De Gran Capitán al sillón presidencial

Con su llegada a la conducción del club, Daniel Passarella completa un ciclo inigualable en River, donde triunfó como jugador y director técnico; por ambición y confianza en sus posibilidades, siempre se animó a los grandes desafíos
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7 de diciembre de 2009  

Nunca le faltaron ambición y confianza en sus posibilidades. Ya lo demostraba cuando aún no era nadie en la gran vidriera del fútbol. Se lo hizo saber al inefable Pipo Rossi, el director técnico que lo hizo debutar en la primera de River en un clásico de verano en 1974. "¿Se anima a jugar contra Boca?", fue la inquisidora pregunta de Pipo, con su inconfundible vozarrón futbolero. "Yo sí, hay que ver si usted se anima a ponerme", fue la réplica de Daniel Passarella, que por entonces comenzaba una carrera como jugador que sería extraordinaria. Luego se convirtió en un director técnico respetable, también con punto de partida en River, adonde ahora vuelve para dirigir los destinos del club desde el sillón presidencial. Una secuencia que no tiene parangón en el gran escenario del fútbol mundial. Desde el lugar que lo tocara ocupar, siempre le gustó el protagonismo, empujado por su fuerte personalidad.

Nacido en 1953 en Chacabuco, un 25 de mayo -la misma fecha de la fundación de River-, sus primeros pasos en el fútbol fueron en Sarmiento de Junín, donde fue descubierto por River. Despuntaba la trayectoria de quien se convertiría en uno de los mejores zagueros centrales del fútbol argentino. Lo tuvo todo: marca, salto, cabezazo y remate de zurda. La capacidad de liderazgo fue el aderezo que lo diferenció aún más del resto. Es el defensor que convirtió más goles en el fútbol argentino (99 en 238 partidos). También ostenta ese récord con la camiseta del seleccionado (22 en 60 encuentros)Y si se suman sus seis años en Europa (entre Fiorentina e Inter) alcanza los 134 festejos en 451 cotejos oficiales.

Fue el Gran Capitán que levantó la Copa del Mundo de 1978. Es el único jugador argentino que integró los dos planteles campeones del mundo, aunque en México 86 siguió todo desde un hospital del Distrito Federal a causa de un virus que lo marginó antes del debut del equipo de Bilardo.

Jugó en una época en la que, como ahora, no bastaban dos buenos partidos para ser transferido a Europa. Había que acreditar muchos méritos. Passarella los tuvo con siete títulos locales en River. Sólo entonces Fiorentina compró su pase en 1982 en 2,5 millones de dólares, una cifra irrisoria si se la compara con lo que se paga actualmente por un futbolista que se acerque a las condiciones de Passarella.

En River se retiró como jugador, en 1989, y al Monumental regresó un semestre después para comenzar su carrera de técnico. Su sello personal pasaba por darles oportunidades a los pibes de las inferiores y respetar el histórico estilo ofensivo de River. Como entrenador, le fue mejor en su primer ciclo (tres títulos locales en cuatro años) que en el segundo (sin vueltas olímpicas durante 2006 y 07).

Tras su salida, no le faltaron ofrecimientos para dirigir otros equipos, pero para su proyecto de vida futbolística tenía otras metas, nuevos desafíos. Se había propuesto ser presidente de River. Y se animó a concretar ese anhelo con la misma convicción que hace 35 años le demostró a Pipo Rossi.

6 el número emblemático en su carrera: fue el que usó en la camiseta; el que marcó la diferencia de votos que lo consagró como presidente, y el día en que supo oficialmente que había ganado las elecciones

Dixit

"Es un sueño cumplido, una ilusión que se me está realizando. Ser jugador, técnico y ahora presidente de River es un orgullo"

"Le tengo que agradecer a toda la gente de River. Los socios concurrieron en masa a votar, y eso nos dio el triunfo"

"Estoy contento porque gané y ahora tengo un compromiso con el socio. Llamaremos a una concertación riverplatense"

"La gente quería un cambio, y las personas que nos votaron se dieron cuenta de que D’Onofrio y Santilli eran más de lo mismo"

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