El que no corre, en River no juega y (ahora) en Boca tampoco

Christian Leblebidjian
Gallardo y Russo, en el juego de las diferencias
Gallardo y Russo, en el juego de las diferencias Fuente: AFP - Crédito: JUAN MABROMATA
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3 de febrero de 2020  • 23:59

Marcelo Gallardo tiene ventaja sobre Miguel Angel Russo. El tiempo de trabajo, el convencimiento que logró generar en sus dirigidos por continuidad, sabiduría y campeonatos. El DT de River tiene una delantera aceitada y un funcionamiento colectivo impresionante; el DT de Boca está recién dando sus primeros pasos en su segunda etapa en la Ribera.

Ya se sabe que con Gallardo nadie tiene el puesto asegurado, tenga la experiencia que tenga: cada futbolista debe defender su titularidad día a día, partido a partido. El mejor ejemplo estuvo en los últimos bancos de suplentes, con Pinola, Ponzio, Quintero, Pratto y Scocco. Y no siempre es por un mal desempeño propio, sino porque otro compañero está mejor.

Russo recién está definiendo su estilo, pero da pasos para adelante. Ya se ve lo que pretende para el nuevo Boca: juego vertical, velocidad, sociedades en los metros finales entre los atacantes, y juntar jugadores ofensivos como Villa, Tevez, Salvio y Soldano. La idea está, aunque lo que prueba son los nombres.

Sin embargo, lo que también está claro es que Russo, conocedor del mundo Boca, no piensa permitir que nadie se relaje: quiere que los primeros defensores sean los delanteros, no quiere que nadie se fastidie por un cambio o por no ser titular y, peor, le fastidia ver si alguien baja los brazos en pleno partido, como observó a un par de jugadores ante Independiente. Tampoco le gusta que haya jugadores que pidan el cambio por molestias menores, como sucedió en Córdoba. O que haya quienes se hagan expulsar infantilmente, ya sea por protestar en un amistoso o por cometer una falta evitable y a destiempo por un cotejo oficial.

Eduardo Salvio se fue con bronca cuando fue reemplazado ante Talleres, porque la modificación de Agustín Obando se dio no bien él perdió una pelota en la zona de volantes. Cada decisión cuenta, cada gesto es analizado para que un jugador de Boca se gane o pierda el puesto. Exige y busca concentración.

Con Russo hay decisiones de fondo y, salvo Tevez (que también deberá esforzarse a su manera), ninguno puede volver caminando para defender ni quedarse quieto para atacar. Con Alfaro había una actitud más pasiva en el juego, con falencias notorias a la hora de generar en ataque situaciones de gol y para defender la zona en el retroceso: el Boca 2019 cubría los espacios sin tener en cuenta a los jugadores que podían llegar desde atrás para atacar esos espacios. Era mirar la pelota sin enfocar las marcas.

Russo va al ataque y toma decisiones. Observa, analiza y si alguien mira para abajo, quizás en la próxima pelota lo cambia.

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