Cuando el éxito no todo lo soluciona

Claudio Mauri
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12 de diciembre de 2001  

La elevación del triunfo a la categoría de deidad del fútbol le adjudicó un poder redentorio para todos los pecados. La victoria todo lo puede, todo lo tapa, todo lo reconcilia, todo lo resuelve. Es así hasta que surgen personas o actitudes que anteponen principios, valores o condiciones innegociables frente al poder disuasorio de los éxitos.

Los dos ciclos más brillantes de los últimos tiempos del fútbol argentino se quedan sin sus principales hacedores. Carlos Bianchi se va de Boca y Manuel Pellegrini les acaba de comunicar a sus jugadores que también se alejará de San Lorenzo. Para ambos directores técnicos no había decisión más fácil y tentadora que seguir en sus cargos. No sólo los avalan los resultados, sino que cuentan con la identificación de sus planteles con un sistema de juego y con el aprecio y el reconocimiento de sus hinchadas.

Abandonan dos puestos codiciados, en contra de sus preferencias de quedarse y sin pensar que los ciclos estaban agotados pese a la concreción de importantes objetivos.

Para más coincidencias, en reiteradas oportunidades se señaló la similitud de perfiles entre Bianchi y Pellegrini. Tanto en lo futbolístico como en su manejo exterior. Por el aprovechamiento que hacen de sus planteles, la seriedad competitiva de sus equipos y la línea de juego definida que les imprimen. En la exposición pública comparten un perfil bajo, sin que eso signifique una personalidad débil; quizá, Bianchi tiene una mayor inclinación al uso de la ironía y el sarcasmo cuando algún tema lo molesta.

La desilusión de ambos apunta a un viejo déficit de los clubes: la dirigencia deportiva. En una lucha sorda de egos y vanidades, Bianchi nunca se convenció del apoyo que le aseguró Mauricio Macri.

El caso del ingeniero Pellegrini, que también hace eclosión por la incendiaria conducción de Fernando Miele, es bastante más explícito. Los incumplimientos económicos con el cuerpo técnico, con el plantel y los empleados derivaron en infinidad de problemas logísticos, impropios de un equipo que igual se sobrepuso y mantuvo su nivel dentro de la cancha.

Bianchi anunció su salida un par de meses antes de la final en Japón y Pellegrini lo hace justo antes de la definición de la Copa Mercosur. El grado de saturación y hartazgo los llevó a una decisión que para los dirigentes es como si le pusieran una bomba en las manos, porque se les van sus principales gerentes, aquellos que les evitaron el costo de tener que pilotear una entidad en medio de las tormentas que desencadenan las caídas. Los dirigentes creyeron que alcanzaba con la inercia de los éxitos para que todo siguiera igual. Las derrotas que esquivaron en las canchas hoy se pasean por sus despachos.

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