El poder del gol: San Lorenzo se recuperó con todo

En el Sur, con una convincente tarea colectiva, el equipo azulgrana goleó por 4 a 0 a Lanús y se repuso de la derrota con Racing
Ariel Ruya
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29 de febrero de 2004  

Los goles son el termómetro del juego. Por ellos, un equipo puede caer muy bajo; por ellos, también, un conjunto puede elevarse hasta el cielo. Los festejos permiten esas exageraciones, porque le dan vida al espectáculo. Cuatro sufrió San Lorenzo hace siete días, en el Bajo Flores, en el clásico frente a Racing, en un extraño desarrollo, en el que el arquero de la Academia fue una de las figuras. Y ayer, con la misma marca, pero en el arco rival, San Lorenzo se recuperó con la fuerza de la red y volvió a estar en carrera. En el Sur, goleó por 4-0 a Lanús, que fue la imagen de la hibridez.

Lejos debería estar San Lorenzo de aquella frustración y de este exitismo. No merecía sentirse el peor de todos ni tampoco debe ahora mirar al resto desde las alturas. Pero algo cambió. El equipo fue, justamente, un equipo. Que contó con individualidades decisivas, como Leandro Romagnoli, como Patricio Ormazábal, como Román Díaz, es cierto. Pero algo cambió, para creer, más allá de los goles.

Patricio Ormazábal, un volante aguerrido, de ida y vuelta, ocupó el lugar de Roberto Cornejo, un pibe habilidoso. No fue un cambio táctico, nada más. Fue otro golpe de timón del técnico Néstor Gorosito, que prefirió dejar de lado -al menos, por un necesario tiempo- el vuelo ofensivo sin sustento por una actitud más precavida, más segura, sin descuidar la ambición de siempre. Y le salió bien. Muy bien.

No le resultó extraño cambiar a Pipo Gorosito, que en el errático comienzo en el Apertura último comenzó con un sistema con tres delanteros -el que más le convence- y luego finalizó con dos. En este certamen, volvió a modificar.

Por el juego de ayer, pareció que Lanús no fue una medida cierta. Fue un conjunto sin conductor -el hábil rengo Díaz no soportó la presión de la inventiva- y el equipo lució partido en dos. Con una única misión: correr y correr, sin un rumbo decidido. Con Salomón y Carboni como estandartes, Lanús actuaba sin jugar.

A los 15 minutos, San Lorenzo ya había convertido un gol, un mérito que le resultó imposible el domingo último ante Racing. Y fue una buena jugada colectiva: Romagnoli la comenzó, Carreño la continuó y Ormazábal (siempre apareció libre con sorpresa) la terminó.

Por la izquierda, Romagnoli creció el sueño azulgrana. Ramón no lo paró nunca, ni siquiera con infracciones. El N°10 de San Lorenzo, con ráfagas, fue el camino que eligió San Lorenzo.

Pero el resto, por momentos, no se mostró en la misma sintonía. El segundo gol debía gritarse por virtudes propias y por falencias ajenas, pero los delanteros titulares se confundían entre ellos. Luna, solo ante Flores, tiró la pelota afuera. Carreño, luego de una buena jugada colectiva, perdió la ocasión con el arco vacío. Y así, otras tantas. Lanús había apostado por el ataque una sola vez, pero Ramírez tiró al córner un cabezazo de Mannara.

Los minutos transcurrieron con más vértigo. Con más ritmo. Porque Lanús atacaba desordenado, confuso, pero atacaba. Y San Lorenzo respondía con la fuerza del contraataque. Paradojas del destino: el sistema que le había criticado Gorosito a Ubaldo Fillol, lo dispuso San Lorenzo en los minutos finales. Y así se gritaron los goles.

Román Díaz, con una corrida fenomenal, Cordone, con un penal y Díaz, otra vez, con una definición potente, elevaron la cuenta a cuatro. San Lorenzo se recuperó con goles. Justo ellos, que lo habían hundido siete días atrás, ayer le dieron otra vez la bienvenida al campeonato.

Brindisi: soy el responsable

"Soy el único responsable de este momento. Jugamos muy mal, tuvimos una tarde muy floja. El segundo gol de San Lorenzo pudo llegar mucho antes", expresó Miguel Brindisi, DT de Lanús, que tuvo su autocrítica luego de la caída ante San Lorenzo por 4 a 0. "¿Si pensé en renunciar? En absoluto", contestó el entrenador, que fue insultado por un grupo de hinchas de Lanús. "Andate, quemero, y volvé con Niembro (por el programa de TV)" , fueron los gritos de los hinchas.

Cuando Brindisi se retiró, un grupo de seis simpatizantes golpeó el ómnibus en el que se trasladó el entrenador, arrojó piedras y fue separado por la policía.

"La gente tiene razón en criticarme. Duele mucho cómo perdimos", sentenció el DT.

Por: Ariel Ruya

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