El hincha ya se siente campeón

Anoche muchos dieron la vuelta y ya empezaron los festejos por un título que nadie parece arrebatarle a Racing
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3 de diciembre de 2001  

El cielo puede esperar, la vuelta, no. Basta de matemáticas, a guardar esa mano que con los dedos no para de especular; rienda suelta al delirio, que las cábalas las cumplan otros. Ya se esperó bastante, 35 años no pasan volando, a otro con ese cuento. A mojar con lágrimas la cancha donde unos minutos antes Racing consiguió un agónico empate con River. "Paso a paso", dirán los que trabajan de esto; "ya está" pensaron los que ponen el corazón y coparon el césped del cilindro de Avellaneda para dar una multitudinaria vuelta olímpica que reflejó el sentimiento de toda la Academia: el título no se puede escapar. No por nada, por primera vez en el torneo, cantaron hits incluyendo a la palabra prohibida: campeón.

"Pare de sufrir, llame al...", dice una de las publicidades estáticas de la cancha. No sirve, ni aunque tengan el celular de Dios los hinchas de Racing dejarán de comerse las pocas uñas que les quedan. Da la impresión de que si se concreta lo que parece inevitable -el título-, el festejo será único, irrepetible, como el recibimiento de ayer del equipo, con bengalas, papelitos y bombas durante casi diez minutos. Una locura si se tiene en cuenta que todavía falta para el festejo real. "Primero hay que saber, saber sufrir...", dice el tango, y la gente sabe muy bien de qué se trata eso.

Por cuatro horas parece otro país. Ni noticias de las cuentas congeladas y los retiros de fondos restringidos, ya habrá tiempo de seguir haciéndose mala sangre con los discursos, cheques, tarjetas y cuentas corrientes. "Qué me importan Cavallo y los mil dólares por mes, viejo, si total yo gano 350 y en negro. Lo único que quiero es ver a Racing campeón", le grita a una cámara un hincha antes del partido. Fútbol, ¿distracción de las masas o una de las pocas alegrías genuinas que le quedan al pueblo?

Se dijo, parece otro país. Ojalá estas imágenes lleguen a Alemania para que allí entiendan un poco más la idiosincrasia de los hinchas argentinos. Popular de River; miles de remeras de Bayern Munich, fotos de Kuffour, autor del gol ante Boca en Tokio, y la frutilla del postre: cientos de banderas de Alemania, que flamean al grito de "Baayern, Baayern", con típico tono teutón. "Argentina, Argentina", responden los de Avellaneda.

La gente de River llegó ilusionada. Todos estaban embalados por la derrota de Boca y las dos últimas goleadas de su equipo en el Apertura. Pasa el ómnibus con los jugadores, todos cantan, los futbolistas golpean los vidrios; hay un ida y vuelta que hece tiempo no se ve. Llega la caravana de 12 ómnibus desde el Monumental. Adentro espera el dueño de casa, como si hubiese preparado todo con lujo de detalles.

La barra local despliega una bandera de River que dice "Santilli presidente", responden los Borrachos del Tablón, mostrando una celeste y blanca con poco uso.

Se retrasa el partido porque hay fuego en el alambrado de la popular local; se retrasa el segundo tiempo por una bandera antirreglamentaria, en la visitante. La tarde tiene destino de suspenso. Gol de Cambiasso, delirio millonario ; el cimbronazo ya pasó y empuja la gente de Racing. Ramón Díaz saca un volante y pone un defensor; un clon de Charly García, de cara y en actitudes, se pone en pose de gallina e imita un cacareo antes de arengar al público local. Centro, queda el rebote, 45.000 personas respiran al mismo tiempo y se enmudece Avellaneda. Habrá durado un segundo. El estallido siguiente no oculta que Racing se siente campeón. Aunque la frase paso a paso siga escuchándose en boca del DT Merlo.

Un susto

Antes del partido, un hincha de Racing se cayó del alambrado olímpico y recibió un gran corte en la mano derecha. Mientras era llevado en camilla, se tiró al piso porque no quería irse de la cancha y quedó inmóvil. Sin embargo, el joven debió ser atendido fuera del estadio.

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