El título que emergió de la crisis

La quiebra, la casi desaparición, el gerenciamiento... La Academia vivió todo en tres años agitados
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28 de diciembre de 2001  

Sólo Racing, pionero de mil epopeyas, podía escribir una historia semejante en tan poco tiempo. La parábola que dibujó en su vida institucional en los últimos años es digna de ocupar un lugar especial en la galería de las mayores paradojas. De la postración a la euforia, del abismo inminente a un estado de “prosperidad proyectada...” Todo con la velocidad de un rayo.

Los 1262 días que hasta ayer transcurrieron desde el 14 de julio de 1998, aquel en que el club entró en quiebra, fueron suficientes para hacerles sentir a sus hinchas todo el abanico de emociones. No se puede explicar el porqué de lo que la Academia vive hoy sin repasar las peripecias de estos últimos años.

La decadencia económica del club germinó entre los propios fastos de la última consagración, allá por 1967. Ese momento de gloria marcó, también, el comienzo del deterioro para el que confluyeron muchos factores; más que nada, los tremendos desencuentros políticos y el desquicio dirigencial. Pero rememorar la cantidad de desaguisados que se sumaron durante décadas sería una tarea interminable y reiterativa.

Conviene fijar un punto de partida en la situación de la entidad hacia fines de 1997. Algunos meses de total confusión política –el presidente por entonces era Osvaldo Otero– desembocaron angustiosamente en las elecciones de fin de ese año, en las que se impuso Daniel Lalín. Controvertido como pocos, el flamante presidente comenzó rápidamente a dar señales de lo que vendría.

El desastre financiero del club habilitaba los peores presagios. Y con toda soltura, Lalín pasó a los hechos: pidió la quiebra del club ante el juez platense Enrique Gorostegui, a cargo de la convocatoria de acreedores desde las épocas de Juan De Stefano. Los hechos, a partir de entonces, se sucedieron con vértigo.

Eran las épocas en las que nombres del mundo legal comenzaron a pesar en la vida de Racing por sobre los de los propios futbolistas. El momento más terrible llegó el 4 de marzo del 99, cuando la Justicia decidió liquidar el club. “Racing Club ha dejado de existir como asociación civil”, dijo la síndico Liliana Ripoll en aquella mañana, la más aciaga en la vida del club como tal. La interpretación de la funcionaria chocó, cinco días después, con lo inesperado: una marcha atrás del propio tribunal que pidió la clausura. No se dijo lo que se dijo, fue, en otras palabras, el nuevo mensaje. Y Racing sobrevivió.

Como disparador de semejante giro, hechos imposibles de soslayar. Como la multitudinaria y apasionada movilización de hinchas en una cancha en la que no hubo fútbol, para reclamar una solución, o los movimientos del más encumbrado poder político para interceder por el club.

La vida de Racing se estiró con cualquier argumento, a contramano, más de una vez, de lo que las estrictas normas jurídicas hubiesen dispuesto. Llegó la designación de un interventor –Héctor García Cuerva, nombrado por el gobernador bonaerense Carlos Ruckauf en otra movida del poder para ayudar a la Academia– y desde entonces comenzó a buscarse la solución en un camino que el fútbol grande no conocía: el gerenciamiento. Entre enconos políticos que impedían un consenso –cómo podía ser de otra manera en Racing–, con titubeos y mucha incertidumbre, se navegó hacia ese horizonte incierto.

Entró en escena el nombre de Fernando Marín, un empresario de 61 años proveniente del ámbito de la publicidad y el espectáculo. Y, sobre el filo del siglo, entró en la vida de la Academia gracias a la resolución que le concedió el gerenciamiento.

“No soy el dueño de Racing. El club es de los socios. Tampoco soy el salvador. Soy un profesional rodeado de un grupo de profesionales. Somos una empresa seria”, dijo a fines de 2000.

Accedió a tomar el timón del club con la dura responsabilidad de saldar el cuantioso pasivo –unos 60 millones de dólares entre créditos corroborados y en verificación– y de invertir fuerte en el fútbol de Racing. Confió en Reinaldo Merlo para orientar el desvelo futbolístico de su legión de hinchas. Ayer se le cumplió con rapidez su mayor deseo.

Si desde aquí se abre una nueva etapa para una de las divisas más poderosas y entrañables de nuestro fútbol es algo que dependerá de muchas cosas. La sangre racinguista, ese estímulo vital imprescindible para que el barco rectifique definitivamente su rumbo, vuelve a bombearse con fuerza.

Cronología

14/7/98

Ante un pedido previo del por entonces presidente Daniel Lalín, el juez Enrique Gorostegui dicta la quiebra de Racing por insuficiencia patrimonial y designa como síndico a Liliana Ripoll.

4/3/99

La Cámara de Apelaciones bonaerense determina que los plazos de la quiebra se agotaron y ordena la liquidación del club. El equipo se ve impedido de participar en el torneo Clausura, que arrancaba un día después.

7/3/99

Pese a que el equipo no juega, una multitud de hinchas de Racing acude al estadio para demostrar su devoción hacia la Academia y para reclamar por una solución para la crisis.

9/3/99

En un giro imprevisto, la Cámara sostiene que no había ordenado el cierre de Racing. El equipo puede participar en el torneo de la AFA.

8/5/99

Renuncia el presidente Lalín.

12/8/99

El intento de subasta del anexo de Villa del Parque desemboca en graves incidentes. La liquidación de esa sede se posterga.

25/4/00

Héctor García Cuerva asume como interventor del club.

13/11/00

Renuncia la síndico Ripoll.

22/11/00

El triunvirato fiduciario (integrado por el contador Eduardo Gilberto, el abogado Carlos Ves Lozada y Néstor Bugallo) asume sus funciones, según lo establecido por la nueva ley.

29/12/00

El juez Gorostegui acepta la propuesta presentada por el grupo Blanquiceleste SA, presidido por Fernando Marín. Racing se convierte en el primer club de primera división en ceder su actividad futbolística a un gerenciamiento.

9/10/01

Fernando Marín firma el contrato de gerenciamiento definitivo, por el que Blanquiceleste toma la explotación del fútbol de Racing por un plazo inicial de 10 años.

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