El sueño copero, eje del futuro

Con la clasificación de River para los cuartos de final, Pellegrini también dio un paso en su pretensión de renovar el contrato en junio próximo; los movimientos en el plantel
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15 de mayo de 2003  

SAN PABLO (De un enviado especial).– El sueño de River sigue en marcha, en un año en el que se fijó como prioridad la obtención de la Copa Libertadores para achicar el déficit que registra internacionalmente. Ya mejoró su producción del año útlimo, cuando al equipo que dirigía Ramón Díaz lo eliminó Gremio en los octavos de final. Pero si bien el paso dado ante Corinthians es importante, todavía falta mucho. El próximo rival, América de Cali, le trae buenos recuerdos, ya que ante los colombianos conquistó sus dos Libertadores en las finales de 1986 y 1996.

Por lo pronto, sirve para respaldar la gestión de Manuel Pellegrini, que en este semestre se autoimpuso obtener algún título para reponerse de la pobre campaña que cumplió entre junio y diciembre último. El entrenador se juega la continuidad y la posibilidad de la renovación del contrato que vencerá en junio próximo.

También es cierto que varios dirigentes analizaban en los últimos días ofrecerle la extensión del vínculo. Por sus propios méritos, pero también porque el preferido de la conducción, Daniel Passarella, es casi un hecho que continuará dirigiendo en México.

El equipo se mantiene con buenas perspectivas en el torneo Clausura, a una unidad de los punteros, Boca y Vélez, y ganar el certamen local puede ser otro salvoconducto para la permanencia, pero de ninguna manera se la garantiza. Y hay un cotejo trascendental en dos fechas, justamente el superclásico ante Boca, otro elemento de notoria influencia.

  • Mientras tanto, algo que no es nuevo es que la dirigencia se mueve hace tiempo y en el mayor silencio posible para armar el plantel para la próxima temporada. Hubo sueños grandes, como el comentado posible regreso de Marcelo Salas, que Juventus está dispuesto a negociar. Matías Almeyda ya manifestó su intención de volver a jugar únicamente en River en un regreso a la Argentina que no imagina muy lejano. Y hasta Marcelo Gallardo y Juan Pablo Sorin formaron parte de la lista top. Pero, se sabe, las posibilidades económicas de la entidad son mínimas. A menos que lleguen gracias al aporte de algún sponsor, una práctica que en River todavía no tuvo cabida.
  • Ariel Ortega, que abandonó Fenerbahce y está suspendido por la FIFA a raíz de su conflicto con el club turco, espera. Julio Grondona, titular de la AFA y vicepresidente de la FIFA, habría intercedido para que Fenerbahce, por lo menos, le ponga precio al pase del Burrito. Tampoco es un tema fácil.

    Otros nombres, menos rutilantes, pero interesantes para el club, son los defensores Fernando Crosa y Cristian Grabinski, ambos de Newell’s, quienes en junio quedarán libres. Los dos ya fueron contactados y estaría todo arreglado para el desembarco en Núñez. El delantero Luciano Figueroa, de Rosario Central, fue ofrecido. Y el arquero Juan Carlos Olave, de Gimnasia, interesa.

    Además, podría volver Luciano Leguizamón (a préstamo en Unión) y Ariel Franco (en México).

    El arquero Angel Comizzo dejará el club, lo mismo que el defensor Martín Demichelis (vendido a Bayern Munich). Entre los que se puede ir están el arquero José María Buljubasich (vence el préstamo), los defensores Celso Ayala, Máximo Lucas y Martín del Campo, y Andrés D’Alessandro y Fernando Cavenaghi, quienes podrían ser transferidos a clubes grandes de Europa.

    Además, se intentará prorrogar los préstamos de Esteban Fuertes y Darío Husain. Se espera el regreso, tras una operación, de Alejandro Domínguez, y se les dará más lugar a varios jóvenes, como Maximiliano López, Oscar Ahumada, Daniel Ludueña, Javier Mascherano, Andrés Aimar, Osmar Ferreira y Gastón Fernández.

    Clima caliente y con excesos

    SAN PABLO (De un enviado especial).– Entradas agotadas. Unos 70.000 espectadores guiados puramente por la emoción, de los cuales 300 aportó River. El estruendo se hizo sentir por todas partes en la noche de Morumbí, el estadio que eligió Corinthians en lugar del más pequeño Pacaembú. La idea de los brasileños era presionar a River con una de las hinchadas más grandes y organizadas del país. Una de las últimas encuestas lo señala como el club brasileño con más torcedores, por encima de Flamengo.

    Tanto ánimo enfervorizado derivó en excesos, en incidentes. Ya al atardecer, en la puerta del hotel de River, unos 50 hinchas millonarios tuvieron un altercado con simpatizantes de Corinthians que pasaban por el lugar con una bandera. La intervención de la policía puso orden. Durante el partido hubo roces entre los jugadores, resabios de los encontronazos en el Monumental. Un gran tumulto, con el ingreso de suplentes y auxiliares, se produjo con la expulsión de Roger por un puntapié a D’Alessandro, que quedó en el piso y recibió varios pisotones.

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