El sueño de San Lorenzo, envuelto en otra realidad

Pasado mañana definirá el certamen con Flamengo; qué cambió desde el 19 de diciembre, la fecha original
Ariel Ruya
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22 de enero de 2002  

Pasó de todo. En casi 40 días, la Argentina vivió capítulos de transformaciones sociales y económicas y el fútbol quedó en el medio de la crisis. Tras igualar sin tantos en Río de Janeiro, el 12 de diciembre último, la fecha original del desquite era el 19 del mismo mes. Pero la crisis superó al fútbol y la ansiedad debió postergarse. Ahora, la ilusión se trasladó hasta pasado mañana, a las 22, en el Nuevo Gasómetro; San Lorenzo jugará con Flamengo, en el encuentro decisivo de la Copa Mercosur, en busca del primer título internacional. ¿Qué pasó en San Lorenzo en este tiempo? ¿Y en Flamengo? Pasó de todo.

1- El 15 de diciembre último, Alberto Guil se impuso a Fernando Miele en las elecciones de San Lorenzo, pero cuatro días después, en la primera fecha del encuentro decisivo, Miele era aún el presidente. El escenario político cambió: ya asumieron las nuevas autoridades, que están ante un match histórico para el club.

2- El técnico Manuel Pellegrini anunció, un día antes de la primera final, que se alejaría de la entidad, molesto por el incumplimiento económico. Pero Guil reemplazó a Miele y el DT cambió de postura. Determinante: pasado mañana, si las autoridades no cambiaban, Pellegrini ya no hubiera sido el técnico. "Si seguían las anteriores autoridades, ya lo tenía decidido: no continuaba", señaló. Nada menos.

3- Lo que más sufrirá San Lorenzo: se quedó sin el goleador Bernardo Romeo, transferido a Hamburgo, en US$ 5.000.000. El delantero fue determinante en la Mercosur: 10 goles en... 10 partidos. De ellos, ocho convirtió en el Nuevo Gasómetro, el escenario de la gran final. "Me duele en el alma, pero no podré jugar la final. Los dirigentes hicieron lo imposible, pero en Alemania me querían cuanto antes", había comentado el también goleador del exitoso Clausura 2001, con 15 tantos, en 20 partidos.

4- El reemplazante será Alberto Acosta: experiencia por juventud. A los 35 años, el delantero santafecino mantiene la vigencia goleadora. Y, en aquella ocasión, no hubiera podido actuar, víctima de una distensión en el muslo derecho. "Volví para alcanzar los 100 goles en el fútbol argentino y lo logré. Mi otra meta es ganar un título y la Mercosur sería el broche ideal para mi carrera. Todos saben las ganas que tenía de jugar este partido", explicó. Ahora, sí: a la cancha.

5- Tampoco hubiera jugado Raúl Estévez, que se recuperaba de la operación de la rotura de los meniscos internos de la rodilla derecha. Antes, no. Ahora, sí. Pellegrini ensaya, cambia, modifica; aún no definió al equipo. Pero basta el cambio de escenario, si se piensa en las asistencias de Leandro Romagnoli. Aquel 19, la pareja ofensiva era Franco-Romeo. Pasado mañana, la fórmula sería Estévez-Acosta. Franco conservaría una posibilidad, pero el esquema táctico se modifica bastante. Y el rendimiento, también. Por aquellos días, San Lorenzo era un relojito. No tan ofensivo como en el Clausura 2001: más práctico, algo conservador. Y tuvo un arranque de 2002 algo desteñido: en el único partido en el que actuaron los titulares, el martes último, ante River, cayeron 2 a 1. Y jugaron muy mal.

6- No hubiera sufrido la lucha interna, una más, entre el plantel y los dirigentes por el color del dinero. El jueves último, el equipo azulgrana regresó de Mendoza a Buenos Aires, ante la ausencia de dirigentes y la falta de respuestas frente a los reclamos económicos. Otra crisis a sólo 7 días de la gran final. "Esto repercute en el juego, al menos, eso me pasa a mí", comentó el capitán Horacio Ameli, líder de los reclamos. No es que aquel 19 no había conflictos, no, todo lo contrario. Pero el grupo estaba compenetrado en el match, sólo en el juego. Ahora intentarán hacerles una tregua a las negociaciones hasta el viernes próximo. ¿Lo logrará?

7- La crisis apremia. Embargos, pedidos de quiebra y juicios afronta la entidad. Si sale campeón, logrará US$ 3.000.000; si pierde, sólo 1.000.000, cedidos por la organización del certamen. Una parte irá para el plantel, la otra para el club, mientras aún se definen los porcentajes. ¿Y la recaudación? "Los 750.000 dólares que se recaudaron en los días previos a la primera fecha, en diciembre, no se sabe dónde están. Lo único que comprobamos es que un 25% fue para pagar deudas con los empleados pero, ¿dónde está el resto", se preguntó un dirigente. Hasta ayer, en lo que quedaba por vender, se recaudaron apenas 20.000 pesos. Y abrir el estadio, con el pago de la policía y los impuestos que se lleva la AFA, alcanzará los 90.000 pesos. Entonces, en vez de recaudar casi 800.000, el club volverá a perder dinero. Y todo en 34 días...

Hoy y mañana, de 10 a 20, en la Ciudad Deportiva, seguirá la venta de entradas: quedan 400 populares (18 pesos para los invitados), 1200 plateas Sur y 250 de la platea Norte Baja. Un consuelo.

8- Flamengo tiene un verdadero rompecabezas. "No están dadas las condiciones mínimas de seguridad para llevar a cabo el partido en Buenos Aires. Lo ideal hubiera sido que se jugara en Asunción. O en Montevideo", señaló, días atrás, el técnico Carlos Alberto Torres. Luego prefirió hablar de las posibilidades del equipo. "Conservamos la fe intacta. Este equipo puede dar la sorpresa", dijo. Pero ayer discutió acaloradamente con el equipo que cayó el domingo último con Palmeiras 3 a 2, en la primera fecha del torneo Río-San Pablo. ¿Quiénes hicieron los goles? Leonardo y Juninho Paulistas, las flamantes incorporaciones que no podrán jugar ante San Lorenzo porque... no están inscriptos en la lista de buena fe de la CSF.

9- "El Flamengo cometió errores inadmisibles contra Palmeiras", acusó el DT brasileño. Tiene un verdadero rompecabezas por tres bajas fundamentales: Edilson fue a Cruzeiro, Reinaldo a San Pablo y Beto, a Panathinaikos. Eso sí: contará con Petkovic, el estratega, que aquel 19 no estaba en óptimas condiciones físicas.

10- El hambre de gloria es similar. Antes y ahora, San Lorenzo va por el sueño internacional. Eso sí que no cambió...

Por: Ariel Ruya
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