Es para sacarse el sombrero...

Andrés Prestileo
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26 de junio de 2002  

SEUL, Corea del Sur.- "El fútbol es un juego que se practica con 11 jugadores por cada lado y en el que siempre gana Alemania", dice una frase que hace tiempo patentó Jorge Valdano. Es exagerado, claro, pero la exageración es un elemento propio de las definiciones que encierran algo de verdad. Si no se cree, este equipo alemán está aquí para aportarle razón al dicho. Es que si hay que buscar argumentos para su paso hacia otra final, más que en el rendimiento de este equipo habría que reparar en los dictados de la historia, en el llamado de una camiseta que exige siempre estar en las grandes definiciones.

Que es una potencia en serio no caben dudas. Apuntemos: el equipo llegaba con un clima adverso; su participación en la última Eurocopa fue para el olvido; la clasificación llegó después de sufrir como pocas veces -con un indigerible 1-5 ante Inglaterra, en Munich-; el plantel no tiene estrellas... Y ahí está Alemania, en su séptima final en quince participaciones. A la caza de un cuarto título que lo dejaría en la misma línea que Brasil, acaso su rival en el partido decisivo de Yokohama.

Una visión superficial sólo dejará una imagen rústica de un equipo al que sus propios recursos -y limitaciones- le tienen vedado el brillo. Desde Franz Beckenbauer hasta los propios periodistas alemanes, pasando incluso por alguna referencia del propio DT Rudi Všller a la suerte que tuvo el equipo, hasta aquí se oyeron más cuestionamientos que aplausos en el Mundial.

Pero ¿cuántos más pudieron hacer lo que sí hizo Alemania en una circunstancia tan compleja como la que implicaba jugar en este momento ante los coreanos? Había que tener frialdad para volver inocuo un ambiente infernal, para hacerse fuerte en medio de una atmósfera totalmente ajena. A Kahn y compañía jamás les interesó salirse más allá de los planes: lo suyo era, nada más y nada menos, hacer un trabajo especializado con alta eficiencia. Y funcionaron como esos trenes que no son de lujo, pero cumplen los horarios a la perfección.

Hicieron un trabajo profesional. Se olvidaron de las especulaciones y las suspicacias que durante todo este último tiempo se tejieron alrededor de lo que podía hacer el árbitro. Se abstrajeron de todo, menos de su objetivo. Después de todo, Alemania no es Brasil como para pedirle jogo bonito . Sí, por supuesto, se le puede recriminar algo más de protagonismo.

¿Por qué no lo hizo la selección local? Si se piensa en Corea como lo que siempre significó en la mesa del fútbol internacional, se dirá que no, pero cada cosa hay que medirla en sus circunstancias, y esta Corea, más allá de favores de árbitros, eliminó a Italia siendo superior, por ejemplo. Y había dado cuenta de Portugal; al partido con España, mejor dejarlo de lado...

En su contexto, lo de los alemanes es para sacarse el sombrero. Si les alcanzará o no para darse el gran gusto el domingo es otra cuestión, pero más vale no acotarles las perspectivas.

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