El empate de las emociones

Los goles aparecieron en el final: Gandín y Prósperi marcaron en el 1-1 entre Independiente y Argentinos
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8 de diciembre de 2009  

Por Luis Botto

Para LA NACION

Independiente no creía en la victoria. Hacía poco por merecerla y, cuando avanzaba con mayor decisión, se encontró con la destacada tarea del chileno Peric. Como en aquella palomita de Silvera que chocó con la gran intervención del arquero. Sin embargo, en un ataque aislado, en la parte final del espectáculo, Goméz arrojó un centro que el guardavalla, en su único error, dejó servido para el gol de Gandín. Y el artillero de Independiente no falló. Iban 35 minutos de la parte final. Argentinos no bajó los brazos: no merecía ese cachetazo. Y a los 44 minutos, el cabezazo de Prósperi, al menos, le dio emoción en el cierre del partido. Y justicia, porque Independiente no había sido superior.

Eso sí, los Rojos, con ese resultado, se quedaron con sabor a nada. Primero, porque debían ganar para mantener el milagro del título a mano. Y segundo, porque resignaron sus posibilidades de lograr el último lugar para la próxima Libertadores. Debían ganar anoche y en la última jornada. Independiente, así, está a punto de cerrar una sugestiva campaña en el Apertura: ganó todos los clásicos, y como visitante, pero falló en los momentos decisivos del torneo. Cuando debió dar ese salto decisivo para abrazarse a la punta, falló. Siempre.

Y anoche no fue la excepción. Si la fórmula en el triunfo por 2 a 1 contra Boca había sido el sector derecho, con Busse y Gómez, pues anoche se confundieron los roles. Chocaron casi siempre. No tuvo ideas Independiente para crecer, para llegar con peligro al área de Argentinos. Y su adversario, con poco, con inteligencia y los destallos de Hauche, lo complicó cuantas veces quiso.

Así transcurrió el partido. Con la impotencia de Independiente por progresar (¿se motivará solamente con los grandes equipos?) y la serenidad de Argentinos, a quien le convenía esperar y aprovechar algún despiste de su adversario. Entonces, el vuelo bajo fue parte de la historia. Patito Rodríguez apareció de a ratos, dentro de un contexto de buenas intenciones, eso es indudable. Pero sin profunidad, lo de Independiente se pareció más que nada a un envase previsible.

Argentinos tampoco inquietó demasiado. Hasta que llegaron las emociones en esa parte final. Primero, a los 35, Gandín abrió el score cuando nadie lo creía. Y, al rato, empujado por la injusticia, Prósperi saltó más alto y cabeceó a la red. Independiente lo lamentó mucho más: se quedó con las manos vacías.

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