De principios y pragmatismo

Por Diego Quinteros De nuestra Redacción
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30 de mayo de 2003  

La Argentina vive una etapa nueva, de renovación. Los argentinos buscamos y necesitamos una manera distinta de hacer política, con mayor transparencia. Nadie niega ciertos éxitos del pasado. Sin embargo, en este período caímos en la cuenta de que hace falta, también, una decencia en el proceder que hasta aquí faltó. Y se reclama eso.

En San Lorenzo se vivió en los últimos años un camino parecido. Los 15 años de gestión de Fernando Miele tuvieron una buena cantidad de logros, incluido el torneo Clausura 2001, en el último año de mandato. Sin embargo, su manejo personalista, con ciertos actos controvertidos, inclinó a los socios azulgranas por un cambio.

Ocurrió en diciembre de 2001. Llegaron Alberto Guil y compañía para sanear al club en lo económico y mostrar una cara de la política más pura, más limpia. Y en estos 17 meses lograron hacer creíbles las palabras de los dirigentes del fútbol. Al menos, las de ellos. Lo refrendan los elogios de los jugadores y del cuerpo técnico, algo inusual en este ambiente de promesas vacías y principios traicionados.

Sin embargo, en los últimos días su falta de experiencia asomó y se entrometió en las decisiones importantes del club. Se notó en el intento de contratar a Reinaldo Merlo para reemplazar a Rubén Insua.

Decidieron despedir a Insua e impedirle dirigir la Recopa, el 12 de julio próximo, ante Olimpia. Estaban decididos, o al menos eso decían. Y por eso empezaron a conversar con Merlo. Tenían casi todo acordado; incluso, la cuestión económica. ¿Qué faltó, entonces? Determinación para anunciarle a Insua que su ciclo se terminó. Aparecieron las dilaciones, las dudas acerca de principios que se estaban por vulnerar, como el de respetar los contratos. Faltó, también, pragmatismo.

Y en el medio, Merlo decidió dar un paso atrás. Argumentó una oferta de un club de España, que suena más a una excusa que a interés cierto. Los dirigentes de San Lorenzo fueron sorprendidos y se quedaron sin alternativas. Ahora tienen la obligación de salir en busca de otro entrenador, con muchas más dudas que certezas. Sin un criterio definido. Con la misión, en esta ocasión, de saber que los principios que ellos tan bien defienden se deben articular con más determinación y pragmatismo.

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