Del trámite a la decepción

Libia no debía representar riesgos, y aunque la Argentina ganó el amistoso por 3 a 1, el equipo de Bielsa sólo acrecentó varias dudas
Juan Manuel Trenado
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2 de mayo de 2003  

TRIPOLI, Libia.- No debía ser un partido para el análisis, pero la floja producción argentina terminó cambiando las cosas. Ni siquiera una goleada contundente hubiera atenuado la sensación de ausencia futbolística que últimamente transmite el equipo de Marcelo Bielsa. Y la incertidumbre sobre la victoria hasta los instantes finales (el 3-1 de Aimar llegó a los 44 minutos del segundo tiempo) no hizo más que acrecentar las dudas.

Por eso puede ser necesario recordar algunos aspectos que quedaron de este exótico viaje de la Argentina a tierras africanas:

El partido del millón. La irresistible propuesta económica terminó siendo una obligación indeseada. Al principio, algunos futbolistas observaban las rarezas que rodeaban el partido con sorpresa, sin saber qué hacer. Como por ejemplo cuando un jugador con varios kilos de mas ingresó en la cancha para el comienzo del partido, mientras Saadi Khadafy miraba de afuera. El hombre finalmente no jugó (luego nos enteramos de que este encuentro era en homenaje a Fosi Isawi, un jugador retirado de Nasser). También la presencia del hijo del presidente libio condicionó a los argentinos, que varias veces lo dejaron recibir para evitar el contacto físico. Sólo en el segundo tiempo, cuando notaron que Khadafy, aún sin correr durante toda la noche, más que ser una broma podía generar jugadas de peligro, se decidieron a marcarlo con fuerza (Heinze lo dejó tendido en el en el suelo en un cruce mientras afuera cinco custodios se preocupaban). Por momentos pareció el entrenamiento más caro de la historia.

Nuevas, buenas y no tanto. La falta de jerarquía de Libia permitió el ingreso en el equipo de jugadores que habitualmente no juegan con la celeste y blanca. Positivo: los primeros goles de Saviola y Riquelme (tuvo ritmo y entró seguido en juego) y la presencia funcional de Cambiasso en el medio, llevando algo más de juego a una posición que en los últimos años tuvo nombres que se relacionan más con la marca. Negativo: Quiroga, Placente y Solari son jugadores que acompañan al equipo desde hace tiempo, pero que no tuvieron muchas oportunidades. Siendo titulares, no estuvieron a la altura de la selección. Para esperar: Coloccini, Castroman, Scaloni y Galletti merecen más tiempo de adaptación al sistema. "Que varios jugadores sean nuevos no justifica las cosas insatisfactorias del equipo", asumió Bielsa.

Preocupante. Pablo Aimar tiene todo para ser el N° 10 de la Argentina. De él depende que el puesto que hasta aquí es de Verón, tenga un jugador con características diferentes. Contra Libia, salvo dos o tres corridas prometedoras, estuvo intrascendente. Como si le hubiera molestado jugar este partido.

Gambetas africanas. Es común que cuando un jugador se enfrenta a un rival de condiciones muy superiores se desinhiba. Pasó con Tariq Taib (el 14 de Libia). Este volante con notables condiciones, enloqueció a los argentinos. Hizo un golazo y jugadas maravillosas. Incluso algunas las terminó muy mal, como un remate que terminó en la tercera bandeja del estadio 11 de Junio. La clave fue que se animó. Fue una lástima que los jugadores argentinos no lo hicieran.

Bielsa, sin caprichos. Una de las principales críticas al DT argentino es que no está dispuesto a cambiar sus sistemas (ejemplo: Batistuta y Crespo juntos). En este partido demostró lo contrario al poner juntos a Aimar, Riquelme y Gallardo, aunque la posición en la que jugó este último (por derecha y por izquierda) lo terminó perjudicando.

El análisis de Bielsa. "Lo más positivo fue la cohesión del equipo en el primer tiempo. Pero si usted tiene 10 situaciones de gol y no las convierte hay poco que se pueda hacer. Desde los intérpretes, porque no lo desean, y desde la conducción, porque el objetivo es crear situaciones para que se conviertan. El primer tiempo lo tendríamos que haber ganado 4-0, y el segundo hubiese aceptado un 3-3".

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