De ser a no ser en cuestión de horas

Claudio Cerviño
(0)
29 de mayo de 2003  

Está claro que lo que es puede dejar de serlo en pocas horas. O bien no concretarse nunca. Tanto hablar de los tres superclásicos en diez días llevó a que ahora tener uno solo, como era en un principio, parezca muy poco. Y ni qué hablar del gran negocio que se perdió...

¡Lo que son las cosas! Hace 48 horas los enfoques eran coincidentes en cuanto a la lucha titánica entre los dos grandes -con Vélez entremezclado sólo en la pelea doméstica-, a la solidez de Boca, a los dos meses y medio de invicto de River, incluyendo paralelismos con la tarea del ingeniero Pellegrini en San Lorenzo. ¿Quién presagiaba la debacle millonaria en Cali?

Nada ha variado por la Boca; todo ha cambiado por Núñez. El espíritu xeneize está intacto y hasta diríamos que más robustecido para todo lo que se viene. El de River...

Porque perdió el partido que no tenía que perder: el de la antesala del superclásico. No sólo lo marginó de su gran ambición -la Libertadores-, sino que además lo dejó con las defensas bajísimas para el duelo del domingo, con lo cual puede quedarse anticipadamente con las manos vacías. Y quedarse sin nada significará, casi con seguridad, que Pellegrini dé un paso al costado (ver página 8). Una derrota el domingo, pero estando en las semifinales de la Copa, le otorgaba una carta adicional al técnico; una derrota en las condiciones actuales terminaría por romper la frágil aceptación que ha tenido entre los aficionados. Sin por ello soslayar todo lo bueno que englobó su tarea: cambios de esquema adaptados al gusto de la gente, bajo perfil, buen manejo de grupo, compostura en los peores momentos y autocrítica.

Pellegrini no jugó anteanoche; los que fracasaron rotundamente fueron los jugadores: Buljubasich y, en especial, los que debían sostener el equipo: D´Alessandro, Coudet, Cavenaghi. Pero ya sabemos cómo es la historia en la Argentina; lo acabamos de ver con Ardiles, Gallego e Insua. Ahora bien, suponiendo que River pierda con Boca, algo razonable por estados de ánimo y el mentado paternalismo, ¿qué actitud tomará la dirigencia? Que apostó fuerte hace un año al no renovarle el contrato a Ramón Díaz, que acababa de ser campeón; que se sintió identificada con la idea, las formas y el sentir de Pellegrini. ¿Prolongará el vínculo, generando un período similar y traumático al que tuvo Gallego?

El fútbol ofrece estas cosas, una cultura resultadista trístemente instalada, como hace diez días lo marcara el mejor DT argentino, Marcelo Bielsa.

Habrá un solo superclásico, entonces. Lo que es puede dejar de serlo en pocas horas. Pellegrini lo sabe bien.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.