De arco a arco: Armani y Pratto llegaron juntos para ser dos pilares del River multicampeón

Franco Armani, con la Recopa Sudamericana.
Franco Armani, con la Recopa Sudamericana. Crédito: AFP
Juan Patricio Balbi Vignolo
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31 de mayo de 2019  • 23:59

Se conocieron el 9 de enero de 2018 en la Clínica Rossi, de Belgrano. Los dos llevaban remeras blancas, una sonrisa enorme y la ilusión a cuestas. Uno soñó siempre con vestir la banda roja, al ser fanático del club desde muy chico, mientras que el otro creció festejando goles del clásico rival. Aquella mañana firmaron sus primeros autógrafos y se sacaron las primeras selfies como jugadores de River, pese a que todavía no habían firmado su contrato. Y también se dieron el primer abrazo de los tantos que vendrían entre dos grandes pilares de un equipo que, aunque cambie sus nombres, sigue reconfirmando su estirpe ganadora.

Aquellos 4 millones de dólares por la cláusula de rescisión de Franco Armani y los 11,5 millones de euros (que terminaron siendo 13 por objetivos) por Lucas Pratto ya son cifras que han quedado en el olvido, y hasta parecen ínfimas por todo lo que consiguió el club a partir de sus rendimientos. De arco a arco, se han transformado en figuras inapelables de un equipo que dio un importantísimo salto de calidad al incorporar a dos figuras de renombre.

Con ellos como banderas, River consiguió la Supercopa 2017 en marzo de 2018, la Copa Libertadores 2018 en diciembre (ambos títulos nada menos que frente a Boca) y la Recopa Sudamericana 2019 hace dos días. Tres conquistas de lujo en menos de un año y medio para continuar escribiendo historia grande.

Armani demuestra día a día por qué se ganó su lugar en la selección argentina y el mote de arquero de partidos importantes. Ante Atlético Paranaense en el Monumental tuvo dos apariciones esenciales, una por tiempo, para evitar una caída en el marcador que hubiera complicado la serie. Y en Brasil fue la gran figura, permitiéndole a River perder tan sólo por 1-0. Así, emuló también sus espectaculares apariciones en los dos títulos anteriores, siendo figura en las consagraciones ante Boca en la Supercopa y la Libertadores.

"Humildad, trabajo y sacrificio", son los lemas de Armani, quien difícilmente no utilice esas tres palabras cuando se enfrenta a un micrófono. De bajo perfil, apostó fuerte al dejar Atlético Nacional, donde es ídolo y máximo campeón, para cumplir el sueño de jugar en el club de sus amores. Y la ficha fue un pleno certero: con una presencia enorme al pararse bajo los tres palos, sus atajadas conquistaron muy rápido al hincha y en poco tiempo se transformó en un referente dentro del grupo: es el capitán cuando no juegan Leonardo Ponzio y Javier Pinola, y levantó con ellos la Recopa.

Así, acumula 64 partidos (36 victorias, 21 empates y 7 derrotas), con 31 vallas invictas (mantuvo el arco en cero en el 48% de los partidos) y 34 goles en contra, además de haber logrado el año pasado el récord de 965 minutos sin recibir goles en primera división, la segunda marca más larga del fútbol argentino.

"Este es un grupo muy humilde, trabajador, con muchas ganas y muy unido. Cuando pasan esas cosas, los títulos llegan. Yo siempre digo que los triunfos son de todo el equipo, uno trata de estar cuando me necesitan, es mi labor como arquero. Esto es fruto del esfuerzo diario y no darnos por vencidos", reconoció anteanoche en el Monumental.

Lejos de Armani en el campo (cuando no defiende centros en defensa), se ubica siempre Pratto, hincha de Boca de pequeño y figura de River de adulto. El Oso se sacó muy rápido el estigma de los millones pagados y lo transformó en un amor que promete ser eterno. Sus goles a Boca en las finales de la Libertadores y su festejo para alzar la Recopa ya están grabados a fuego en el corazón de los fanáticos, al punto tal que en las redes sociales comparten sus fotos con el clásico festejo de brazos cruzados más el hashtag #ModoOso.

Antes de concretarse su llegada, hubo una charla que enfiló el rumbo. Marcelo Gallardo siempre lo tuvo entre ceja y ceja y lo pidió en sucesivos mercados de pases, siendo un jugador de su predilección, pero recién en diciembre de 2017 acordaron con la dirigencia incorporarlo a toda costa. Esa conversación se produjo en la casa del entrenador, que escuchó lo que quería escuchar de parte de Pratto: "Vengo a ganar la Copa". Y el resto fue todo natural.

"Cuando estábamos decididos a traerlo, tuvimos una charla en casa. Yo quería escuchar de su boca cuántas ganas tenía de venir. Y ahí terminé de convencerme de que sería un jugador muy positivo para nosotros. El tipo tenía muy claro su objetivo: ganar la Copa Libertadores. Y sabía que en River iba a tener esa posibilidad", reveló el Muñeco en "Gallardo Recargado", el reciente libro de Diego Borinsky, y agregó: "Vi un jugador positivo, con cualidades funcionales, que se pone al servicio del equipo por su personalidad y características".

Lucas Pratto, el autor del segundo gol a Paranaense.
Lucas Pratto, el autor del segundo gol a Paranaense. Crédito: Agustin Marcarian / Reuters

No se equivocó Gallardo en su elección, porque ya nadie habla de los millones que se pagaron por él. Hoy, Pratto, el refuerzo más caro de la historia del club, parece el más barato con actuaciones convincentes y esenciales para el funcionamiento de la estructura: acumula 22 goles y 16 asistencias en 67 encuentros, con un promedio de gol o asistencia cada 134 minutos. Su rol es tan vital para el DT que, de los 76 partidos que jugó River desde que llegó, fue titular en 61 e ingresó en seis desde el banco.

Uno salva los goles, el otro los convierte o los genera. Pese a sus roles diferentes, ambos ya han dado sobradas muestras de su categoría. Y River no hace más que disfrutarlos.

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