Cuál es el karma que Boca quiere quebrar ante Tigre, en Victoria

Desde que asumieron los Barros Schelotto, el equipo xeneize no ganó como visitante por el torneo local; ¿la última vez? el 17 de febrero, en San Juan, con Arruabarrena en el banco y Osvaldo en cancha
Pablo Lisotto
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1 de octubre de 2016  • 22:48

Boca buscará hoy en Victoria quebrar una racha que ya se está convirtiendo en un karma: desde que asumieron los Mellizos Barros Schelotto al equipo de la Ribera le cuesta, y mucho, ganar de visitante. Y aunque a veces resultan lapidarias, lo concreto es que las estadísticas están a la vista, desnudando todas las carencias de un ítem claramente negativo.

Bajo esta conducción, de 13 juegos fuera de la Bombonera, el equipo de la Ribera triunfó en apenas dos, igualó en cuatro ocasiones y cayó siete veces, con una magra eficacia del 25 por ciento ( 10 puntos de 39 posibles). Con un dato más: las dos victorias fueron por la Copa Libertadores (frente a Racing, en Avellaneda, durante la fase de grupos, y contra Cerro Porteño, en Asunción, por los octavos de final).

Más claro: desde que asumieron Guillermo y Gustavo , Boca no pudo ganar de visitante por el torneo local. La última alegría xeneize fuera de casa por un campeonato doméstico fue en San Juan hace lejanos siete meses, con Rodolfo Arruabarrena en el banco de suplentes y Daniel Osvaldo como centrodelantero titular, la noche de su infiltración para salir a bancar al DT, lo que provocó una prolongación en los tiempos de recuperación de su fractura en el quinto metatarsiano del pie derecho. Entonces, el 17 de febrero último Boca ganó 1 a 0, con gol de Carlos Tevez. De aquella formación ya no está Osvaldo. Ni Agustín Orion, ni el Cata Díaz. Ni Arruabarrena.

La merma no sólo se reduce al resultado, sino también a la generación de juego y efectividad en ataque. En este lapso, el equipo de la Ribera recibió el doble de los goles que convirtió (16 a 8). En seis juegos no pudo abrir el marcador y apenas en dos no le marcaron (en el 0-0 ante River y en el 1-0 copero a Racing).

Todas las derrotas pueden ser evaluadas de la misma forma? De ninguna manera. Si bien lo primero que queda en evidencia es el resultado, detrás están las actuaciones, tanto grupales como colectivas.

¿Todas las derrotas pueden ser evaluadas de la misma forma? De ninguna manera. Si bien lo primero que queda en evidencia es el resultado, detrás están las actuaciones, tanto grupales como colectivas.

Por eso, el semblante no fue el mismo tras caer 0-2 ante Lanús en el torneo pasado, en un partido donde Boca hizo absolutamente todo mal y se despidió de la lucha por el título, que el extraño 1-2 ante Independiente del Valle en Quito. En aquel encuentro, por la ida de las semifinales de la Copa Libertadores, el equipo azul y oro desafió a la altura y realizó un muy buen planteo. Se puso en ventaja, con un gol de Pablo Pérez, y debió haber aumentado el tanteador, pero no le convalidaron un gol, después de que la pelota traspasara toda la línea del arco, como consecuencia de una mala atajada de Librado Azcona. Después, es historia conocida, el conjunto ecuatoriano dio vuelta el resultado en su casa y, siete días después hizo historia en la Bombonera,

Las decisiones estratégicas también conllevan su riesgo. Fue una determinación del cuerpo técnico poner suplentes ante Tigre (0-2), Argentinos (0-1) y Estudiantes (1-3), priorizando la competencia en la Libertadores. Eso no significa que no duelan los tropiezos y, sobre todo, la carencia de gol. Todavía retumban en las paredes del complejo Pedro Pompilio los gritos de Guillermo, cuando paró a los once que perdieron ante el Matador en Victoria y le marcó a cada línea cuáles había sido los fallos que el ya no toleraría.

Por haberse realizado en campos neutrales, en los que Boca siempre se sintió como local, quedan excluídos de este análisis la derrota ante San Lorenzo en Córdoba (0-4, por la Supercopa Argentina) y los triunfos frente a Güemes de Santiago del Estero (4-0 en San Juan), Santamarina de Tandil (2-1 en Formosa) y el reciente 4-2 por penales (tras el 2-2 en los 90 minutos) frente a Lanús, por la Copa Argentina.

Una desatención. Una salida en falso del arquero. Una falla. Una injusticia arbitral. Cualquier explicación es válida para justificar la igualdad o la derrota fuera de casa. Pero lo cierto es que Boca parece haberse acostumbrado a no ganar cuando sale de la Bombonera. Y es algo que debe revertir lo más pronto posible.

pl/gs

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