El juego del vale todo

Por Enrique Macaya Márquez Para LA NACION Deportiva
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4 de diciembre de 2001  

Se fue el partido del campeonato y dejó sólo un sedimento de emociones repartidas, vinculadas más al resultado y lo de que él dependía que al desarrollo para alcanzar ese resultado. Cualquier apreciación previa incluía en su menú la necesidad de ganar de River, y la consideración como favorables de los otros dos resultados para Racing.

Algunas veces se sostuvo que el empate es el accidente más adulto del juego. Puede crecer, manifestarse concretamente en el final del partido tras un recorrido que más allá de las inseguridades propias del juego sea la respuesta a una especulación.

Pues, como sabemos, terminó siendo empate, cuando parecía que debía serlo según la especial interpretación de los méritos de cada uno y más allá de lo conveniente o perjudicial de un resultado dispuesto a contemplar las necesidades de uno y de otro.

Los dos equipos intentaron ser fieles a los estilos dibujados por las características de sus individualidades y plantearon el interrogante de causas y efectos. Racing se sintió favorecido por el empate hasta que tuvo que ir a buscarlo. Advirtió la diferencia entre "sostener la igualdad" y "buscar la igualdad". En el primer caso, atacando con el pensamiento puesto en tener que volver para defender, metiéndose más arriba, sin privilegiar el control del adversario para poder dominar el juego.

River, con más caudal futbolístico, el mismo o parecido empeño, manejó gran parte del desarrollo, no siempre hacia destinos correctos, pero consiguiendo el triunfo parcial que en definitiva fue el pecado que le negó la posibilidad del triunfo final.

Aquí retorno al interrogante de la causa y el efecto. Cuando River pasó a ganar dejó de buscar la victoria. Cuando Racing dejó de empatar pasó a buscar la igualdad. Ambos, con diferentes estilos, quedaron vinculados con la posología del resultado. Ni pensar en el espectáculo si por ello se pretende entender una demostración deportiva alejada del peso y la trascendencia que el mismo resultado tendría. Siempre estuvieron más atados a sus carencias que a sus virtudes. Metidos en el ámbito confuso de la pelea, la exageración, la simulación y la falta de respeto. Jugaron al juego del vale todo para alcanzar todo.

Esta claro que la inestabilidad emocional, fruto de la presión y de la desesperada obligación de conseguir un resultado, deteriora el principio deportivo. Pero, sin pensar en la ingenuidad de estar frente al más puro gesto lúdico, sí podemos exigir un comportamiento profesional más ligado al cumplimiento de las normas.

Se fue el partido del campeonato. Solamente quedaron algunos papelitos y el recuerdo de alguna bengala fugaz.

En una época donde se usan las imágenes para explicar las imágenes y las figuras para explicar las figuras, el resultado se transformó. Fue un empate, para el triunfo de Racing y la derrota de River.

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