el respeto y la consideración que se le tenían en Europa: en febrero venció por primera vez en la historia a Italia como visitante.

La autoridad para controlar partidos favorables –ante Colombia, Ecuador y Perú– o el carácter para rebelarse frente a la desventaja –con Italia, Bolivia, Brasil y Paraguay– le permitieron ir escalando en las preferencias de todo el orbe. Desde todos los niveles del ambiente futbolístico se señala a la Argentina, junto con Francia, como uno de los favoritos para ganar el Mundial 2002. Un escalafón que si bien es halagador para el plantel, no deja de ser virtual y tendrá que procesarlo con la humildad y el tino de los equipos que son verdaderamente grandes.

El seleccionado completó el año en condición de invicto, con seis triunfos y tres empates. Hernán Crespo, goleador de la temporada con seis tantos en igual cantidad de partidos jugados, alcanzó una madurez y el punto justo en lo personal para ser mucho más que el relevo que espera detrás de Batistuta.

La única cuestión extradeportiva que rozó al seleccionado fue la decisión de la AFA de no asistir a la Copa América por las amenazas y la situación de inseguridad que se vive en Colombia. Si algo quedó pendiente fue la posibilidad de que el mejor jugador que se ve en nuestras canchas, Riquelme, volviera a tener una oportunidad. Como si se tratara de una historia de desencuentros, Bielsa no lo tuvo en cuenta casi nunca; sólo lo citó para el último encuentro, ante Uruguay, cuando Boca lo negó por sus compromisos.

El proceso articulado de los seleccionados, con José Pekerman a la cabeza, tuvo una expresión brillante con el Sub 20 que obtuvo el Mundial organizado por la Argentina. El atrevimiento de D’Alessandro, los goles de Saviola y la fina sintonía futbolística del equipo predispusieron al público para disfrutar de un verdadero espectáculo.

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