Del desafío a la hazaña: cómo Gallardo le da vida a los imposibles en River en la Copa Libertadores

River logró otra hazaña de la mano de Gallardo
River logró otra hazaña de la mano de Gallardo Fuente: AP
Juan Patricio Balbi Vignolo
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31 de octubre de 2018  • 00:33

Creer. Desafío. Ganar. Enfocarse. Batacazo. Ilusión. Mentalidad. Deseo. Esfuerzo. Y, en el final, la hazaña. Marcelo Gallardo empezó a jugar el partido de vuelta con Gremio hace una semana en el Monumental: se sentó en la conferencia de prensa tras la derrota 1-0 en el duelo de ida y con esas palabras –sueltas, elocuentes– demostró toda su convicción. Mediante su accionar, revivió la chispa que parecía apagarse ante la adversidad y la potenció aún más el sábado, cuando se fue cantando con la gente luego de ganarle a Aldosivi, desenfundó su puño en alto frente a la popular y habló de la "buena energía". Hoy ya puede sonreír con su River en la final de la Libertadores.

El técnico fue el primero que creyó que su equipo podía salir del atolladero que había desatado el gol de Michel en Núñez, aunque el escollo era más que duro: con la derrota en casa, debía aterrizar en Porto Alegre para darle un cachetazo al vigente campeón de la Copa. Un desafío supremo si se tiene en cuenta que el Millonario solo había podido ganar en 7 de sus 39 visitas a Brasil (3 en 13 juegos de Libertadores). Ahora, son 8. Historia viva.

"Que la gente crea porque tiene con qué creer en este equipo para dar un batacazo. Creemos que somos fuertes y que podemos ganar de visitantes, lo hemos demostrado. Vamos a tener un deseo y una ilusión: ir a ganar a Brasil. Lo vamos a intentar", presagió Gallardo. Aferrado a su extrema confianza, bajó un mensaje casi espiritual para hacerle creer a todo River que patear el tablero era posible. Y con esa patada volvió a demostrar por qué su equipo sigue año a año en los primeros planos internacionales.

Cuando sale del vestuario en el entretiempo

Suspendido, siguió el partido desde una cabina. Tenía prohibido comunicarse con el banco de suplentes. También meterse en el vestuario. No cumplió con ninguna de las dos: habló por walkie-talkie con su asistente Hernán Buján, que llevaba un auricular. Y en el entretiempo, tal como lo reconoció el anoche DT de emergencia, Matías Biscay, dio una arenga en el vestuario. Seguramente, no estará en la final, con una nueva suspensión.

Será la segunda final de la Libertadores del ciclo de Gallardo tras alzar el título en la edición 2015 y la 7a definición internacional en cuatro años y medio. Sus números le permiten soñar, ya que solo perdió en el Mundial de Clubes 2015 con Barcelona y se impuso en las cinco finales restantes: Copa Sudamericana 2014 ante Atlético Nacional de Colombia, Recopa Sudamericana 2015 con San Lorenzo, Libertadores 2015 frente a Tigres de México, Suruga Bank 2015 con Gamba Osaka y Recopa Sudamericana 2016 ante Independiente Santa Fe de Colombia.

Además, el DT sigue potenciando sus éxitos en los cruces mano a mano: ganó 40 y perdió 8 de los 48 que dirigió, logrando 20 éxitos de los 24 que disputó por torneos internacionales (83,3% de eficacia).

Ahora será el turno de un nuevo desafío mayúsculo. Quizás el más importante desde que está sentado en el banco del club que lo vio nacer, crecer y recibirse de gloria eterna: su segunda final de Libertadores para revalidar la historia. Y con la posibilidad de que enfrente esté nuevamente Boca, uno de los grandes protagonistas de esta novela.

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