"En el torneo argentino hay poca técnica"

Simeone ve las mayores falencias en la capacidad interpretativa y en la inestabilidad emocional del futbolista; también le apunta al entorno: "Uno puede entender el folklore y las cargadas, pero hay una agresividad que excede toda lógica"
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28 de diciembre de 2009  

Es muy difícil sostenerse imperturbable frente a insultos continuos, continuos, continuos... De chicos de 10 años, chicos de 8 años, chicas, señoras... ¿Por qué? ¿Explicame por qué yo tengo que aceptar esa agresividad permanente?" Simeone está tocado. La conducta del público en las canchas íntimamente le duele, pero especialmente lo alarma ese reflejo social invasivo y malicioso.    

-¿Llevaste el tema al psicólogo?

-Sí, sí, siempre.

-¿Y te sirvió?

-Sí. Tratás de desahogarte un poco. Es más, también lo analizo así: ¿por qué yo tengo que estar en un lugar donde se vive de esta manera? La pasión tiene un límite.

-¿Estás anticipando que pensás irte pronto? El día que tu carrera siga en el exterior, ¿una de las razones habrá sido este escenario que describís?

-Sí. Me acuerdo del primer partido del torneo pasado con Atlético Tucumán; estábamos ganando 2 a 1, pero los tucumanos nos estaban cag... a pelotazos ; intuía que si nos empataban, para la gente, el único responsable iba a ser yo. Con el 2 a 2 yo era el centro absoluto de la condena, pero el gol de Pinto para el 3 a 1 me liberó de todo. ¿Cómo puede ser que un gol cambie tanto la percepción de la gente? Otra: el partido con Huracán; llegué al banco y atrás del alambrado había tres ridículos insultándome... hasta uno me gritó: «¡Te ponés traje para venir a la cancha, hijo de p...!». Esto ya es cualquier cosa.

-¿Creías que tu imagen de símbolo de la selección te iba a dar algo de protección?

-Me llama la atención la agresividad de la gente, y no pasa ya por haber sido un referente de la selección o no... Siento que hay momentos en los que a la gente ya no le importa nada. Me acuerdo el caso del Turco Mohamed, cuando llegaron a gritarle cosas referidas a la muerte del hijo. Entonces... si llegamos a esos extremos es porque la gente está metida en una vida cotidiana tan agresiva que hasta ya parecería que está bien que vaya a la cancha a descargar todo eso.

-¿Y en la calle cómo te tratan?

-Si los mismos que te insultan en la cancha después tuvieran el valor de insultarte afuera, sería buenísimo, pero no; son los mismos que te vienen a pedir un autógrafo. Pero bueno, es parte de la sociedad, y no quiero que esto suene a consuelo, al contrario, me entristece mucho. Uno puede entender el folklore y las cargadas, pero hay una agresividad que excede toda lógica.

-¿Te gusta el nivel del torneo argentino?

-El campeonato argentino es difícil, duro, muy competitivo y, sobre todo, la técnica ya no es la misma. Hay poca técnica. Vos mirás un partido argentino..., ¿por qué hay tantos toques, por qué hay tantos golpes, por qué se corre tanto, por qué se conduce tanto? ¡Porque se juega mal! Nos cansamos de decir: «¡Q ué bien que gambetea ése!», y cuando gambetea tres sigue en el mismo lugar. O está aquel que controla la pelota, choca contra el otro, traba, la gana, y después hace un pase; otro tipo de jugador seguro que la controla con un toque y corta tres rivales en sociedad con otros tres compañeros y hay movilidad. Y hay interpretación de más jugadas, no sólo de la que vos estás haciendo.

-Estás hablando de un recorte de calidad individual y de capacidad interpretativa.

-Totalmente, ahí está el tema. La capacidad interpretativa escasea. Y después hay otro punto vital: la motivación. La inestabilidad emocional es enorme en los jugadores argentinos. En un partido, son leones, y al otro domingo, no son los mismos... Un domingo, decís: «¡M irá cómo están éstos!», y al otro domingo, parecen otros.

-¿Aceptás los psicólogos en el fútbol, entonces?

-Sí, pero no en los cuerpos técnicos, sino en la estructura de los clubes. Un especialista que interactúe con las demás ramas de la institución. Como hay un podólogo y el que tiene algún problema en los pies se va a tratar. Acá lo mismo: el psicólogo debe estar en el club y el que desea hablar con él, hablará. Los chicos hoy llegan al club con muchos problemas.

-¿Más que en tus días de jugador?

-¡Uf!, desde ya. Porque la sociedad es la que se quebró.

-¿Y los clubes grandes por qué perdieron su lugar de privilegio?

-Tiene que ver con esto, con la histeria, con la exigencia de los hinchas, con la presión que tiene el dirigente. Pero nada es casualidad. Newell´s y Banfield hace tiempo que se vienen preparando bien, Lanús lo mismo... Pero si le llega a pasar a un equipo grande lo que le pasó a Lanús en la Libertadores el golpe es distinto, porque Lanús sale así chiquitito y lo de Boca o River es un escándalo, un fracaso. Mirá, el otro día pensaba... este pibe Fernández, el Moncho Fernández... jugó tres partido en Gimnasia, perdió los tres y lo limpiaron . Yo en Racing, los primeros tres partidos míos, perdimos 2-0 con Independiente, 2-0 con Olimpo y 3-0 contra Boca... ahí tenés, ¿qué sabés lo que yo podía hacer si me echaban en ese momento?

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