El clima interno de Boca llevó a Angelici a romper el pacto de caballeros

Guillermo y Angelici en conferencia de prensa
Guillermo y Angelici en conferencia de prensa Fuente: AFP
Pablo Lisotto
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25 de noviembre de 2018  • 23:43

El domingo tenía apenas unas horas cuando Daniel Angelici se fue a dormir con la convicción de que a las 17 Boca jugaría la final de la Copa Libertadores ante River , en el Monumental. A eso se había comprometido ante Rodolfo D’Onofrio y el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez .

Sin embargo, la noche en el hotel Madero fue larga. Y Angelici cambió. Un grupo de abogados trabajó desde las 23 del sábado hasta las 5 en un escrito que el club le presentó al mandamás xeneize a las 8, que aprobó y envió a la Conmebol al mediodía. En ese expediente de 15 fojas dejaron en evidencia todas las irregularidades que se vivieron en el estadio de River y, sobre todo, en el perímetro. En especial, en el ingreso del micro que transportó al plantel, que sufrió una emboscada en Lidoro Quinteros y Avenida del Libertador, y cuyos videos dieron la vuelta por el mundo.

Angelici estuvo toda la madrugada en la encrucijada de hacer o no la presentación. Porque anteayer, cuando el máximo directivo xeneize fue a plantear la suspensión de la final, Domínguez le retrucó comprometiéndolo a que la Libertadores se definiera en la cancha durante la tarde de ayer, sin que hubiera reclamos posteriores. Al mediodía, el "pacto de caballeros" se hizo trizas. Boca viajará a la reunión de mañana a las 10 en Luque a pedir los puntos. A ganar la Copa Libertadores en el escritorio.

Fueron varios los motivos que llevaron a Angelici a cambiar drásticamente su postura en tan poco tiempo. El primero, y principal, fue que él era el único que sostenía jugarlo. El resto de la dirigencia, el plantel y el cuerpo técnico se unieron bajo la bandera del sentido común. Aun cuando creían que la causa estaba perdida desde antes de presentar el escrito, y con la sensación de que estaban completamente solos. De hecho, cerca del mediodía de ayer alguien del círculo íntimo del plantel daba por segura la realización del partido y le confió a LA NACION: "Vamos a la guerra con cucharas".

El texto de los letrados se amparó en el art. 8 de Conmebol, que establece en su inciso 2: "Las Asociaciones Miembro y clubes son responsables de la seguridad y del orden tanto en el interior como en las inmediaciones del estadio, antes, durante y después del partido del cual sean anfitriones u organizadores. Esta responsabilidad se extiende a todos los incidentes que de cualquier naturaleza pudieran suceder, encontrándose por ello expuestos a la imposición de las sanciones disciplinarias y cumplimiento de las órdenes e instrucciones que pudieran adoptarse por los órganos judiciales". Esa "imposición de sanciones disciplinarias" aparece en el art. 18 que, entre otras medidas, incluye "la deducción de puntos, la determinación del resultado de un partido o la descalificación de una competencia en curso".

También pesó el reclamo de los hinchas, que consideraron demasiado tibias las declaraciones de Angelici en la puerta del vestuario del Monumental. Sin peso. "Parecía D’Onofrio", cuestionaron en los pasillos del Madero. El hashtag #AndateAngelici, que durante 8 horas lideró la tendencia argentina en Twitter, sumado a la presión de los fanáticos que en la puerta del hotel, donde cantaron "Dirigentes, dirigentes; no se lo decimos más, si nos roban en la Copa, qué quilombo se va a armar", terminó por convencer al dirigente, porque aun cuando cree que es una causa perdida, es consciente de que queda bien parado.

"Los partidos se ganan y pierden dentro de la cancha, pero soy el presidente de Boca y no puedo actuar a título personal, debo defender los intereses del club. Hicimos una presentación y esperemos que la Conmebol revise y nos conteste el expediente de 15 fojas. Esperamos una respuesta del Tribunal de Disciplina. Nos debemos al hincha de Boca, y sé lo que sienten con respecto al 2015", expresó el presidente xeneize en una conferencia de prensa junto con Guillermo Barros Schelotto en el lobby del hotel. El Mellizo, en tanto, dejó en claro que desde que ocurrió la agresión su postura fue la de no jugar: " Era lo mejor para Boca porque no estábamos en las mismas condiciones que River. Nos sentíamos en desventaja, no estábamos preparados. Fue muy feo lo que nos pasó."

"Le pregunté a gente que conozco en España qué hubiera pasado en Europa si en la final de la Champions ocurría algo como lo que se vio en el Monumental. Y la respuesta fue clara: ‘La Copa va para Boca y diez años de inhabilitación para disputar torneos internacionales para River", le comentó a LA NACION una persona muy cercana al cuerpo técnico xeneize, visiblemente afectado por lo acontecido anteaayer, y lejos de poder dormir, en la madrugada de ayer. Claro que, con el mismo criterio, esa sanción le hubiera tocado a Boca en 2015, por la agresión con el gas pimienta en el tristemente recordado superclásico copero, y el xeneize estaría todavía suspendido y sin poder disputar el torneo continental.

Para Boca, la final se jugaba el sábado o nunca. Y allí se plantó.

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