El gallinero del Comandante Tapia: gallos y pollitos comen de la mano

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
Claudio Chiqui Tapia, entre luces y sombras
Claudio Chiqui Tapia, entre luces y sombras Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
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20 de mayo de 2020  • 00:01

Los personalismos reparten beneficios para crear prisiones disciplinarias. Los personalismos castigan el disenso. La vieja / nueva AFA necesitaría descabezar todos los sellos grondonianos que la hundieron en el descrédito. Pero no sucederá: prefiere transitar huellas conocidas. Prácticas en sepia. Este flamante presidente, que es el mismo que el anterior, Claudio Tapia, tendría que temerle al poder discrecional . Llegó en 2017 y permanecerá, al menos, hasta 2025. Y entonces, podría ir por cuatro años más, porque él mismo ya había readaptado en diciembre pasado el estatuto, para abrir una hendija de perpetuidad y permitir una segunda reelección. Desde ayer, disfruta de la primera. Peligroso . Aunque los acólitos celebren al "Comandante".

Las refrescantes caras del comité ejecutivo no responden a una ambición superadora. No buscan cambiar el perfil, oxigenar las propuestas ni abrir un franco debate. No. Obedecen a ajustes políticos, devoluciones, agradecimientos, coberturas. Desde el retorno de River a una vicepresidencia, con Rodolfo D'Onofrio, hasta Maximiliano Levy, presidente de Almirante Brown, con un pasado cercano a la barra brava de Boca, en la función de Prosecretario Ejecutivo. Nuevamente se desperdicia la oportunidad de iniciar una auténtica tarea colegiada, alejada de los verticalismos. El reclamado cambio de época otra vez desnuda a la pobre Cenicienta. El mandato en un puño es la ley. No es unidad, parece un rejuntado . Tapia lo tejió con astucia para atrapar más poder que nunca.

La desvencijada AFA reclama un shock de medidas. No económicas, por cierto el rubro mejor cuidado por la administración Tapia . Sino referencias de credibilidad, garantes de la equidad deportiva. Los cambios reglamentarios en medio de los torneos, los arbitrajes sospechados, los ascensos y descensos de acuerdo a las necesidades de turno tapizan de espinas el desfiladero. ¿Por qué tendría que aparecer, ahora, un manto reparador? No hay razones para confiar. Se ganaron el recelo. El fútbol grande, el fútbol de Primera, volvió a estar bajo el ala de la AFA, más allá de las pretensiones independentistas de la Liga Profesional. Manda Tapia, decide Tapia. Marcelo Tinelli está advertido . En definitiva, los cómplices actúan por acción u omisión. Tapia no tendría que regocijarse con sus nocivas demostraciones de fuerza. O su estilo de gobierno seguirá teniendo olor a rancio.

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