Desde la Patagonia y en familia, así vivió Mauricio Macri la derrota de Boca ante River

Fuente: Archivo
Jaime Rosemberg
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9 de diciembre de 2018  • 20:31

En deliberado bajo perfil, y desde su lugar de descanso en la Patagonia, el presidente Mauricio Macri "sufrió" junto a su familia la derrota de Boca Juniors frente a River Plate, en la final de la Copa Libertadores jugada en Madrid . Un partido que "duró" un mes, que comenzó en sueño y terminó -para él y los boquenses que integran el Gobierno- en poco menos que una pesadilla.

"Felicitaciones a River y todos sus hinchas por el triunfo en este partido histórico. Los de Boca sabemos que el futbol siempre da revancha", escribió el Presidente vía Twitter una hora después del 3 a 1 que coronó al club de Nuñez.

Poco dejó trascender el primer mandatario sobre la jornada en la que -como buen fanático del club xeneize, que presidió entre 1995 y 2007-, se sentó a ver el partido junto a su esposa Juliana Awada , y la pequeña hija de ambos, Antonia. "Está en el sur, y se vuelve ahora que terminó el partido", coincidieron, herméticos, dos voceros del Presidente cuando la derrota de Boca estaba consumada.

Desde su llegada al Chapelco Golf y Resort, el jueves, Macri se mantuvo en silencio, y además de no mostrarse evitó hacer un comentario ni sobre el partido ni sobre ningún otro tema. Atrás habían quedado sus participaciones como "hincha", postales de su involucramiento en un match polémico que tocó el bochorno y terminó a miles de kilómetros de distancia.

"No voy a poder dormir por tres semanas", le dijo Macri a una radio de Catamarca, cuando el fixture vislumbraba la posibilidad de una final entre argentinos. Cuando la final tan temida se hizo realidad, llegó su sorpresiva propuesta a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich para que "trabaje con la Ciudad para que el público visitante pueda ir" a ver las dos finales. El propio gobierno porteño y los presidentes de los clubes -su amigo Daniel Angelici y el riverplatense D´Onofrio - fueron desinflando su idea y dejándola sólo en una iniciativa sin concreción.

La primera final, finalizada en empate, aumentó la expectativa. El sábado 24 del mes pasado, cuando los piedrazos impactaron en el ómnibus que llevaba a los jugadores de Boca Juniors y obligaron a suspender el partido, Macri estalló: a horas de la llegada de los presidentes para el G20, pidió a su ex mano derecha Horacio Rodríguez Larreta la "cabeza" de algún responsable, que terminó siendo el hoy ex ministro de Seguridad de la ciudad, Martín Ocampo. También, en una declaración pública- reclamó la sanción-también demorada-de la ley antibarras, reflotada como consecuencia del escándalo.

Todo venía torcido, y terminó -para él- de la misma forma. "Debe estar llorando", adivinó un amigo a la distancia. La demora en la felicitación a River fue otra muestra de un anochecer triste, en la inconmensurable Patagonia que esta vez fue testigo de la frustración presidencial.

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