Efecto Boghossian

La tendencia creció tras la devaluación: sin dinero y sin divisiones menores, los clubes argentinos buscan goles por América del Sur. ¿Quién es Jackson Martínez? Detrás del colombiano, los otros nombres que seducen en el frío mercado doméstico
Ariel Ruya
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30 de diciembre de 2009  

¿Quién es Jackson Martínez? ¿Por qué el mundo futbolero doméstico lo busca con desesperación? Es colombiano. Tiene 23 años y hace muchos, pero muchos goles. En total, fueron 18 en el último campeonato, un récord para los torneos cortos cafeteros , surgidos en 2002. Campeón y artillero en Independiente Medellín. Transformó críticas (le decían "torpe") por aplausos, respaldado en sus padres, profesores de la escuela secundaria. Marcó tres para el seleccionado, aunque la aventura del Mundial haya quedado en un abismo. Nació en Quibdo-Chocó y surgió en un torneo de aficionados en esos pagos, bajo la protección de una empresa de taxis que patrocinaba a un equipo barrial.

Hacía goles, siempre hizo goles. Fuerte, rápido, habilidoso. Hasta le pega con los dos perfiles. Típico exponente del fútbol de esas tierras: de buen decir y religioso por excelencia. Casi no se acuerda de aquel día en que hizo un gesto ofensivo hacia los fanáticos (apoyó su dedo derecho sobre su boca, en señal de silencio); el tiempo es otro. Lo quería San Lorenzo, lo anhelaba River, lo pretende Racing. Pero ninguno, parece, puede igualar el precontrato rubricado con un remoto conjunto de la Liga de Corea del Sur: 2.700.000 dólares por la mitad del pase. Racing estuvo cerca, pero no quieren saber nada de pagos en cuotas por Medellín. Hasta Guillermo Cóppola se metió en la cuestión. Dice que tiene un poder para colocarlo en nuestro medio. Pero no parece sencillo.

Esta obsesión por goles colombianos, en realidad, nació después de la devaluación, allá por 2002. Y tiene un rebote reciente: el efecto Boghossian. El uruguayo llegó en silencio desde Cerro, cruzó el Río de la Plata y marcó 12 goles en Newell´s. Delante del artillero, otro uruguayo, aunque mucho más famoso, Santiago Silva, de Banfield, fue el goleador del Apertura. La reseña se debe a una debilidad económica: los clubes argentinos, vacíos de goles, de inferiores y de divisas, miran a América del Sur. Uruguayos, colombianos, paraguayos. No hay dinero para soñar con el Tanque Pavone, con el Tecla Farías, con Lucho Figueroa, por citar, apenas, a tres N° 9 con garantía de gol sin fuego en Europa. Es un riesgo, claro, pero si la lotería sale bien, esta suerte de vidriera que es el fútbol argentino puede ser el gran salto del hipotético goleador con destino europeo. Aunque las entidades sudamericanas piden demasiado. ¿Jackson? Muy lejos. Ya pasó el tiempo de Tacuara Cardozo o de Santiago Salcedo y hasta Boghossian y Achucarro (Newell´s es un experto en importar festejos): hoy se pide demasiado dinero. O los clubes argentinos están fundidos. ¿O serán las dos hipótesis?

El último goleador extranjero, antes del Pelado Silva, resultó otro oriental: Gonzalo Vargas, con 12, en aquel Gimnasia versión Clausura 2006. Hay otros goles que hace tiempo que andan dando vueltas por casa: el uruguayo Roro López, de Vélez; el uruguayo Salgueiro, de Estudiantes; el paraguayo Salcedo, desde hace seis meses en Lanús, y hasta el regreso del colombiano Jairo Castillo, en Godoy Cruz, toda una esperanza. Hay certezas de gol, aunque hayan pasado varios fiascos. ¿Alcanzará el dinero para tentar a alguno?

En Uruguay, dicen, hay otros casos Boghossian. Es cuestión de descubrirlos. Y a bajo precio. Diego Simeone, el DT del Ciclón, se interesó por las condiciones de Emiliano Alfaro. Goleador, de 21 años, subcampeón con Liverpool, le dicen Colo y, cuando termine la aventura futbolera, será médico, seguramente. No es muy alto, pero cabecea bien. Y hace goles de todos los colores. Marcó 12 en el certamen que logró el poderoso Nacional. Suele bajar unos metros para captar la atención del balón. ¿Qué pasó con San Lorenzo? Está juntando 1.500.000 dólares por la mitad del pase, la otra vedette de las operaciones: en América del Sur ya no aceptan préstamos, pretenden la venta de una parte de las fichas.

Y hay más uruguayos. Sebastián Balsas, de Nacional; le dicen el Tanque: es un típico titán del área. Lo ofrecieron a River y a Racing. Salió campeón, pero jugó poco, víctima de dolores lumbares. De origen familiar en España, celebra los goles como un auténtico torero. Merodeó Gimnasia LP el Chino Alvaro Navarro, un chico que se recuperó de una compleja enfermedad y salió adelante a fuerza de? goles. Hay, también, un par de paraguayos dando vueltas: Pablo Zeballos, hoy en Cruz Azul, y Pablo Velásquez, de Rubio Ñu. Jorge Achucarro, el socio del silencio de Boghossian, también tiene acento guaraní. El tema es seguir buscando. Paraguayos, colombianos, uruguayos. Si no es Jackson Martínez, la novia que nadie puede enamorar en el depresivo mercado local, será otro. Sin dinero, los clubes argentinos sueñan con el efecto Boghossian.

BANFIELD

20 Goles de los 25 que anotó el campeón fueron convertidos por extranjeros.

SANTIAGO SILVA

14 Goles Fue el artillero del torneo. Resultó su mejor versión en la Argentina.

SEBASTIAN FERNANDEZ

3 Goles
El otro uruguayo, el socio ideal, fue determinante por la derecha.

JAMES RODRIGUEZ

3 Goles El hábil colombiano fue el nexo perfecto para los atacantes.

Por: Ariel Ruya
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