El bastión alemán

El seleccionado de Völler llegó a la final, en gran parte, gracias al arquero Kahn y a la solidez de una defensa que tuvo que armarse de apuro
El seleccionado de Völler llegó a la final, en gran parte, gracias al arquero Kahn y a la solidez de una defensa que tuvo que armarse de apuro
(0)
27 de junio de 2002  

SEUL, Corea del Sur.- Hay que hurgar más allá de la superficie para dar con algunas de las razones que colocaron a Alemania otra vez en la final de una Copa del Mundo, porque el cuestionamiento sobre su falta de brillo es tan cierto como insuficiente para definir a un conjunto al que hay que admitirle méritos reales. Que el oficio y el peso de la camiseta son algunas de ellas, aunque cueste definirlas con referencias palpables, es algo que todos aceptan. Pero más en el fondo -y aquí el término viene al dedillo- están sus claves: una estructura defensiva sólida, conceptualmente concebida más allá de la última línea, que funcionó como un reloj. El equipo de Rudi Völler sólo recibió un gol en los seis partidos que lo depositaron en el encuentro decisivo y lleva cuatro cotejos -exactamente 360 minutos- sin que su valla sea vulnerada, algo que solo había logrado Holanda antes de perder por 2 a 1 ante Alemania en la final de 1974.

Aquel tanto de Robbie Keane en tiempo de descuento en el segundo partido, que le permitió a Irlanda un empate agónico en un gol, fue el único grito que tuvieron que tolerar hasta aquí los alemanes. Un dato nada despreciable, por cierto.

Y como tantas cosas en el fútbol, el que ahora es uno de los puntos fuertes del equipo que buscará ante Brasil quedarse con su cuarto título, surgió desde la paradoja. Lo definió hace sólo unas horas el propio Völler: "Lo que más me sorprende es que llegamos a la final tras haber perdido a toda nuestra defensa: Jens Nowotny, Christian Worns y Marko Rehmer, que se lesionó durante el Mundial, habían sido nuestros pilares en las eliminatorias. Por suerte, con el tiempo, tapamos los agujeros como pudimos y todo fue una revelación".

Völler es modesto con aquello de "tapar agujeros". Sus hombres en función defensiva hicieron más que eso: transformaron al equipo en un aceitado bloque de contención al que es muy complejo vulnerar.

¿Cómo podrían sintetizarse los puntos fundamentales de una estructura casi infranqueable? Aquí hay algunos de ellos:

1 un arquero que destila seguridad. Para muchos, la primera razón a la que hay que atribuirle el hecho de que Alemania no haya sufrido más goles es la formidable tarea de Oliver Kahn. El guardavalla de Bayern Munich pasa por un momento fantástico y es toda una garantía para su equipo. Encontrarle algún error es un verdadero desafío. Reflejos, flexibilidad, contextura (mide 1,88 metro) y una voz que ordena permanentemente a sus compañeros de la defensa son los atributos del capitán y símbolo del conjunto alemán. Según las calificaciones de LA NACION, su promedio es de 7 puntos. Notable.

2 Una fuerte presencia física. Los alemanes comienzan a ganar la batalla desde la potencia y la envergadura atlética. El promedio de estatura de los seis hombres que al menos en algún momento llegaron a ocupar posiciones en la defensa (Thomas Linke, Carsten Ramelow, Cristoph Metzelder, Torsten Frings, Marko Rehmer y Sebastián Kehl) es de 1,86 metro. Así como Alemania gana en lo alto en el área rival, cabecearle en la propia es tarea sumamente difícil. Y no solamente en tamaño es importante su aspecto físico: una muy buena preparación les permitió terminar los partidos con reservas apreciables de oxígeno.

3 Un sistema flexible. Völler varió la configuración de la retaguardia un par de veces. Comenzó utilizando tres hombres (Linke, Ramelow y Metzelder) en los tres primeros partidos, pero en la segunda rueda, ante Paraguay, pasó a la línea de cuatro (Frings, Rehmer, Linke y Metzelder). Utilizó ese mismo sistema ante Estados Unidos en cuartos de final y frente a Corea en las semifinales, aunque con algunas variaciones de nombres.

4 La colaboración de todos. Si los hombres de la defensa pueden cumplir con su trabajo, en buena medida también lo deben a la ayuda de todo el equipo. Desde el chiquito Oliver Neuville y Miroslav Klose, los delanteros habitualmente titulares, todos persiguen rivales cuando Alemania pierde la posesión del balón. Pero además, en el medio, el despliegue de Dietmar Hamann es fundamental. Sea cual fuere su función, el perfil del jugador alemán siempre incluyó una educación defensiva básica.

Si estos atributos alcanzarán para detener a Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho el domingo próximo, en Yokohama, es algo que tiene que ver con los interminables misterios que hacen del fútbol un espectáculo único. Pero ya le han permitido a Alemania revalidar su status de potencia mundial. Y eso no es poco.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.