El espionaje más insólito de Bielsa: el día que un "joven periodista" le sacó información a Pastoriza

Fuente: Archivo
Germán Negro
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16 de enero de 2019  • 11:00

Rosario sentía en la piel una tenue llovizna. Era un sábado sin demasiados atractivos, salvo que un día después el arrollador Newell's del Loco Bielsa tendría un peldaño más en su camino de campeón. Tenía figuras que jugaban a un toque y siempre le miraban la ceja al arquero rival.

Pero Bielsa no era un entrenador común. Acostumbraba a hacer fútbol los viernes o los jueves a la nochecita sólo para entrenar después que sus rivales de turno. Antes, uno de sus colaboradores montaba el Fiat 147 del propio DT para viajar a ver esos entrenamientos del cuadro contrario para, luego, pasar el parte por teléfono o llegar volando a al entrenamiento propio. "De alguna manera había que llegar y contarle todo", explicaba unos 15 años después. Ese mismo colaborador lo acompañaría a Bielsa en la selección argentina y en algún que otro destino.

La cuestión es que ese sábado a la madrugada Bielsa se despertó sobresaltado. No tenía claro cómo defendería Talleres en las pelotas paradas y su meticulosidad lo podía. No había aclarado aún cuando tomó el teléfono y llamó al colaborador: "Tiene que hablar con (José) Pastoriza (dirigía a Talleres por segunda vez) y sacarle cómo van a cuidar los centros. Es de vida o muerte", bramó.

Medio dormido, el ayudante alcanzó a preguntarse cómo haría. Antes de autocontestarse, el Loco le mandó el aguijón: "Consigue un grabador y se va a desayunar con el Pato. Se hace pasar por un estudiante de periodismo y le pregunta por la vida, los amigos, los asados y después cae en el fútbol. Ahí lo va llevando sobre cómo juega su equipo y le pregunta lo que queremos saber. Es buen tipo, no va a desconfiar y le va a contar todo".

El colaborador encontró a Pastoriza en el bar del hotel rosarino y lo encaró según el plan trazado por su jefe. La charla no pudo resultar mejor, después de todo al interlocutor le encantaba hablar de amistades y epopeyas del fútbol de antaño. Después de una hora larga, se saludaron y "el joven periodista" se retiró.

"¿Y, pibe’", lo escudriñó el novel DT, cuando ni imaginaba que la cancha del Parque llevaría su nombre. "Acá está Marcelo….me lo dijo, me lo dijo todo", respondió, antes de tirar el grabador sobre la mesa. Cuando Claudio Vivas contó la anécdota, reconoció que fue una de la pocas veces que vio sonreír con ganas a quien sería su jefe por casi dos décadas.

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