Es sólo amor por la pelota

Por Maximiliano Boso
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14 de diciembre de 2001  

“Tolo, busco mis cosas y viajo a México.” La frase es de mayo último y el Tolo no es otro que Américo Gallego, técnico de River en ese momento. El conjunto millonario acababa de golear a Almagro y, horas más tarde, debía tomar un vuelo rumbo a México para definir, ante Cruz Azul, el pase a las semifinales de la Copa Libertadores.

No estaba previsto que Ariel Ortega viajara, pero, con esta frase a puro corazón, el Burrito dejaba en claro que, por más que su maltrecho tobillo izquierdo pedía a gritos un descanso, su amor propio permanecía intacto y más fuerte que nunca.

“Voy a México. Ni loco me quedaba afuera”, le confirmó a la prensa unos minutos después. Más rápido que cuando tira esas gambetas de ensueño, se subió al auto de un amigo y, en tiempo récord, se instaló para cenar en la concentración.

Ortega viajó porque el partido era decisivo, está claro. Pero detrás de eso hay algo tan sencillo como el Burrito mismo: su amor incondicional por el fútbol. La pelota es su vida, su compañera, su amiga. Inseparable.

Sin darse cuenta, Ariel desnuda su corazón cuando cuenta lo mal que se sentía en Parma y que lo único que quería hacer era... volver a jugar a la pelota en su Jujuy natal.

Ariel es como es, aun en las cuestiones que puedan generar polémica, como, en determinados casos, su conducta. Aquí también se sincera, de alguna manera, cuando dice: “Yo no soy de dar consejos... lo que pasa es que también me gusta hinchar un poco.”

El Burrito vive sin dramas y trata de convivir con el error, como aquella expulsión ante Holanda por el cabezazo al arquero Van der Saar. No le importa que las hinchadas contrarias le griten fracasado por su frustrado paso europeo. El quiere jugar a la pelota. En donde sea. Quiere hacer un enganche, y otro, y otro; desairar a un rival cualquiera, tirar un caño, frenar, arrancar, definir de lujo y estallar en un salto con grito de gol de cara a su gente. No le importa el éxito mediático. Después de diez años de recorrer canchas en todo el mundo, él sólo quiere ser feliz junto a la redonda. Ese es su mejor triunfo.

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