Darío Cvitanich, en el club de los N° 9 que también pueden asistir

Christian Leblebidjian
Cvitanich hace goles pero también puede asistir
Cvitanich hace goles pero también puede asistir Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
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18 de febrero de 2019  • 23:06

Darío Cvitanich recibió la posibilidad de reinventarse con el pase a Racing. No porque en la Academia tenga otra responsabilidad de la que tenía en Banfield o porque tuviera que modificar mucho su juego, sino porque el desafío de volver a ser campeón a los 34 años le podía agregar una emoción distinta a su rendimiento. Debía meterse rápido en un equipo que estaba líder y que tenía, entre los delanteros, a un Lisandro López como bandera y un Jonathan Cristaldo que había rendido (incluso para Eduardo Coudet) por encima de las expectativas.

Arrancó –lógicamente– como suplente, pero cada vez que ingresó aportó su granito de arena y se terminó ganando la titularidad. Su primera aparición fue ante Aldosivi, cuando él rechaza de cabeza un tiro libre que después terminaría definiendo en el arco de enfrente para el 3-1 de la Academia en Mar del Plata. Y ante Godoy Cruz, por la 19° fecha de la Superliga, arrancó como la primera referencia de área (estando abajo del arco es que el lateral izquierdo Aleo le cometió penal y finalizó en primera instancia en la jugada del 3-0 de Zaracho, ya que el arquero Ramírez le desvía el remate antes que el juvenil tome el rebote y convierta), pero también puede salir y retroceder para participar en la elaboración del ataque.

Por características, Cvitanich también puede retrasarse unos metros y asistir, como hizo con el pase filtrado con la calidad de un enganche para el 1-0 de Licha López ante Godoy Cruz; o como ejecutó en el segundo tiempo, a los 20 minutos, con otro pase filtrado a López (en un contraataque 4 vs. 3 favorable en superioridad a Racing), en una acción que pudo finalizar en el cuarto gol del equipo de Coudet. De hecho, en el primer tramo de la Superliga, jugando para Banfield, había sumado cinco goles y dos asistencias.

El autor de la asistencia en el primer gol de Racing en el Cilindro de Avellaneda integra el selecto club de los N° 9 que también pueden asistir. Los mayores exponentes del fútbol argentino en el rubro son Lucas Pratto, Ignacio Scocco, ambos de River, y Mauro Zárate, de Boca. La ventaja que tiene el futbolista xeneize (ya suma 6 asistencias en la actual Superliga) con respecto a los demás es que también puede sumar pases-gol ejecutando córners: tres de los últimos dos tantos de Boca fueron de pelota parada: ejecución de Zárate al primer palo y cabezazos de Lisandro López y Mas ante Belgrano y Lanús, respectivamente. Pratto y Scocco son más desequilibrantes en el juego colectivo del conjunto de Gallardo y, al igual que Cvitanich, son menos individualistas que Zárate. Se pueden dar muchos ejemplos, pero vale como muestra el pase filtrado que Pratto le puso a Matías Suárez en la jugada del penal que el mismo Pratto transformaría en el 1-1 ante Banfield.

En la Superliga también hay otros N° 9 que pueden hacer la diferencia fuera del área: Matías Suárez, exBelgrano, recientemente incorporado por Gallardo (no es casualidad que sume otro delantero de esas características). Fernando Márquez, que hace poco volvió a Defensa y Justicia; el mejor Carlos Tevez era capaz de hacer estragos jugando detrás de otro 9: ¿o acaso no se recuerda la jugada que arma en el epílogo de la primera final de la Copa Libertadores con un pase a Benedetto ante Armani?

Pero lo de Cvitanich tiene doble valor: porque tuvo muy poco tiempo para ensamblarse en un equipo que ya estaba armado y que además venía como líder. Él lo hizo simple: aportó sus características (y cualidades) al servicio del equipo. Por eso Racing tiene en él no solo un N° 9 que entiende el juego desde los movimientos y la búsqueda de los espacios, y que hace goles, sino que también puede asistir.

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