"Es el partido más importante para Islandia"

Heimir Haillgrimsson, entrenador del primer adversario argentino en el Mundial
Heimir Haillgrimsson, entrenador del primer adversario argentino en el Mundial Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Tomás Bence
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15 de junio de 2018  • 21:58

MOSCÚ.– "Soy dentista. Ahora no estoy trabajando, pero es lo que soy. Nunca dejaré de ser dentista", entre risas, el entrenador de Islandia no oculta su verdadera profesión. Inclusive cuando está a un paso del momento más importante de su carrera como técnico: jugar el primer partido en la historia de los Mundiales para Islandia. Heimir Hallgrimsson es una de las piezas fundamentales del equipo vikingo. No es la única, pero fueron varios engranajes que, en conjunto, hicieron un sistema que funciona a la perfección.

Nada le hace cambiar su impronta. Es un hombre cordial, amable. Con una gran sonrisa en su rostro que, públicamente, no cambia. Puede elegir ser más serio, pero tarde o temprano volverá a caer en el humor. Es una de sus armas. Pero cuando le toca estar dentro del campo de juego, cambia. Grita en los entrenamientos. Para la práctica para dar indicaciones. Es uno de los primeros en llegar y de los últimos en irse. No quiere dejar ningún detalle librado al azar.

Para Hallgrimsson, la presencia de Islandia en un Mundial no es mera casualidad. Vivió desde adentro este proceso. Llegó a la selección como asistente técnico de Lars Lagerbäck, en 2011. Asumió como entrenador del equipo en 2013. En todo ese tiempo, el equipo vikingo subió más de 100 lugares en el ranking de la FIFA. "Hemos sido un equipo muy estable los últimos cuatro años. Estamos en el puesto 20 en la clasificación de la FIFA, ganamos nuestro grupo clasificatorio para el Mundial, nos merecemos estar aquí", explicó. No fue magia.

Hallgrimsson empezó dirigiendo un equipo femenino. Lo hizo mientras estudiaba en la facultad. Se recibió de dentista mientras su carrera como técnico iba en ascenso. Dice que, una vez que "todo lo del fútbol termine", regresará a su consultorio.

Con "trabajo", como él lo define, logró Islandia vivir este presente. Disfruta a cada paso y sonríe. Como ayer, cuando enfrentó a cientos de periodistas en la ya habitual conferencia de prensa en Moscú previa a cada partido. Nada que ver a lo que vivió el equipo los días previos en Gelendzhik.

Su calidez sólo se modifica cuando alguien le sugiere el hecho de que de Islandia llegó hasta aquí "de milagro". Eso le pone los pelos de punta. "Trabajamos mucho para estar acá, no es un milagro. Es el resultado del buen trabajo de la asociación, del cuerpo técnico, pero especialmente de los jugadores. Ellos, más que nadie, conocen sus fortalezas y debilidades", aseguró.

El ascenso de Islandia fue meteórico. El mundo lo adoptó luego de la última Eurocopa. Por lo que hicieron tanto dentro como fuera de la cancha, despertaron la simpatía de propios (esperan que al Mundial viajen entre siete y diez mil hinchas) y ajenos. Ellos mismos consideran que serán uno de los "favoritos" por el público para este Mundial, más allá de las grandes potencias. Y esperan acompañarlo desde la cancha. "A la gente le gusta el hecho de que una nación escasamente poblada como la nuestra esté en la Copa del Mundo", destacó a la nacion el técnico, quien bromeó sobre la historia de su país. "No atacamos a nadie, jamás tuvimos una guerra. Por eso no pueden evitar amarnos".

El de hoy será el primer partido de Islandia en un Mundial. Por eso lo viven como una fiesta. "Es el partido más importante en la historia del fútbol islandés. Lo sabemos. Por eso nos preparamos para ello", sostuvo. Entiende la diferencia entre los dos equipos, pero siempre confía. "Sabemos que tenemos, inclusive si tenemos un partido perfecto, podemos perder. Igual vamos a jugar con el alma".

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