En off... side: una bomba de tiempo llamada Cappa

Valarco explica por qué la presencia del ex técnico en la platea de Huracán le juega en contra a la comisión directiva encabezada por Babington
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7 de diciembre de 2009  • 10:19

Twitter: @gordovalarco

En Huracán soplaron vientos de cambio. Se fue Cappa y llegó Rivoira. Hoy, soplan vientos de fastidio. Tras la derrota frente a Banfield, la gente explotó. No termina de digerir la ida del técnico del tiki-tiki y mucho menos se banca, por más que sea hincha del club, que hayan traído un entrenador que se ubica en las antípodas de Angelito.

Si bien Huracán no está en condiciones de hacer locuras, lo que les conté hace tiempo atrás respecto a la llegada de Brindisi, que estaba cerrada para cuando se fuera Angel, no se dio por la misma razón por la que no llegó Diego Cocca: falta de avales para respaldar el contrato que se iba a firmar. Optaron por el Chulo, que prioriza el orden defensivo para luego ver que se hace en ataque. La gente se enojó con la comisión directiva y los dirigentes no se bancaron que Cappa se haya mostrado, por más que ahora sea socio del club, muy sonriente en la platea, charlando, firmando autógrafos y sacándose fotos con los simpatizantes quemeros.

Con el resultado consumado, Babington y compañia se bancaron la violencia verbal de todo el estadio, pero cuando les rompieron un vidrio en el palco oficial, en un acto de protesta popular repudiable, reaccionaron. "¿Qué tenía que hacer Cappa en la platea. No se da cuenta que si no ganamos esto se convierte en un polvorín?", se preguntó un colaborador cercano a Babington. Se molestaron, cuando en una entrevista televisiva, Cappa trató de visionario a Matías Defederico, por haberse ido a Corinthians. Al presidente de Huracán, que se peleó mediáticamente con el pibe, antes de que viaje a Brasil, se le quemaron los papeles. Se sintió traicionado y se lo hizo saber a sus compañeros de comisión directiva.

Se viene Boca en el Ducó, y de no ganar, pasará lo mismo que ocurría cuando la selección no gustaba; aparecía el grito de guerra de la gente: "Maradooo.....Maradooo". Babington y su gente saben que el grito pesado será pidiendo por Cappa, que agradecerá saludando desde la platea. Lejos de sentirse honrados por tenerlo en el estadio y ponerse contentos, saben que están en presencia de una bomba a punto de detonar, partido tras partido. Los hinchas aman a Cappa. Los directivos, no tanto.

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