El Apertura no se contagió con la mundialitis de la selección

Juan Pablo Varsky Para LA NACION
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14 de agosto de 2006  

Depresión post- Alemania? Nada de eso. Con su excitante comienzo, el Apertura ha enterrado el fantasma de la mundialitis. No hay síntomas de la tan temida enfermedad que también ataca después de la Copa. En apenas dos fechas, el campeonato ya ofrece un partidazo como Ríver-Newells y exhibiciones como la de Boca ante Banfield o la de San Lorenzo ante Colón. Presenta a un Independiente matador en los segundos tiempos, a un Estudiantes que sabe interpretar los partidos y a un Chicago que sorprende por su atrevimiento.

Los grandes, que suelen marcar el pulso y el nivel del certamen, están invictos y todos tienen legítimas aspiraciones. La competición se ha enriquecido con regresos estelares (hasta ahora, Verón es el mejor) y con delanteros extranjeros que rápidamente han dejado su sello goleador, como los paraguayos Salcedo y Cardozo, el uruguayo Silva y el peruano Malingas Jiménez.

Los futbolistas argentinos más destacados ya le han mandado sus respectivos mensajes al pluriempleado Basile. Montenegro, Cata Díaz, Belluschi, Gago, Saja y Lavezzi aparecen entre las figuras, gracias a sus rendimientos iniciales. El campeonato local ha arrancado en estado de euforia y pretende convertirse en la expresión más importante del equipo nacional. Probablemente, esto no ocurra en el corto plazo. El amistoso ante Brasil en Londres fue programado para una fecha de eliminatorias para la Eurocopa 2008 pero ese domingo 3 de septiembre aquí se disputará la quinta fecha del Apertura. Imaginen a Basile: ¿podría el seleccionador Alfio quitarle al entrenador Coco cuatro o cinco jugadores de Boca en plena competencia oficial? Ante esta superposición (de fechas ), serán convocados jugadores que están en el exterior.

Reglamentariamente, la lista debe difundirse el próximo sábado. Más allá del condicionamiento contractual, ¿a cuántos mundialistas convocará Mister No Comments en el primer decreto de su segundo gobierno nacional? En el grupo de los 23, la mundialitis sí ha hecho estragos. El mejor argentino en el torneo se ha peleado con su club, sin retorno. Roberto Ayala se sintió traicionado por el presidente Soler y el secretario técnico Amedeo Carboni. Tenía todo arreglado para renovar su vínculo por dos temporadas pero Valencia le cambió las condiciones y quiso recortarle el sueldo debido a su edad (Ayala tiene 33). Curiosamente, su ex compañero Carboni se retiró de los pantalones cortos a los 40 sin esa reducción salarial que ahora pretende imponer con traje y corbata.

El capitán del seleccionado en Alemania no tiene equipo. Juan Pablo Sorín no arregló con el Bolton Wanderers inglés y se entrena en Villarreal, donde Manuel Pellegrini ya le había anticipado que no contaría con él para esta temporada. El lateral aún no sabe dónde continuará su peregrinaje por Europa tras cortos pasos por Juventus, Lazio, Paris Saint Germain, Barcelona y el Submarino Amarillo. Sin dudas, representa un caso muy extraño: ha pasado de símbolo a prescindible en apenas tres meses. El mejor delantero nacional en Alemania también tiene futuro incierto. Javier Saviola marca goles en los amistosos del Barca en Estados Unidos, pero sabe que es la última opción para Rijkaard. Cuestiones políticas y económicas distorsionan su valor futbolero, pero, injusticias mediante, podría quedarse sin jugar una temporada entera. Javier Mascherano y Carlos Tevez la pasan muy mal en Corinthians. El equipo marcha último y ahora son más extranjeros que nunca. Carlitos discutió con la torcida y Masche se peleó con dos compañeros en una semana. Si sólo dependiera de ellos, ya se habrían ido de São Paulo.

Descartado por Deportivo La Coruña, Lionel Scaloni está a los tiros con el DT y el presidente. Hernán Crespo debió suplicarle a "Chequera Veloz" Abramovich para que lo dejara regresar a Italia, donde ya firmó con Inter y peleará un puesto con Julio Cruz. Pablo Aimar tomó la decisión de irse de Valencia. Ahora quiere volver a disfrutar en Zaragoza, rodeado de compatriotas. El propio Rodrigo Palacio no puede salir de su melancolía, como si no aún hubiera archivado esos resbalones ante Costa de Marfil. Pero el crack de Boca se recuperará muy pronto. El medio lo ayudará. En el eufórico campeonato argentino, no hay lugar para la depresión post-Alemania.

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