Diego y el golf

Su nueva pasión deportiva venció al fútbol en la agenda de Maradona ; el ex N° 10 del seleccionado argentino casi no descansa por despuntar su vicio en los greens
Daniel Arcucci
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30 de junio de 2002  

TOKIO.- El domingo a la japonesa de Diego Armando Maradona tendrá, como la mayoría de sus últimos días, algo de fútbol y mucho de golf. Si todo sale como está agendado -algo imprevisible, tratándose de él-, tempranito en la mañana estará partiendo desde su suite, la 3615, en el New Takanawa Prince Hotel, hacia una alejada cancha de golf, donde lo espera un personaje de la televisión -algo así como el Tinelli local, según lo definieron- para jugar un partido que después, seguramente, podrá verse en su programa.

Desde allí, deberá volver tan rápido como sólo puede hacerlo él para estar listo en el hotel, porque a las cuatro de la tarde pasará a buscarlo el embajador argentino, Enrique Ham, con quien partirá hacia el estadio de Yokohama, para presenciar la final entre Brasil y Alemania.

Lo cierto es que en el palco van a estar todos, desde el emperador Akihito para abajo, y le sugirieron que vaya de saco y corbata. Difícil, aunque ya Cóppola le encontró la alternativa: un impecable saco negro de Armani, con camisa y pantalón al tono. Todo para ver si Diego deja de lado sus ya clásicos pantalones pescadores.

Con ellos se viste cuando disfruta de su nueva pasión: el golf. Compartir 24 horas consecutivas con él implica comprobar cómo y cuánto el nuevo deporte ha entrado en su vida. Y casi se puede afirmar, sin riesgo de caer en la temeridad, que ha desplazado bastante al fútbol, al menos a la hora del placer por practicarlo. Desde que llegó a Japón, el viernes por la tarde, no ha salido de su habitación -de allí ve el balcón del cuarto 1012 del viejo Takanawa, donde estuvo en 1979- más que para ir a jugar al golf.

"De esto no teníamos en Fiorito", dijo cuando comprobó el lujo asiático de la casilla de salida en uno de los drivings más grandes de Tokio, el Swing Himoya. Aquello fue el día de su llegada, duró desde las 8 hasta las 22 y repitió la experiencia en la jornada siguiente, tras dormir, todavía, con horario cubano. No pudo pegar un ojo en toda la noche y el sueño sólo lo venció a las 8. Por eso, hasta las 14 sólo hubo espacio para el silencio. A esa hora, pegó el grito -"¡Guillote!"- hacia la habitación de al lado. Hubo hamburguesas varias para el almuerzo y deseo expresado rápidamente: "Vamos al driving de nuevo, ¿eh?" Y su deseo fue una orden.

Turcos y coreanos ya estaban en el entretiempo cuando emprendieron el regreso al hotel, donde vio por la TV el segundo tiempo. Una vez más, el golf había vencido al fútbol en la agenda de Maradona.

Una carta con una confesión

TOKIO (De un enviado especial).– Ya se han anotado más de doscientos periodistas. La conferencia de prensa que Diego ofrecerá mañana, en el The Foreign Correspondants Club de Tokio, cerca de la lujosa estación de Hibiya y del Palacio Imperial, ha despertado una expectativa inusual. Es más: Maradona se está cuidando, como pocas veces antes, de hablar antes de ese momento, aunque con él nunca se sabe. Lo cierto es que aprovechará la ocasión para lanzar una idea sobre un juego de apuestas futboleras que lo tiene a él como cara. Antes, entregará una carta a manera de gacetilla, en la cual afirma, según uno de los párrafos principales: “Hasta aquí he seguido el Mundial por TV desde La Habana, Cuba, pero como un hincha argentino más. Por eso debo decir que lo he sufrido un poco. Lloré con la eliminación del equipo, lo confieso y no me avergüenzo. Todo lo contrario. Yo siento la camiseta de la selección de mi país como si la tuviera pintada sobre mi piel y no me da lo mismo cualquier resultado”.

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