El DT de Brasil y su táctica motivadora

El trabajo para la final con Alemania
Cristian Grosso
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29 de junio de 2002  

YOKOHAMA, Japón.– Le preguntaron a Luiz Felipe Scolari cómo hacía para motivar a sus jugadores. Felipão no contestó que la final de la Copa del Mundo debía ser suficiente aliciente. No. Salió para otro lado. “Les muestro las escenas que llegan desde Brasil. Ver a esos niños que se quedan a dormir en las escuelas para levantarse a la madrugada con los partidos y después tomar sus clases, o ver a los indios de las comunidades del interior del país que se agrupan detrás de un televisor, son dos imágenes suficientemente fuertes como para que cada uno de los futbolistas sientan y asuman el compromiso que tendrán por delante. En Brasil podemos salir de cualquier situación. Porque Brasil es un país poderoso y no lo digo sólo en el plano futbolístico”, explicó el técnico.

Los jugadores no reciben muchas consultas sobre la situación social de su país y el compromiso que han asumido frente a los torcedores. ¿El pueblo espera de ellos el penta para esconder sus penas? “En los primeros partidos en la Copa estábamos medio aislados, no teníamos noción de lo que estábamos provocando en Brasil. Pero ahora, al ver los videos, nos dimos cuenta del impacto que ha causado nuestra campaña. Y hemos hecho un pacto para ganar el título y no defraudar a toda esa gente”, confesó el defensor Edmilson. Y el volante Ricardinho, de Corinthians, agregó: “Conozco a muchos entrenadores que trabajan con videos para analizar a los adversarios, pero nunca me había sucedido que mi entrenador me pase videos de mis hinchas, de mi gente. El impacto es fenomenal”, señaló.

Pero, ¿de qué videos hablan? ¿A qué se refiere Scolari cuando cita las imágenes que les muestra a sus jugadores? Por medio de sus enviados especiales de TV Globo, el entrenador recibe casi a diario unos compactos de 15 minutos con escenas de cómo se preparan los torcedores para seguir a la selección en la madrugada. Aparecen chicos en las playas con las caras pintadas, otros con el corte plumero que ya patentó Ronaldo, los habitantes de las favelas decorando los frentes de sus casas de verde y amarillo, las calles desiertas durante los partidos, los indios del Mato Grosso jugando al fútbol con la camiseta de la selección... Y para potenciar la emoción, como si se tratase de un videoclip, de fondo se escuchan las voces de Ivete Sangalo, una cantante muy popular en Brasil, y de Zeca Pagodinho, una sambista que los futbolistas del plantel adoran.

Primero habla Felipão en la charla táctica. Después, se bajan las luces y aparecen los videos. Pero éstos no muestran al rival ni su estrategia. Muestran gente. Su gente. La que goza con ellos. “Es una técnica motivacional”, describe un integrante del cuerpo técnico brasileño.

Justamente antes de la semifinal contra Turquía, el tape que les exhibió Felipão reflejaba los preparativos frente al televisor de una aldea aborigen, en la Amazonia. Al comienzo, los jugadores se quedaron callados. Asombrados, casi conmovidos. De inmediato, esa turbación se volvió tensión, bravura, enojo. Compromiso. Los jugadores saltan a la cancha con el impulso de no fallarle a su pueblo.

“Lo que debemos evitar ahora es que la tensión y la expectativa que hay en todo Brasil nos paralicen a nosotros; sabemos que el nuestro es un pueblo sufrido, que se merece una alegría”, sentenció Ronaldo. Los mensajes de aliento aterrizan en la concentración canarinha uno tras otro y desde distintos puntos del planeta. ¿No los condiciona? ¿No se les vuelve en contra como una presión? No se advierte que se trate de una carga. Por el contrario, algunos e-mail han sacudido las emociones de los jugadores. Como las notas que por el correo electrónico de la CBF News les llegó de las escuelas Marcionilia Mauricio Bueno, de Espírito Santo, y del IPPC Abrigo Maria Imaculada, de Río de Janeiro. Son apenas dos ejemplos, pero atestiguan que el contenido de esas cartas los sacudió a todos.

Y vale la comparación con el caso argentino. Los jugadores del plantel de Marcelo Bielsa asumían que en ellos estaba depositada la única dosis de felicidad que se imaginaba un país alterado y consternado por frustraciones. Subordinado a una desbordante crisis económica y social. No habían elegido llevar ese cartel colgado del cuello, pero... Y aunque sabían que no serían redentores de nada ni salvadores de nadie, arrastraban un lastre difícil de sobrellevar. Seguramente injusto. Tanto que ese cartel colgado del cuello se transformó en una piedra. Parados ante el abismo de un puente.

Felipao tiene un arma secreta. Son los videos que llegan al corazón de sus jugadores.

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