El sabueso volvió para aprender a llorar

Cristian Grosso
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14 de diciembre de 2009  

Será mejor que no lo hagan enojar mucho porque este sabueso ladra. Y muerde. Cuando entra en el juego dialéctico, puede disparar tanta agresividad que la tensión se apodera del lugar. No cree que deba cuidar las formas, entonces lo puede traicionar ese costado sanguíneo. Desdeña tanto la vagancia como distingue el compromiso. Es capaz de debatir durante... días. Ve fútbol a toda hora. No disfruta del éxito como sí se tortura después de cada derrota, pero ayer se trató de una caída muy especial. Por eso le dio permiso a esas lágrimas que descubrieron un perfil inusual.

Julio César Falcioni no sabía a qué se iba a dedicar cuando en 1992 dejó el fútbol. El hombre que había sido dirigido por Spinetto, Zubeldía, Menotti, Delem, Sívori, Bilardo y Ochoa Uribe, entre otros, por entonces vendía artículos deportivos. Algunos años después se recibió de entrenador y, también, de periodista deportivo. Decía que quería conocer la actividad desde todas las ópticas. Hasta que en 1995 comenzó a trabajar en las inferiores de Atlanta.

En su primer paso por Banfield dejó un sello imborrable. Con Falcioni, el Taladro perforó viejas rachas que parecían embrujadas: le ganó a Racing, en Avellaneda, después de 55 años; venció a Vélez, en Liniers, tras 34 años; derrotó a Colón, en Santa Fe, luego de 29 años; batió a Chacarita, en San Martín, algo que hacía 26 años que no sucedía, y cortó una serie de 10 años sin poder someter a River en el mismísimo estadio Monumental. Y le abrió al conjunto del Sur las puertas del desconocido terreno internacional.

Pero el exitismo le restregaba que el trabajo siempre había sido incompleto. El título seguía ausente. Un eslabón que se sumaba a una morbosa cadena que le recordaba que como arquero de América de Cali había perdido tres finales consecutivas de la Copa Libertadores de América (1985-1986-1987). Que se había quedado en la escalinata del avión que llevó a la selección argentina a disputar el Mundial de Italia 90. Y que le insistía con igual perversidad que sus mejores producciones como DT las había consiguió en clubes chicos, como la histórica 5ta ubicación con Olimpo en el Clausura 2003, porque por Independiente había pasado sin dejar huella.

Falcioni podía refregarle a cualquiera que él es el futbolista argentino que más encuentros ha jugado en la historia de la Libertadores. O señalarles también que pocos –o ninguno– acreditan haberle atajado a Maradona dos penales en un mismo partido. Pero como seguía siendo insuficiente… desde ayer es campeón. Sí, y el segundo ex arquero –detrás de Fernando Bello, con Independiente en 1948– que conduce a un equipo al título. Hizo con el Taladro un viaje desde los miedos del descenso hasta la consagración después de 113 años. Con 15 partidos invicto pulverizó la racha de 14 sin perder que Banfield había hilvanado entre el Clausura y el Apertura de 2005. Volvió para desobedecer aquella máxima de las segundas partes fallidas. Obsesivo, implacable con los errores, a este sabueso de 53 años ya es tiempo de hacerle lugar en el salón de los reconocimientos.

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