¿El fin del Estado-nación?

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
La FIFA tiene una total independencia sobre los países, situación que es la raíz de su poder; es una real organización transnacional, que no acepta nada fuera de su familia , ni siquiera los tribunales ordinarios de Justicia
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24 de junio de 2002  

La FIFA quedó golpeada por el escándalo de los arbitrajes. Asimilará el impacto a su credibilidad y seguirá adelante, seguro, porque en estos casos el concepto de que todo pasa se impone más que nunca. Repaso de dos nombres perjudicados: Italia y España. Piense lector en esos dos países, dos territorios centrales en el orden mundial, dos miembros del poderoso grupo económico de los 7+1, integrantes además del eje futbolístico más importante a nivel clubes. Sin embargo, son los que hoy levantan dedos acusadores. Raro, al menos, si se tiene en cuenta que todo tipo de relación tiende a favorecer a los líderes. Pero es tiempo de definir a la FIFA como una organización de vanguardia, que para bien o mal logró como ninguna alcanzar un postulado globalizador: el fin del Estado-nación.

La unidad sociedad-territorio tiene en la FIFA una finalidad casi exclusiva de competir por un título de campeón del mundo. Ninguna ley está por encima del tribunal del fútbol. Su decisión es inapelable y se ve que hasta los países más fuertes bajan la cabeza. Es la FIFA realmente una organización transnacional, pese a que 204 asociaciones nacionales se integran en su familia, tal como se autodefine en sus páginas oficiales. Su comité ejecutivo está compuesto por 23 representantes, generalmente de larga trayectoria en la entidad, situación que puede consignarlos como ejecutivos-FIFA.

Los cupos en el comité ejecutivo están repartidos por todo el mundo: Africa (un vicepresidente y tres miembros), América del Norte y Central (uno y dos), América del Sur (uno y dos), Asia (uno y tres), Europa (dos y cinco), las cuatro asociaciones británicas (un vicepresidente) y Oceanía (un miembro). La democracia es uno de los pilares de la llamada casa FIFA. Quizá por eso ningún país tenga derecho a veto, como ocurre en otros organismos internacionales, como las Naciones Unidas, por caso. Eso la hace independiente y muy poderosa a la vez.

Nada del fútbol puede estar fuera del universo FIFA porque sencillamente no existiría. El estatuto de la organización prohíbe competir con un no afiliado. Y si está afiliado, debe aceptar el capítulo XIII del estatuto, referido a los litigios.

Será necesario transcribir el inciso 7 de ese capítulo para descubrir la raíz del poder del fútbol. “Las confederaciones, asociaciones nacionales y ligas se comprometen a reconocer al Tribunal Arbitral del Futbol (TAF) como instancia jurisdiccional suprema y se obligan a adoptar todas las medidas necesarias para que sus miembros, jugadores y funcionarios se sometan al arbitraje del TAF.

“Se prohíbe el recurso ante tribunales ordinarios, a menos que se estipule en la reglamentación de la FIFA. En aplicación de lo que precede, las asociaciones nacionales deberán incluir en sus estatutos una disposición según la cual sus clubes y miembros no podrán presentar litigios ante los tribunales ordinarios.”

El mundo del fútbol sólo se reconoce a sí mismo.

Es una casa grande para albergar a 250.000.000 de jugadores federados.

Cuando se creó en 1904 la FIFA buscó llenar vacíos legales para dar sentido a una competencia internacional. Objetivo cumplido. Pero sí se lee como se ve el organismo a sí mismo en su página web oficial se entenderá por qué el Estado-nación no tiene lugar en su seno.

“Durante los últimos 25 años, la FIFA ha conseguido extender su campo de influencia a todo el mundo, no sólo en el ámbito deportivo, sino también en otros sectores de nuestra sociedad, como el comercial y el político.

“El fútbol se ha convertido en una de las más flamantes industrias del ocio, abriendo nuevos mercados en el mundo, no sólo para la FIFA, sino para el resto de las naciones.”

Por los sucesos del 11 de septiembre, Samuel Huntington puso de moda el concepto de choque de civilizaciones. Uno de sus postulados es que la línea de quiebre del mundo de posguerra fría no surge de políticas o ideologías, sino de culturas. Puede pensarse inadecuado transitar por esta idea cuando de fútbol se trata. Aunque si la final del Mundial será vista en directo por 1700 millones de personas, no puede menos que decirse que la FIFA rige lo que es la cultura-fútbol.

Corea del Sur y Japón combinándose para organizar este Mundial señala que la FIFA está por encima de los problemas de esos Estados-nación. E impone sus condiciones.

Ah, si Vieri hubiese acertado ese remate sólo a un metro del arco coreano, a los 90 minutos; o si los coreanos hubiesen fallado algún penal contra España, se hablaría de los árbitros como anécdota sin tanto escándalo. A un equipo contundente no se le arruina un partido por una mala decisión. Por suerte, los jugadores, si son buenos en serio, continuarán con la suerte en sus propios pies. Si aceptan las reglas del Mundo FIFA, claro...

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