El bien común, no el propio

Por Maximiliano Boso De nuestra Redacción
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8 de mayo de 2003  

En las últimas horas fue notorio el revuelo que generó el error de José María Buljubasich, arquero de River, que le permitió a Nueva Chicago igualar el partido ante River, en Núñez. Una circunstancia de juego posible.

Lo primero que impactó fue la reacción del jugador. Muchas veces, ante situaciones adversas, sobre todo en los clubes más importantes, los protagonistas cambiaron la grandeza por el silencio. Buljubasich no. Salió primero del vestuario local y se paró sereno, pero firme, ante los periodistas para admitir su error y su dolor, hasta hacerse responsable del resultado.

Lo primero que se le puede decir a Tati -sobrenombre con el que todos lo llaman, tan sencillo como él mismo- es que sin duda exageró: en un deporte de once jugadores, lejos se está de las responsabilidades individuales y exclusivas.

No obstante, ayer el arquero volvió a sorprender. Admitió que tiene problemas personales y que no sabe si estará en condiciones de seguir como titular. Por eso, habló con el técnico, Manuel Pellegrini, y le dijo que, de no estar a pleno, prefiere que otro ocupe su lugar.

Vale mencionar que Buljubasich, de 31 años, quien debe haber tenido más prensa en estas horas que en el resto de su carrera -extensa y que lo ha llevado a Europa y a México-, no es un referente del plantel y del club. Tampoco tiene la seguridad de volver a recuperar el puesto si lo cede. Su préstamo vence en junio y su continuidad es una incógnita. Y me permito contar algo. En una conversación sostenida en el living de su departamento, antes de que esto pasara, Buljubasich dijo ser consciente de que su continuidad en River -que desea con vigor- depende en gran medida de la obtención de un campeonato como titular.

Cuando otros se aferrarían a su puesto como a un salvavidas en el medio del mar, Buljubasich eligió el camino de la lealtad deportiva y el bien común al posible éxito personal.

Tati puede dormir muy tranquilo. Esta actitud es su mejor atajada. Y un ejemplo que muchos podrían seguir, aunque el deporte no los cobije.

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