En River no ven una crisis, pero sí hay preocupación por una incómoda realidad

Gallardo preocupado con el presente de River
Gallardo preocupado con el presente de River Fuente: Archivo
Gustavo Yarroch
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29 de enero de 2018  • 22:47

River observa las posiciones de la Superliga y se ve debajo de la mitad de la tabla. River proyecta el primer semestre del año y sabe que en el campeonato local ya quedó afuera de la lucha por el título pese a que quedan catorce fechas para el final: Boca le sacó nada menos que 18 puntos. River perdió seis de los últimos siete partidos, y ganó apenas uno de los últimos diez en la Superliga. River sabe que sus números dan cuenta de una campaña impropia de un plantel de su jerarquía, casi inadmisible desde la lógica más allá de que –se sabe– el fútbol muchas veces no la tiene. River además es consciente de que hoy se está quedando afuera de la Copa Libertadores 2019, a la que clasificarán los cinco primeros del torneo local, más allá de que existen otros atajos para conseguir un boleto, como ganar la edición 2018 del máximo certamen continental u obtener la Copa Argentina, de la que es el bicampeón vigente.

En cualquier otra circunstancia, el escenario daría para hablar de una crisis incipiente. No es el caso. River apenas perdió su primer partido oficial del año luego de haberle ganado a Boca el único superclásico del verano, un encuentro que suele dejar cicatrices pese a su condición de amistoso. Su anterior juego oficial le había dado el séptimo título de la era Gallardo : la Copa Argentina al vencer a Atlético Tucumán 2-1, el 9 de diciembre en Mendoza. Y en noviembre venía de quedarse afuera de la última final de la Libertadores de una manera increíble, al perder 4 a 2 ante Lanús tras ir ganando 3-0 el global de la serie. Eso, en retrospectiva. Y el horizonte indica que sus prioridades en el semestre son otras: ganarle a Boca la final de la Supercopa Argentina, el 14 de marzo en Córdoba, y obtener la clasificación a los octavos de final de la Libertadores, en cuyo marco debutará el 28 de febrero ante Flamengo, en Río de Janeiro, a puertas cerradas por la sanción de dos fechas que la Conmebol le aplicó al club brasileño por los disturbios de sus hinchas en la final de la Copa Sudamericana ante Independiente.

Superliga: Boca no afloja y River no levanta cabeza

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La incomodidad que hoy vive River tiene más que ver con errores y limitaciones recientes que con su caída en la cancha de Huracán, donde acumuló méritos para llevarse un punto pese a que no jugó bien. El lastre que arrastraba del año pasado en la Superliga le da forma a una campaña preocupante: seis traspiés, cuatro victorias y tres empates, con 16 goles a favor y 19 en contra. River no se veía tan abajo en el campeonato local desde el torneo Apertura 2008, recordado porque quedó en la última posición con Diego Simeone como técnico. A esta altura, el entonces equipo del Cholo sumaba apenas nueve puntos, producto de seis caídas, seis empates y un triunfo. Terminó con catorce puntos aquel torneo que se jugó a 19 fechas y en el que el actual técnico del Atlético de Madrid renunció faltando cinco jornadas: Gabriel Rodríguez dirigió cuatro y Néstor Gorosito, la última.

Ahora bien, ¿cómo lo viven Gallardo, el plantel y la dirigencia? Por ahora, con preocupación pero sin dramatizar. Al igual que para los hinchas, el nombre del Muñeco es palabra santa para la mayoría de los dirigentes. Desde su llegada a River a mediados de 2014, hasta ahora nunca se escuchó una crítica dirigencial para él, al menos públicamente. Sin embargo, un dirigente de segunda línea se permite cuestionarlo pidiendo reserva de su nombre. “Gallardo nos dio todo, pero está claro que tiene un problema con el campeonato local. Hasta ahora no pudo ganar ninguno y el equipo no es el mismo que cuando tiene que jugar un partido importante de Copa o una final. No sé por qué, pero en el campeonato local el nivel del equipo baja. Eso es innegable”, afirma vía Whatsapp. En efecto, uno de las cuentas pendientes de Gallardo es conseguir un campeonato local: ganó cinco títulos internacionales y dos Copa Argentina, pero ningún título de Liga.

El dolor es porque perdimos un partido en el que no deberíamos haber dejado puntos. Perdimos injustamente un partido increíble
Marcelo Gallardo

La del domingo ante Huracán es una caída que a Gallardo le cuesta digerir. “El dolor es porque perdimos un partido en el que no deberíamos haber dejado puntos. Perdimos injustamente un partido increíble”, asegura el Muñeco. Y sabe que su equipo necesitará darle forma a una racha de varias victorias consecutivas para acercarse a la zona de clasificación para la Libertadores 2019. “No tenemos que perder más puntos. Ahora hay que prepararse para lo que viene”, agrega, ya pensando en el partido del próximo sábado ante Olimpo, en el Monumental. Justamente por el mal estado del campo de juego de Núñez volvió a enojarse el DT (ver aparte), otro motivo de preocupación.

Los futbolistas no se expresaron públicamente luego de la caída en Parque Patricios: el único que habló fue Gallardo. Pero el traspié pegó duro, según lo que pudo semblantear La Nación. “Después de la pretemporada, que fue muy buena, y del triunfo contra Boca, pensábamos empezar a descontar puntos con los de arriba rápidamente, pero nos terminamos alejando”, comentó un jugador que fue titular en la cancha de Huracán. El golpe fue grande, al punto de que no les dejó espacio para celebrar la vuelta después de ocho meses de Rodrigo Mora, recuperado en tiempo récord de una operación en la cadera.

Además, el debut de Lucas Pratto, la contratación más fulgurante del mercado de pases junto a la de Tevez en Boca, pasó desapercibido porque entró muy poco en juego. Y encima se confirmó que Ariel Rojas sufrió un desgarro en el gemelo derecho durante los movimientos precompetitivos en Huracán, lo que demandará al menos quince días de recuperación. El sábado, ante Olimpo, River saldrá a jugar con una presión extraña: la de ganar no para pelear el campeonato, sino para descomprimir una campaña de equipo modesto aunque la realidad marque que gastó más de 20.000.000 de dólares en refuerzos.

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