El Mundial del adiós para muchos

Fue el final para varias carreras
Claudio Mauri
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29 de junio de 2002  

YOKOHAMA, Japón.– Mientras la primera Copa del Mundo del siglo XXI consume los capítulos finales que definirán la confección del podio, la Tierra del sol naciente significó el crepúsculo definitivo para un puñado de nombres importantes e históricos, que decidieron cerrar sus trayectorias en los seleccionados. Algunos ya tenían asumida la jubilación antes del campeonato, al que llegaban con el íntimo deseo de ponerles un broche de oro o al menos reluciente a sus campañas.

Pero la realidad fue un poco más cruel e ingrata para estos treintañeros que en Oriente tuvieron que asumir un retiro entre derrotas tempraneras y rendimientos más cerca del ocaso que del esplendor. La ley de la vida, esa que establece que para cada hombre y situación existe un tiempo determinado, se impuso inexorablemente. A casi todos, la veteranía les jugó más en contra –por la intensidad que exige el fútbol moderno–, que en favor por el rédito que podían extraer de la experiencia acumulada.

La renovación y las expectativas que despierten nuevos nombres sera el paso que cubrirá el espacio abierto que dejaron apellidos ilustres, a quienes ya no se los verá más en las canchas con las camisetas nacionales, mientras gastan sus últimos cartuchos en las competencias de clubes.

Este Mundial marcó las despedidas del italiano Paolo Maldini (34 años), Gabriel Batistuta (33), el inglés David Seaman (38), los españoles Fernando Hierro (34) y Luis Enrique (32) y los croatas Davor Suker (34) y Robert Prosinecki (33). En todos los casos, ninguno pasó la barrera de los cuartos de final ni pudo erigirse en el cacique heroico que saca adelante a su tropa, aunque nadie les quitará algunos registros récords construidos a lo largo de años más fructíferos. Seguramente, con el tiempo se irán agregando otros nombres a estos que por voluntad propia ya cerraron una etapa de su vida profesional.

El siguiente es un rápido repaso de lo que significaron estos jugadores con las casacas de sus países y el último testimonio futbolístico que entregaron por estas tierras.

Batistuta: no pudo coronar su sueño de campeón. Por tercera vez consecutiva, un Mundial combina un festejo personal suyo con la frustración colectiva del equipo. No se repuso de la sequía goleadora que arrastraba de su pobre temporada en Roma. Marcó ante Nigeria, pero no completó los 90 minutos en ninguno de los tres partidos. Mayormente, quedó aislado del resto del equipo, sin peso en el juego aéreo que intentó la Argentina y encerrado en la marcación rival. Esta vez no compensó sus limitaciones técnicas con su potencia ofensiva. Por mucho tiempo conservará la marca de máximo goleador en la historia del seleccionado, con 56 tantos en 78 partidos. Un centrodelantero que marcó época con la celeste y blanca durante la década del 90.

Maldini : junto con Baresi es el mejor defensor italiano de los últimos años. Un lateral de largo recorrido, con marca y personalidad para salir con la pelota. Un jugador de actitud limpia para el quite y con una mentalidad más amplia que el catenaccio que predomina en Italia. En este Mundial actuó sobre la izquierda y como zaguero central, posición en la que mostró cierta lentitud y falta de reacción, como en el gol de oro del coreano Ahn, que le ganó en el salto. Se va de Oriente con el récord de futbolista con más minutos en la cancha en la historia de los mundiales: 2187 (23 partidos completos y 177 minutos más de suplementarios) en cuatro mundiales. En cantidad de encuentros quedó segundo, a dos de los 25 de Lothar Matthaus.

Seaman : quedó desmoralizado al considerarse culpable del gol de Ronaldinho en un tiro libre de larga distancia. Responsabilidad no le faltó en ese tanto que significó la eliminación de Inglaterra, ya que estuvo pesado y apenas levantó los pies del piso para intentar manotear la pelota. Tuvieron que consolarlo sus compañeros. Atajó bien ante la Argentina, pero es un guardavallas discontinuo, en el que la falta de elasticidad resultó más preponderante que su aplomo. Será más indiscutido en el Arsenal, donde ataja desde 1990, que en el seleccionado inglés, en el que completó dos mundiales.

Fernando Hierro: un defensor con alma de delantero, como se lo conoce en España. Hasta tal punto que es el máximo scorer histórico del seleccionado, con 29 tantos. Un zaguero temperamental, de tranco largo y buen remate. Le gusta más la pelota que las misiones defensivas, en las que a veces comete excesos y desatenciones. Una grosera agarrada suya de la camiseta a un irlandés provocó el penal del empate y la continuidad hacia el alargue y los penales. Su palmarés reluce más con el Real Madrid que con la casaca nacional.

Suker: goleador en Francia ’98 con seis tantos, su paso por este Mundial fue muy fugaz e irrelevante, como le ocurrió a la mayoría de los veteranos de un conjunto croata pasado en años y falto de movilidad y respuestas futbolísticas. Fue una de las cabezas que rodaron de la titularidad con la derrota por 1 a 0 en el debut frente a México. Centroatacante sagaz y oportuno, aquí reprodujo su carrera últimamente descendente en el nivel de clubes, sin poder asentarse en Arsenal, West Ham y Munich 1860.

Luis Enrique: el más sorpresivo de los retiros, pues aún el documento de identidad no lo condenaba, pero él prefirió darles prioridad a sus compromisos con Barcelona. Un volante bastante vertiginoso, de esos que se hacen notar con el ida y vuelta, y su implicación en las jugadas friccionadas. Oportuno y tenaz, de sus participaciones mundialistas se recordará el codazo que recibió del italiano Tassotti en los Estados Unidos ’94, que le provocó la fractura del tabique nasal y no fue sancionado con el correspondiente penal.

Prosinecki: un caso muy similar al de Suker. Una de las glorias vivientes de Croacia que aquí no pudo reverdecer los laureles. Sólo acumuló 45 minutos dentro del campo. Supo ser un volante con mucha inspiración, con un manejo imprevisible y de fuerte carácter. Su mejor hora ya pasó y quedó grabada con el tercer puesto en Francia ’98. Ahora despunta el vicio en el modesto Portsmouth de Inglaterra.

Los números de los cracks

Gabriel Batistuta máximo goleador en la historia del seleccionado argentino, con 56 tantos en 78 partidos, muy por encima del segundo, Diego Maradona, que suma 34. Debutó con la camiseta celeste y blanca el 27 de junio de 1991, frente a Brasil. Obtuvo las copas América de Chile 1991 y Ecuador 1993. Ningún otro argentino señaló más tantos que Bati en los mundiales: 10 entre los Estados Unidos 94, Francia 98 y Corea-Japón 2002.

Paolo Maldini: tiene el récord de presencias en el seleccionado italiano, con 126 cotejos y 7 goles. Participó en cuatro mundiales y es el futbolista con más minutos en la cancha: 2187. En cantidad de partidos está segundo, con 23, dos por detrás de Lothar Matthaus. Su debut con la azzurra fue el 31 de mayo de 1988, ante Yugoslavia. Fue subcampeón en los Estados Unidos 94 (cayó en la definición por penales ante Brasil) y en la Eurocopa 2000 (derrota con Francia).

Fernando Hierro ser defensor no le impidió convertirse, a través de la ejecución de tiros libres, penales y cabezazos, en el máximo anotador del seleccionado español, con 29 goles en 89 cotejos. Estuvo en cuatro copas mundiales. Su primer encuentro se remonta al 20 de septiembre de 1989, frente a Polonia.

David Seaman continuó con la tradición inglesa de contar con arqueros bastante veteranos. En esta característica lo precedieron Gordon Banks y Peter Shilton. Cerca de cumplir 39 años -el 19 de septiembre-, Seaman se puso por primera vez el buzo inglés el 16 de noviembre de 1988, ante Arabia Saudita. Acumuló 73 actuaciones internacionales y fue titular en dos mundiales.

Davor Suker: antes de la secesión que provocó la guerra de los Balcanes, el centrodelantero integró el seleccionado de Yugoslavia que obtuvo el Mundial Sub 20 de Chile 1987. En Italia ’90 actuó para Yugoslavia. Ya con Croacia, su mayor logro fue haber sido el goleador de Francia 98, con seis tantos, además del tercer puesto de su equipo. Convirtió 45 goles en 69 presencias internacionales.

Luis Enrique: la mayor satisfacción no la obtuvo con el seleccionado mayor, sino con el Sub 23 de España, que conquistó los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92. Intervino en tres mundiales y en 62 presencias internacionales señaló 12 goles. Su presentación se remonta al 17 de abril de 1991, frente a Rumania.

Robert Prosinecki: además del título, en el Mundial Sub 20 de Chile ‘87, actuando para Yugoslavia antes de la división de las repúblicas, fue designado el mejor jugador del campeonato. En Italia ’90 jugó para Yugoslavia. A Croacia la representó en Francia ’98, donde hizo dos goles en la campaña que terminó con el tercer puesto. En Corea-Japón sólo actuó 45 minutos, para cerrar un historial de 49 encuentros internacionales, con 10 goles.

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