Donde las rutas dan miedo

Por Martín Castilla De nuestra Redacción
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24 de abril de 2004  

Los enfrentamientos en las rutas entre barrabravas representan un ejemplo de que la violencia en el fútbol se ha trasladado peligrosamente hacia nuevos escenarios. Los viajes de estos grupos se transformaron en un inesperado caldo de cultivo para el salvajismo.

Los lamentables antecedentes de peleas en rutas se remontan a 1994. En Mendoza, a 181 kilómetros de esa ciudad, en el puesto de control de Desaguadero, sobre la ruta 7, se generó una disputa en la que participaron unos 400 hinchas de Boca y de Independiente, que se trasladaban para presenciar un clásico de la Copa de Oro, uno de los torneos de verano de ese año.

Los incidentes que se dieron hace un año en la autopista Panamericana entre hinchas de Newell’s y de River lo marcaron como el choque más trágico registrado en las carreteras de nuestro país. Se produjo 400 metros antes del peaje de Lima, donde se cruzaron ocho ómnibus con simpatizantes de River –se dirigían a Rosario para observar el partido frente a Central– y seis con hinchas de Newell’s, que se trasladaban a Buenos Aires para el encuentro en la Bombonera, frente a Boca. Estuvieron involucrados unos 900 individuos en un escenario idéntico al que plantea la 12a fecha del torneo Clausura. Y lo peor fue, sin duda, que hubo que lamentar dos muertes.

El temor está latente. No habrá fútbol local entresemana. Dicen que la Policía Federal, la de la Provincia de Buenos Aires y la de Santa Fe se niegan a prestar servicios si estos dos partidos se juegan el mismo día. Dicen que existe miedo por una posible venganza. Es cierto, la posibilidad de dividir las manos de la autopista Buenos Aires-Rosario con una fila de policías a lo largo de toda su extensión es irrealizable. Pero habría que entender una cosa: una rigurosa custodia de los ómnibus no puede ser una misión imposible para las fuerzas de seguridad de tres jurisdicciones tan importantes como las mencionadas.

Hace un tiempo postergaron Chacarita-Boca y ahora una fecha completa. La inseguridad convive con los argentinos todos los días y en el fútbol también brota la irracionalidad. Si esto no encuentra una solución rápida y prudente, no se podrá jugar ningún partido más.

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