Demasiada presión para Newell´s

El conjunto rosarino no supo cómo sostener su condición de líder, cómo abstraerse del marco en el Parque Independencia; Arsenal lo aprovechó y lo venció por 2-1
Christian Leblebidjian
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6 de diciembre de 2009  

ROSARIO.– Está claro que para estar tan alto en el Apertura es necesario tener una serie de capacidades que permitan sostenerse donde las presiones abundan. Es posible que Newell’s reúna buena parte de esos requisitos que se solicitan para ocupar un lugar de privilegio, pero quizás aún no haya logrado conseguir uno de los puntos fundamentales: la templanza. El conjunto rosarino fue un manojo de nervios en el momento que no debía. Se dejó dominar por las emociones cuando la situación requería helar la sangre. No supo sostener su condición de líder y se le cortó un invicto de 10 partidos, porque se vio envuelto en el torbellino de pasión que fue el Parque Independencia. Así, se quedó vacío, tratando de buscar un motivo que le permitiese entender qué pasó, por qué ya no está en la cima. En realidad, no pudo advertir que no había más responsables afuera. Así fue como Arsenal se encontró con un gran negocio.

No fue el éxito de Banfield el que lo condicionó. Tampoco eso de que el rival se cuidó mucho más que otras veces. Mucho menos que le faltó esa porción de fortuna que suele necesitarse cuando se habla de que algún equipo pretende ser campeón. Newell’s quedó preso de su propia excitación, esa que le aceleró el pulso cuando se encontró ante la tarea de defender la punta del Apertura con un marco cargado de tensión, pasión y extrema ilusión.

Se le nubló la vista cuando debía tener claridad para alcanzar el objetivo. No pudo abstraerse de lo que pasaba afuera y eso se tradujo en un tremendo problema dentro del campo. Nunca entendió que le proponía el rival, aunque en realidad el inconveniente era cómo debía resolver ese cerrojo defensivo que impuso el conjunto de Sarandí. Con una propuesta poco agradable, pero tan válida como cualquiera. Porque los cinco o, por momentos, los seis defensores que dispuso el entrenador Jorge Burruchaga para su Arsenal, no debían ser un escollo en el camino de Newell’s en su carrera hacia el título.

Si el equipo rosarino hasta pareció desorientado en su casa. Lució aturdido por el contexto y terminó garabateando con pelotazos para buscar el milagro armenio: Boghossian. Hasta creyó que así Achucarro le podía resolver el acertijo en cuestión. Y en realidad, Arsenal se paró frente a la histeria colectiva del rival, le cerró las caminos por los laterales para que no pudiese generarle contratiempos y advirtió que el mejor camino para poner en caja a Newell’s era el contraataque. Dos estocadas fueron suficientes. No necesitó mucho más el equipo de Sarandí. Es que el desequilibrio del equipo rojinegro también se advirtió en el bloque defensivo. Así, Jara se encargó de abrir el marcador con un magnífico desaire para Schiavi y después el propio Jara supo leer cuál era el callejón exacto para que Matías Pérez pudiese dejar en el camino a Peratta.

Apurado, también estuvo todo el conjunto rosarino. Si hasta su entrenador Roberto Sensini se multiplicó en gestos para que sus muchachos presionasen sobre la salida rival y para que vayan al frente. Incluso, hasta el técnico hizo una variante poco usual, a los 33 minutos del primer tiempo, con el ingreso de Sperdutti por Machuca. Pretendiendo ser más vertical en su búsqueda, pero sin advertir que lo que necesitaba era un poco de calma. Tan sólo eso. Es que más allá de los nombres o las variantes, lo que no podían hacer sus jugadores era recubrirse con amianto para evitar el calor externo, ese que lo terminó quemando.

Tan acelerado estuvo Newell’s que hasta el descuento en los pies de Boghossian sólo sirvió para aportar más confusión. Porque la impotencia por no poder quebrar a Arsenal, sencillo, intencionalmente lento y prolijo para jugar aún sin la pelota, lo sumió en un trance profundo en el que comenzó a ver fantasmas donde no había. Dentro de la cancha, los jugadores se pelearon con el árbitro Pablo Lunati, extrañamente poco puntilloso en el momento de adicionar más minutos al juego, con los rivales, con los asistentes, con todos. Después, Peratta aportó su triste cuota empujando al técnico Jorge Burruchaga. Y... hasta fuera del campo también los periodistas fueron hostigados vaya uno a saber por qué motivo.

En definitiva, Newell’s no estuvo a la altura de las circunstancias. Se fue frustrado, culpando a terceros, sin poder hacerse cargo de que hizo todo lo contrario a lo que debía. Sin advertir que se bajó solo de la punta.

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